El día que Arturo Sepúlveda fue asesinado, la vida de sus siete hermanos se empañó de un luto que, 23 años después, siguen cargando.

La prisión atrapa al individuo errante y olvida sus derechos fundamentales bajo la severidad de la ley. No repara en descomponerle al saber que el poder le asiste.

Tal vez algún día cantarán en un gran escenario y serán ovacionados por el público. Por lo pronto, al terminar la grabación volverán a cantar en los buses para sobrevivir.

A las peladas las amenazaban que si no accedían a subir bajaban a matarlas o les mataban algún familiar.