Varios sectores del municipio de Trujillo (Valle), quisieran hacer de cuenta que la Masacre de Trujillo ya pasó, que es un conjunto de eventos trágicos sucedidos hace más de 30 años y que debe ser, si no olvidado, al menos sí recordado en su mínima expresión, para así dar paso a narrativas de un presente que valora la pujanza de la región y de su lugar protagónico como parte del Paisaje Cultural Cafetero del Valle del Cauca. No obstante, la memoria de esta masacre sigue vigente, no solamente por lo que ha significado para el municipio y los familiares de las personas desaparecidas y asesinadas, sino para un país que sigue atravesando ciclos interminables de violencia y, a su vez, procesos de resiliencia, de dignificación de sus víctimas y de búsqueda incansable de justicia y reparación.
Aunque han sido varias las organizaciones de familiares de víctimas que han surgido a lo largo de al menos tres décadas, la Asociación de Víctimas de Familiares de Trujillo, AFAVIT, es la que ha perdurado a lo largo de continuos 35 años y la que ha izado la bandera de mantener vigente la memoria colectiva a partir de la construcción, mantenimiento y apertura permanente a visitantes del Parque Monumento a la Memoria.
Este informe especial (Dossier) de Ciudad Vaga es el resultado de una visita que con estudiantes de la Línea de Profundización en Periodismo de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Valle hicimos al Parque Monumento, en el que tuvimos la oportunidad de conversar con algunas de las personas que lideran cotidianamente este proceso. También cuenta con el Trabajo de Grado Trujillo, cultivando memoria de Luisa Herrera, egresada de la sede Buga.
Memoria
Este documental sonoro propone un recorrido por la memoria de Trujillo, Valle del Cauca, una región marcada por la violencia entre 1986 y 1994. A través de narración, testimonios, reconstrucciones auditivas y elementos musicales, la pieza busca preservar la memoria colectiva, honrar a las víctimas y reflexionar sobre las consecuencias del conflicto armado en Colombia.
El proceso de justicia y reparación tras los hechos violentos ocurridos en Trujillo, ha sido una lucha prolongada, entrecortada por silencios estatales, burocracia y resistencia comunitaria. Aunque se ha determinado un total de 342 personas asesinadas y desaparecidas, los diferentes procesos judiciales han desagregado esta cifra dependiendo de qué victimarios estén en proceso de investigación y condena. Más difícil aun es determinar el número de familiares de las víctimas y los procesos de indemnización que han logrado. Lo que comenzó con una petición internacional en 1992 aún hoy sigue en construcción.
Este proyecto de visualización transmedia brinda herramientas desde el periodismo y la comunicación para el cambio social. Analizamos la situación de riesgo poblacional del municipio de Trujillo, Valle del Cauca, frente a la presencia de grupos al margen de la ley reportados a través de dos alertas tempranas, expedidas por la Defensoría del Pueblo en los años 2018 y 2019, en las que se ve amenazada la promesa del Estado colombiano respecto a la No Repetición de los hechos violentos de La Masacre de Trujillo.
Resiliencia
Treinta años después de la masacre que marcó su historia, Trujillo, en el Valle del Cauca, intenta reconstruirse entre el turismo y la memoria. Mientras el Parque Monumento a la Vida preserva el recuerdo de 342 víctimas y denuncia la impunidad, sus calles coloridas reciben visitantes que, a veces, desconocen la tragedia. Entre el dolor y la resiliencia, la comunidad busca resignificar su territorio, transmitir la historia a las nuevas generaciones y evitar que el silencio oculte lo que ocurrió.
En el corazón del Valle del Cauca, entre montañas tibias y memorias que no se dejan enterrar, se erige el Parque Monumento a la Vida. Aquí, el silencio es más que ausencia: es testigo. Es un eco persistente de una tragedia que marcó a Trujillo entre 1986 y 1994, cuando más de 340 personas fueron asesinadas o desaparecidas en un entramado brutal de violencia estatal, paramilitar y narcotraficante.
En este primer capítulo se propone un recorrido por la memoria de Trujillo, Valle del Cauca, una región marcada por la violencia entre 1986 y 1994. A través de narración, testimonios, reconstrucciones auditivas y elementos musicales, la pieza busca preservar la memoria colectiva, honrar a las víctimas y reflexionar sobre las consecuencias del conflicto armado en Colombia.
En el segundo capítulo, conversamos con la nueva generación de mujeres en AFAVIT para conocer cómo están liderando la construcción de paz y memoria, incorporando nuevos paradigmas y perspectivas de género que dialogan, en medio de tensiones y encuentros, con las experiencias y saberes de las generaciones anteriores.
Reexistencia
Entre 1989 y 1994, Trujillo, Valle del Cauca, fue escenario de una masacre. Desde entonces, a través del arte y la palabra, algunas personas mantienen viva la memoria de aquel episodio. Trujillo quiere decir: la masacre, el eco de las víctimas, la vida después del horror. Y después del horror surge la duda: ¿cómo nombrarlo, cómo hacerlo en un país que ya lo ha hecho demasiado?
Del Osario, Tairo Peláez, Gildardo Giraldo, Orlando Vargas y el Padre Tiberio Fernández y decenas de personas guardan los secretos de toda una vida, de su vida. Pero uno, ajeno a Trujillo, ¿Guarda algo de ellos?, ¿Cómo lo hace?, ¿tan siquiera importa algo tan mínimo como sus nombres? Aunque a muchos parezca no importarles, la realidad es completamente contraria.