El 30 de agosto del 2024, en Buga, Valle del Cauca, un comerciante local, Rodrigo Valencia y su pequeño hijo decidieron visitar el Río Guadalajara para mitigar los calurosos días de la temporada. Sin embargo, se encontraron con un escenario desesperanzador: varios peces muertos flotando en la superficie del río. Valencia, sorprendido por la situación, grabó un video, que publicó en Facebook y le envió al periodista William Vianney Solano, quien también lo divulgó en la misma red social. El video desató una ola de preocupación y confusión entre los habitantes de la ciudad.

Los internautas especularon sobre lo que puede estar sucediendo en el río y las posibles causas de esas muertes. Algunos mencionaron minería ilegal, envenenamiento, cambios climáticos, maquinaria amarrilla puesta en el Parque Biosaludable El Vergel y Villa del Río, que pudo tener efectos negativos en los peces. Esta situación genera muchas preguntas, entre ellas: ¿Qué podría estar provocando la muerte de los peces en el Río Guadalajara?
La riqueza ambiental del Río Guadalajara
El río Guadalajara, según la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), es uno de los cuerpos hídricos más relevantes del centro del departamento del Valle. Su nacimiento se ubica en el páramo de El Saldo, a más de 3,000 metros sobre el nivel del mar, en la vertiente occidental de la cordillera Central. Desde allí, fluye a lo largo de 36 kilómetros, atravesando una diversidad de paisajes montañosos y agrícolas, hasta desembocar en el río Cauca, uno de los más importantes de Colombia.
La cuenca del río Guadalajara cubre una superficie de aproximadamente 31,156 hectáreas, y está delimitada por otras cuencas fluviales significativas: al norte, por el río San Pedro; al sur, por los ríos Sonso y Guabas; al este, por la cuenca del río Tuluá; y al oeste, por el río Cauca. Esta configuración geográfica no solo resalta su interconexión con otros sistemas hídricos, sino también su relevancia para el balance hídrico de la región.
Además de su importancia hídrica, alberga una notable riqueza ecológica. Según el Sistema Departamental de Áreas Protegidas (SIDAP), en esta cuenca se han identificado ocho ecosistemas diferentes, agrupados en cinco biomas que comprenden una amplia gama de altitudes y tipos de hábitats. De estos ecosistemas, tres se hallan dentro de la Reserva Forestal Protectora Nacional (RFPN) Guadalajara de Buga, que abarca gran parte de las zonas más altas y biodiversas de la cuenca.
El ecosistema más extendido dentro de esta reserva es el Bosque Medio Húmedo en Montaña Fluvio-Gravitacional (BOMHUMH), que cubre una superficie de 4,635.3 hectáreas, representando el 52.5% del área total de la reserva. Este tipo de bosque es fundamental para la regulación hídrica y el mantenimiento de la biodiversidad, actuando como una esponja que almacena agua en temporadas de lluvias y la libera paulatinamente durante la estación seca.

Otro ecosistema destacado es el Bosque Frío Muy Húmedo en Montaña Fluvio-Gravitacional (BOFMHMH), que cubre 4,091.2 hectáreas, representando el 46.3% del área. Este ecosistema se localiza en zonas más altas y frías, con precipitaciones más abundantes, lo que lo convierte en un espacio crucial para la captación de agua y la conservación de especies adaptadas a estas condiciones húmedas y frías. En contraste, los Herbazales y Pajonales Muy Fríos Muy Húmedos en Montaña Fluvio-Glacial (HPSMHMG) ocupan solo 105.8 hectáreas, lo que equivale al 1.2% del territorio de la reserva, pero su importancia ecológica radica en su ubicación en las áreas más altas de la cuenca, cerca de los páramos.
La riqueza de la cuenca no solo se refleja en sus ecosistemas, sino también en su biodiversidad faunística. De acuerdo con datos del SIDAP, se han registrado cinco grupos de vertebrados en la cuenca del río Guadalajara: peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos. En total, se han documentado 187 especies pertenecientes a 72 familias y 27 órdenes, lo que demuestra la diversidad biológica de esta región, por ejemplo: Iguana Verde, Perico Cascabelito, Chigüiro Menor, Rana Platanera de Ojos Tornasol, Mariposa Monarca, Currucutú Común, Araña Cangrejo Gigante, entre otros.
El SIDAP también afirma que, entre las especies de peces, el Río Guadalajara alberga una variedad de especies que juegan un papel clave en la ecología del río. Los anfibios y reptiles, algunos de ellos endémicos, destacan por su sensibilidad a los cambios en el ecosistema, convirtiéndose en indicadores clave de la salud ambiental. Además, las aves, con una alta diversidad de especies, utilizan la cuenca del río como corredor de migración y zona de alimentación, especialmente en los ecosistemas boscosos. Finalmente, los mamíferos, algunos de ellos en peligro de extinción, encuentran en los bosques y áreas protegidas de la cuenca un refugio seguro para su supervivencia.
Según Nikolás Zúñiga, biólogo especializado en ecosistemas fluviales de la región, el Río Guadalajara cumple múltiples funciones esenciales tanto para el entorno natural como para las comunidades locales: “Este Río es una fuente crucial de agua potable y su cauce es clave para la irrigación de los cultivos, especialmente en las zonas agrícolas cercanas a Guadalajara de Buga”, explica Zúñiga. Además, señala que el Río no solo es un recurso hídrico, sino que también desempeña un papel importante en la recreación y el turismo: “Muchas personas visitan sus márgenes para disfrutar de caminatas ecológicas y paisajes fluviales. Aunque la pesca es menos común en algunas áreas, el río sigue siendo un lugar de esparcimiento”.
Zúñiga igualmente destaca que, en ciertas zonas como la plana, la pesca no es una actividad predominante debido a las características del río. “En esta parte, el río es más rápido y turbulento debido a las formaciones rocosas, lo que dificulta la pesca artesanal o deportiva. Sin embargo, la gente sigue aprovechando el lugar para bañarse y relajarse, disfrutando del entorno natural que ofrece esta sección del río”.
Desentrañando la tragedia: las causas de la mortandad
La inesperada mortandad de peces en el Río Guadalajara, generó una ola de reacciones entre los habitantes de Guadalajara de Buga, así como entre expertos y autoridades ambientales. Lo que comenzó como una inquietud local ante el hallazgo de un centenar de peces muertos en las orillas del río, pronto se convirtió en un tema de debate regional, movilizando a la comunidad y a diferentes entidades en torno a las posibles causas de este fenómeno y las implicaciones para el futuro del ecosistema fluvial.
La comunidad local quedó impactada tras este fenómeno, con reacciones que variaban entre la indignación por el daño ambiental y el temor por la seguridad del agua que consumen. Rodrigo Valencia, uno de los primeros en hacer la denuncia pública a través de redes sociales, expresó su frustración y sospechas sobre lo ocurrido. “Ese tipo de mortandad de peces es por algo… por una sustancia que arrojaron al río, pero muy fuerte, porque mató a los corronchos, y esos peces son muy fuertes. Fueron miles. En ese pedazo no más en que estábamos había unos 400 peces muertos”, comentó Valencia. Su observación refleja el sentimiento de muchos residentes, quienes, al ver morir a especies tan resistentes como los corronchos, intuyeron que el incidente no era un simple fenómeno natural, sino el resultado de una intervención humana posiblemente peligrosa.
En contraste, los habitantes de La Habana, otro corregimiento afectado, reaccionaron con preocupación no tanto por la muerte de los peces en sí, sino por las posibles implicaciones para la calidad del agua potable. Pedro Muñoz, residente local, expresó el temor que sintieron en su comunidad al darse cuenta de lo ocurrido. “No, la muerte de los peces no nos afecta porque por aquí nadie se dedica a la pesca, fue más bien el impacto y la preocupación. ¿Qué tal si el agua estuviera envenenada? Eso fue lo que pensamos por acá”, comentó Muñoz, dejando entrever que más allá de las pérdidas ecológicas, la seguridad de los recursos hídricos era la prioridad para ellos.
En general, la comunidad percibió el evento como una advertencia de los riesgos ambientales a los que se enfrentan. Los testimonios evidencian una mezcla de frustración, preocupación por la gestión del agua y la necesidad de respuestas claras por parte de las autoridades locales acerca de lo que realmente sucedió en el río.
En la comunidad también se consideró la posibilidad de que las obras situadas en el Parque Biosaludable el Vergel y Villa del Río (zona aledaña al Río Guadalajara en relación con el talud de la vía que conduce a la vereda La Magdalena) podrían estar afectando a los peces con la vibración de la maquinaria. Eucario Caldón, coordinador de la Oficina para la Gestión de Riesgos de Desastres (adscrita a la Alcaldía Municipal de Buga), aclaró que se están ejecutando obras de mitigación: “La obra del Vergel busca estabilizar 120 metros lineales con muro de contención y la obra de Villa del Río se proyecta para estabilizar 30 metros lineales. Sin embargo, los proyectos han sufrido modificaciones, lo que genera que las obras se reinicien”. Los proyectos hacen parte de la Gobernación del Valle con la autorización de la CVC. Hasta el momento no hay ninguna investigación publicada que apunte hacia las obras de mitigación en relación a los peces muertos.

La empresa Aguas de Buga, encargada del suministro de agua potable en la región, también se pronunció tras el incidente de la mortandad de peces en el río Guadalajara. Jhon Jairo Vega, monitor ambiental de la entidad, explicó que, al conocer lo ocurrido, la empresa activó sus protocolos de monitoreo habituales. «Cuando la empresa de acueducto se enteró sobre los peces muertos, realizamos las respectivas muestras de monitoreo anuales que solemos hacer y el resultado no estaba saturado o positivo para un presunto envenenamiento», comentó Vega, quien coordina las estrategias de mitigación de problemáticas ambientales para la compañía. Esta respuesta sugiere que, desde el punto de vista de Aguas de Buga, el río no presentaba evidencias de contaminación química que pudiera haber provocado la mortandad masiva de los peces, al menos según los parámetros que evaluaron.
Aguas de Buga está regida por la ley 142 de 1994, que obliga a las empresas prestadoras de servicios públicos a realizar inversiones en las cuencas hidrográficas de las que dependen. Este marco legal exige a la empresa mantener un monitoreo constante de la calidad del agua, así como garantizar su potabilización antes de distribuirla a los hogares de Guadalajara de Buga. Además, Aguas de Buga lleva a cabo programas de concientización para el cuidado del recurso hídrico, con el fin de preservar su sostenibilidad a largo plazo. Aunque no actúan como autoridad ambiental, rol que recae sobre la CVC, la empresa tiene el mandato de velar por la calidad del agua que distribuye a sus usuarios.
La respuesta de esta entidad da un parte de tranquilidad a la comunidad en cuanto a la posible contaminación del río Guadalajara; sin embargo, deja interrogantes con respecto a la causa de la mortandad de peces. Aunque la empresa asegura que no se encontraron sustancias tóxicas, la falta de una explicación concreta en cuanto al fenómeno puede generar incertidumbre.
También, la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) ha proporcionado detalles sobre la situación, identificando la descarga de lodos provenientes de la limpieza de la bocatoma de la derivación Chambimbal como la causa principal. En un comunicado publicado por la CVC el 19 de septiembre de 2024, la CVC aclaró que el análisis se llevó a cabo en su laboratorio certificado, reconocido como uno de los mejores del país, donde se generan datos de alta calidad.
Juan Pablo Llano, ingeniero ambiental con Especialización en Gerencia de Proyectos y Desarrollo Sustentable, se desempeña en la CVC como profesional especializado en el componente de calidad ambiental desde hace 15 años. Su labor incluye el seguimiento, control y atención a las denuncias relacionadas con la contaminación del recurso hídrico y la contaminación atmosférica. Llano conoce de primera mano lo ocurrido con los peces muertos en el río y comentó lo siguiente:
“identificamos el sector en el que habían ocurrido los hechos. La mortalidad estaba ubicada entre el parque El Vergel y Villa del Río, donde se están desarrollando obras de ingeniería para la protección de la vía. En ese tramo se evidenciaba la presencia de peces muertos. Analizamos la zona y las actividades que se están desarrollando y nos pudimos dar cuenta que el cauce tenía unas condiciones de estiaje provocadas por la temporada de verano. Además, las temperaturas altas asociadas a los fenómenos climáticos, entre esos, la incidencia del fenómeno de El Niño, hacen que las aguas aumenten su temperatura, esto ocasionó la reducción en la concentración de oxígeno disuelto. Y sí, el agua estaba en condiciones críticas en términos de oxígeno disuelto, pero no fue la causa directa por la que murieron los peces. De acuerdo a la investigación que se está realizando por parte de la CVC, la causa está asociada a una descarga no intencional del lavado de un producto de alguna de las obras que se están realizando en el sector”.
En un documento oficial enviado por la CVC el 11 de octubre del 2024, se confirma que las especies afectadas son el rollizo, la sabaleta, la sardina y el corroncho, que sufrieron las consecuencias de la acumulación de finas partículas de arena en sus branquias, lo que provocó una drástica reducción del oxígeno disuelto en el agua. Se podría tratar de las obras en curso que se llevan a cabo sobre un canal que se origina en el río Guadalajara. Durante la preparación de las mezclas de cemento, se generan residuos que, al finalizar la obra, son lavados. Sin embargo, cuando se reabre el canal para su funcionamiento, parte de estas aguas, mezcladas con cemento, terminan llegando al cauce del río. El cemento, compuesto por partículas muy finas, se presume que se adhirió a las branquias de los peces, impidiendo su intercambio de oxígeno.
La CVC activó sus protocolos y llevó a cabo el proceso adecuado para enviar las muestras a su laboratorio. “Las muestras se colectaron el 31 de agosto, se conservaron en nevera de icopor refrigeradas y con hielo, y se transportaron y entregaron en el laboratorio Ambiental de la CVC el 3 de septiembre donde se ingresaron e identificaron con los códigos: 362S a 370S, la muestra se caracterizó por el porte pequeño de los especímenes entregados”. (CVC, 2024). En el informe antes mencionado se subraya que esta hipótesis fue confirmada posteriormente por los análisis realizados en el laboratorio ambiental de la CVC, que determinaron que los peces murieron debido a una pérdida de oxígeno asociada a la presencia de elementos que limitaron su proceso respiratorio. En la investigación se utiliza el término «descarga no intencional», el cual indica que no se trata de un contaminante químico. Este evento es similar a la mezcla de agua con tierra. Sin embargo, el río ya presentaba condiciones precarias, con un caudal reducido y una baja concentración de oxígeno. Estos factores combinados, dieron como resultado la mortandad de peces ocurrida el pasado 30 de agosto. Este análisis se centró en una muestra de nueve peces, y los resultados mostraron que las aguas del río Guadalajara estaban libres de contaminación química.

Es importante destacar que la investigación que lleva a cabo la CVC aún no ha sido publicada, y continúan indagando sobre cuál de las obras pudo haber causado la descarga no intencional.
El fenómeno de El Niño y sus implicaciones
Aunque la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) ha identificado la descarga de lodos como la principal causa de la mortandad de peces en el río Guadalajara, esta declaración deja abiertas interrogantes sobre otros factores que podrían haber contribuido a este alarmante fenómeno. Un habitante de la zona ha señalado que esta no es la primera vez que ocurre un evento de esta magnitud, sugiriendo una posible tendencia que merece atención.
Vega advierte que la prolongación del fenómeno de El Niño ha tenido un impacto significativo en la cuenca, provocando una sequía que afecta a los seres vivos que habitan en el río, incluyendo a diversas especies de peces. Pero ¿por qué se habla de una prolongación? Como territorio tenemos dos estaciones climáticas, se le conoce como época de invierno a los meses más lluviosos y época de verano a los secos. Por precipitaciones que se realizan para que las entidades encargadas estén preparadas ante las alarmas que puedan generar el fenómeno de El Niño y de La Niña, es posible afirmar que hubo una excesiva oleada de calor y El Niño ha estado presente desde diciembre del 2023, sacudiendo a varios lugares del país a su paso.
El fenómeno de El Niño, caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico, tiene un impacto significativo en las condiciones climáticas de diversas regiones del mundo, incluida Colombia. Este fenómeno meteorológico no es nuevo en el territorio; se ha documentado desde hace varias décadas. El país ha experimentado múltiples episodios de este fenómeno, que suelen tener una duración de entre 9 meses y 2 años. Sin embargo, su intensidad y efectos pueden variar considerablemente de un evento a otro.
En el caso específico del río Guadalajara, esta anomalía ha provocado una serie de cambios que afectan tanto la cantidad como la calidad del agua. Durante los eventos del calentamiento del océano pacifico, se observa una disminución notable en los caudales de los ríos, resultado de la alteración de los patrones de precipitación en la región. Esta reducción en el flujo de agua puede llevar a condiciones de sequía severa, lo que a su vez afecta el ecosistema acuático y las especies que dependen de él.
Video del Río Guadalajara en condiciones normales
El IDEAM ha señalado que, durante los eventos de El Niño, es común que se produzcan sequías prolongadas en varias cuencas hidrográficas de Colombia. Las temperaturas elevadas reducen la solubilidad del oxígeno en el agua, un factor crítico para la supervivencia de los peces y otros organismos acuáticos. Esta situación puede llevar a una mayor mortalidad de especies sensibles, como el rollizo, la sabaleta y la sardina de río, que ya han sido identificadas como víctimas de la reciente mortandad de peces en el río.
El impacto de El Niño no se limita solo al río Guadalajara, sino que se ha sentido en diversas ciudades del país. Por ejemplo, en enero de 2024, el fenómeno de El Niño provocó una considerable mortandad de peces en el departamento del Magdalena, donde cientos de ejemplares de la especie Arenca Sardinata (Triportheus magdalenae) fueron encontrados sin vida en el caño Zapayán. En marzo del mismo año, el fenómeno de El Niño también ocasionó la mortandad de peces en las ciénagas de Puerto Berrío: La prolongada temporada seca provocó que las cuencas de la región se secaran, lo que resultó en la muerte de diversas especies de peces, incluyendo el bocachico, el barbudo, el bagre y el blanquillo.
Adicionalmente, este fenómeno generó pérdidas en la producción agrícola en varias zonas del departamento debido a la falta de lluvia y la disminución del caudal de los ríos, lo que limita el acceso a agua para riego. Estas condiciones extremas no solo afectan la biodiversidad y la salud de los ecosistemas, sino que también ponen en riesgo la seguridad alimentaria y el bienestar de las comunidades locales, lo que resalta la necesidad de implementar políticas de adaptación y gestión del agua más efectivas a nivel nacional.
A partir de este contexto, la mortandad de peces en el río Guadalajara revela mucho más que un simple evento puntual de impacto ecológico; es un reflejo de las tensiones entre el crecimiento urbano, la gestión ambiental y el cambio climático. Este fenómeno, aunque inicialmente atribuido a factores locales como las descargas de lodo y las obras civiles cercanas, se inserta dentro de un contexto global más amplio de estrés hídrico, exacerbado por fenómenos como El Niño. El deterioro del ecosistema fluvial afecta no solo a las especies acuáticas, sino también a las demás especies de animales que habitan la cuenca del río. Llano, señala que nunca antes se había registrado una problemática como la actual relacionada con los peces. Por esta razón, el equipo de la CVC continúa investigando cuáles de las obras realizadas podrían haber provocado esta situación y qué medidas pueden implementarse para evitar que se repita en el futuro.
Más allá de las causas específicas de este suceso, la respuesta social y las preocupaciones por la seguridad del agua potable reflejan una creciente conciencia ambiental entre los habitantes de Buga. Este tipo de crisis subraya la necesidad de una mayor transparencia y comunicación por parte de las autoridades ambientales, así como la implementación de medidas preventivas que prioricen la salud ecológica de la cuenca. La situación demanda un esfuerzo conjunto entre instituciones gubernamentales, organizaciones comunitarias y la ciudadanía, para que se implementen soluciones duraderas que protejan los recursos hídricos.
El caso del Río Guadalajara es un recordatorio de que los recursos naturales no son inagotables, y su preservación requiere atención constante. La mortandad de peces debe verse como una alerta temprana de problemas más profundos en la gestión del agua y en la relación del ser humano con su entorno.