Escuela de Comunicación Social
Universidad del Valle

Postal de un Regreso a Cali

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Cobertura especial de Ciudad Vaga post-terremoto del 10 de agosto de 2026.

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Por: Zaida Guitierrez

Desde el equipo de Ciudad Vaga, venimos rastreando y organizando algunos datos y documentos para comprender cómo el terremoto del pasado 10 de agosto sigue afectando nuestras vidas con el correr de los días. Yo escogí investigar los efectos del sismo en la salud mental, los procesos de duelo y el acompañamiento psicosocial. Llevo cuatro semanas leyendo documento tras documento que me hablan de sismos fantasmas, rituales de duelo colectivo, formas de explicarle a los niños lo que sucedió o diferentes maneras de experimentar la emergencia… Pero lo hice desde lejos, desde la distancia, con una mirada foránea, una perspectiva muy diferente a la de quien vivió el terremoto en Cali, Pereira o Buenaventura, ciudades muy afectadas por el sismo. Muy distinta a recorrer las calles y edificaciones rotas de esta ciudad.

Cuando ocurrió el sismo, yo estaba en Neiva, observando cómo mi abuela organizaba sus documentos en una carpeta para salir a una cita médica juntas. Recuerdo su temor cuando vio que tenía que bajar al sótano del Hospital Universitario Hernando Moncaleano habiendo pasado dos horas de llamadas a familiares y un recorrido largo en el que no sabíamos si habríamos perdido la cita. Luego, pasé estos tres meses viendo lo que pasó a través de las pantallas, como ficcionado, en 2D. Cuesta procesar y entender el terremoto sin verlo con sus propios ojos.

Llegué a Cali el 12 de octubre a las cinco y media de la mañana: un lunes festivo. Esa mañana empecé a hablar con el taxista que me llevaba a mi edificio sobre el clima, una llovizna fría que había pasado tiempo sin ver por los bochornos opitas de costumbre. Íbamos por la autopista que ahora reconozco como la suroriental. El taxista, con la radio en una emisora de baladas románticas, me preguntó si hacía tiempo no venía. Le dije que llevaba 3 meses fuera, que estaba de vacaciones. Entonces observé cómo a la llovizna la acompañaban un cielo muy gris y unas calles casi vacías, pero no las que uno puede esperar en Cali una mañana fresca de un día festivo. Automáticamente comprendí la realidad en la que ahora me encontraba. Le dije al taxista que no venía desde antes del terremoto.

El silencio que vino después me permitió fijarme en los detalles de la ciudad. Vi ventanas vacías y oscuras, también cintas amarillas rodeando grupos de edificios y grietas en forma de equis atravesando las paredes. Pero también vi las varillas metálicas emerger de casas y negocios en reconstrucción, con una vitalidad y una esperanza muy parecida a la que genera ver cómo emergen de las dilataciones de los ladrillos y de las grietas del asfalto la vida multicolor de la vegetación. Cuando llegué a mi habitación, me pareció hasta irrespetuoso subirle el volumen al radio con una alegría que no correspondía con el nuevo silencio que me recibía desde las habitaciones vacías de otros estudiantes como yo. Sin embargo, ahora, mientras escribo esto, los vecinos de mi barrio, La Playita, están reunidos escuchando a El Preso de Fruko y sus Tesos, en un simulacro navideño para el que hay cartel de convocatoria desde la semana pasada.

Ciudad Vaga comenzará, a partir de hoy, la cobertura especial post-terremoto a la que denominamos Réplicas. Tendrá tres enfoques fundamentales: por un lado, entender que no es solo un fenómeno natural, sino económico, político, cultural y social; luego, mostrar a nuestros lectores que reconstruir lo material, la cotidianidad y el tejido social no sólo tomará años, sino esfuerzos nacionales, locales y barriales serios y comprometidos. Y, como tercer enfoque, tal como lo gritaba el telón expuesto en la inauguración del Festival de Cine de Cali, por los homenajeados miembros de la brigada de sonidistas que apoyaron las labores de búsqueda y rescate los días inmediatamente posteriores al sismo: El pueblo salva el pueblo. Que tiene parte de orgullo y parte de denuncia. Porque existió un gobierno propio, ciudadano, que se coordinó y organizó para atender la emergencia, que todavía hoy lidera ollas comunitarias o lleva brigadas de salud a los albergues y barrios. Pero es inimaginable un futuro en dignidad sin una voluntad sostenida y diligente por parte de las entidades competentes.

Mientras tanto, queremos otorgarle a esta ciudad y a nuestra comunidad universitaria lo que el periodismo pueda hacer en investigación, reflexión y divulgación, para aportar nuestro granito de arena a esta reconstrucción integral. Y, por mi parte, alentada por los versos de Jorge Drexler, Los Puentes, citados por Gerylee Polanco, directora del Festival de Cine de Cali, el 17 de octubre, en el homenaje a la brigada de sonidistas que apoyaron, tras el sismo, la búsqueda de sobrevivientes entre los escombros:

Cuando la noche esté
Precisamente más cerrada y más confusa
Que viva todo aquel valiente que tiende un puente
Y el valiente que lo cruza.

Equipo de Ciudad Vaga:

Sergio Andrés García Rodríguez
(Jefe de reportería)

Ada Salomé García Freire
(Editora gráfica y de diseño)

María Alejandra Chalar Caicedo,
Harvy Villota Mayor,
Manolo Salguero Salinas