
¿QUIÉN ME DICE QUE ESTA HISTORIA ES VERDADERA?
Una mujer lucha contra los ejércitos, contra el tiempo y las instituciones. ¿Debe una persona que ha sido violada parir el hijo de su violador?

Una mujer lucha contra los ejércitos, contra el tiempo y las instituciones. ¿Debe una persona que ha sido violada parir el hijo de su violador?
Desplazamiento, narcotráfico y mestizaje: aristas de una misma ciudad.
Mirada a un pasado latente. Hoy Cali muestra las marcas de décadas de migraciones masivas y asentamientos, de tiempos conflictivos con dinero líquido ilegal, y de una cultura que, a fuerza de cambios, se empieza a resquebrajar, a fundir su forma tradicional de imaginarse.

Las palmas y los árboles de la Calle Quinta se agitan con la brisa típica de las seis de la tarde. Tras el ventanal de un bus del MIO, se observa una pequeña parte de la ciudad inquieta que jadea tras el trajín de la hora pico. La noche cae sobre Cali, una ciudad que no duerme y arde. Sobre esa calle quinta de árboles y palmas, en uno de los barrios más antiguos de la ciudad, se levanta imponente el Hospital Universitario del Valle.

Es domingo por la tarde, las cuatro, en la gallera La Vega, sobre la vía Santander de Quilichao-Mondomo. Un gallo tuerto descansa sobre las rodillas de El Paisa, su dueño. La vieja ave, de corte asiático Sid Taylor, recibe caricias en su brillante plumaje, prieto por todos lados. Sólo se exalta cuando las robustas manos del hombre la llevan hasta el ruedo. Una mujer grita: ¡La pelea va a comenzar!