Escuela de Comunicación Social
Universidad del Valle

MANU CHAO, HIJO DE LA TIERRA

✦ ✦ ✦

José Manuel Arthuro Thomás Chao es una persona comprometida con la defensa de los derechos humanos. Es un símbolo vigente de la resistencia cultural de los pueblos en sus luchas contra el neoliberalismo. Encuentro clandestino con un ser humano que vive como músico ambulante, fuera de reglas y convenciones, mezclando lenguas, ritmos y utopías de esperanza.

✦ ✦ ✦

Por: Redacción Ciudad Vaga

José Manuel Arthuro Thomás Chao es una persona comprometida con la defensa de los derechos humanos. Es un símbolo vigente de la resistencia cultural de los pueblos  en sus luchas contra el neoliberalismo. Encuentro clandestino con un ser humano que vive como músico ambulante, fuera de reglas y convenciones, mezclando lenguas, ritmos y utopías de esperanza.


Por: Harold Pardey (El Zudaca)

Advertencia

Ahí vamos ruta a Colombia/ Te quiero más que a mis zapatos viejos/ Costeño paisa cachaco caleño/ Llegó a Barranca llegó a Barranca/ Expreso del Hielo por el Magdalena/ Expreso del Hielo botando candela/ Soñé que el fuego nevaba/ Soñé que la nieva ardía/ Soñé que tú me querías/ Soñé, soñé Colombia. Manu Chao y La Ventura.

Sinopsis

Durante marzo de 2012, la vaguemia (esa sublime y necesaria armonía de la vagancia, la bohemia y la academia) cruzó los absurdos límites de la racionalidad eurocéntrica para electrizar los corazones de nuestra villa tropical con el beat pachanguero y global de Manu Chao y sus músicos de la banda La Ventura. Porque la vida es una tómbola, así nos engañen con la primavera; caminamos por la carretera sin mirar atrás porque el futuro es hoy, y el mundo no es lineal.

Voz en Off

“Nací en París, me crié en Francia, mi familia es de Galicia, de país vasco. Tengo orgullo de tener raíces allí, pero más que todo tengo orgullo del lugar donde estoy en el presente. Me siento ciudadano del presente, perdido en el mundo y en el siglo.” Manu Chao. 

Soliloquio callejero

“Todo lo que sabemos, lo sabemos entre todos”. Anarquista andaluz

Recuerdo que el 6 de febrero mi espíritu bajaba de Pance, luego de un homenaje íntimo al curandero del alma, Mr. Bobby, en la conmemoración de su natalicio, y mi cuerpo navegaba en una sala de computo del querido barrio escarlata san fernandino, y descubría un mensaje de la princesa yenyeré en el que me avisaba de la llegada al trópico del señor esperanza Manu Chao y su corte de músicos lunáticos.

No lo podía creer. Por fin tantos rumores se disipaban y se concretaba el anhelado sueño de la tribu nómada reggae punkyparty alternativa clashera zapatista maradonianarocknrollera de la resistencia del trópico caleño: poder escuchar en vivo al gigante Gambeat en el bajo, al flaco eléctrico Madji en la guitarra, al buena onda Philippe Garbancito en los tarros y, por supuesto, a Manu en el microphone, tocando este himno, siempre vigente en el imaginario latinoamericano:

Esta ciudad es la propiedad 

Del Señor Matanza!!

El de la rebaja baja del taxi 

Los tiros, la tira, el basuco y la mentira! 

Esta ciudad es la propiedad 

del Señor Matanza

Esa olla, esa mina, y esa finca y ese mar 

Ese paramilitar, son propiedad 

del Señor Matanza

Ese federal, ese chivato y ese sapo, el sindicato 

Y el obispo, el general son propiedad 

Del Señor Matanza

Buenas jineteras y alcohol, están bajo control, 

La escuela y el monte de piedad son propiedad 

Del Señor Matanza

Él decide lo que va, dice lo que no será 

Decide quién la paga, dice quién vivirá 

Esa y esa tierra y ese bar son propiedad 

Del Señor Matanza

Y a mi ñero llevan pal monte 

Y a mi ñero llevan pal monte

Y mi ñero que lo llevan y se van, 

Los que matan, pampam, son propiedad 

¡¡Del Señor Matanza!!

Él decide lo que va, dice lo que no será

Decide quién la paga, dice quien vivirá 

No se pueda caminar sin colaborar con Su Santidad, 

El Señor Matanza

Y a mi ñero llevan pal monte

Y a mi ñero pal monte 

Escúchalo guey! 

Su palabra es ley!

Él  decide lo que va, dice lo que no será 

Decide quién la paga, dice quién sufrirá 

Esa y esa tierra y ese bar son propiedad 

del Señor Matanza

Cuando no manda, lo compra 

Si no lo compra, lo elimina!! 

Esa línea de autocar, el Hotel y el Billar, 

Esa chica que se da, por el Bulevar, son propiedad 

del Señor Matanza

Me imaginaba ese momento flash, único e inmortal de ese pogo, en esa permanente búsqueda de la canción que sintetiza el estado del mundo y el baile del barrio combativo, contra la bestia que saquea y roba nuestras selvas con la hegemónica ficción del libre comercio estrangulando a los países pobres.

La globalización de los ritmos mestizos que reivindican la periferia y delinean la obra artística de Manu Chao y sus ideas incansables, empecé a escucharla en 1998, en plena crisis y malegríaunivalluna, en el laboratorio radial de la Escuela de Comunicación Social, cuando colaboraba en un dramatizado del colectivo La Zona sobre la guerra en Lokombia, cuya sonorización se hizo con tracks de Mano Negra, la mítica y alucinante banda francesa que Manu lideró a lo largo y ancho del planeta trampa, desafiando a las mafias que se esconden detrás de la democracia.

El contagio adictivo de esa propuesta sonora fue inmediato. Empecé a perseguir la anarquía lingüística de sus conciertos telúricos y sus alucinantes performances multiculturales: toques en los prostíbulos de Pigalle en su natal París, en los territorios sagrados de Cuzco- Perú, en los parques del Tokio futurista, en las calles de Río de Janeiro donde compartieron tarima con un oldschool del punk, Mr. JelloBiafra, armándose un pogo descomunal contra el corazón de Babylon y, por supuesto, la salvaje Drogotá de los noventa que posibilitó la canción Señor Matanza.

Sin duda, Mano Negra con su rebelmusic repleta de imágenes sonoras, con sus figuras de alusión, evocación y sampling, configuró un nuevo mapa activista del planeta latino que denunciaba a los señores matanza y su control a nuestros países matando, amenazando, comprando y silenciando a todos aquellos que le salen al paso.

América, continente de vientos rebeldes

“América estero y pampa, caribe, pacífico y andina, en crisis permanente y con revoluciones de madrugada, donde la muchedumbre y las masas dibujan alegría contra el dolor, el olvido y el escarnio.” Gioconda Belli.

Las bandas locales Skaparate, Zalama Crew y Herencia  pusieron el condimento sonoro y el chontaduro, con su telaraña de sonidos cósmicos y urbanos; al igual que la psicodelia sureña y papayera global de la Bambarabanda, músicos  pastusos, quienes suavizaron con sus melodías el espíritu inquieto de una marejada de fanáticos que ingresó al Diamante de Beisbol para cumplir  el deseo colectivo de escuchar a Manu Chao.

El mito de sus toques oníricos por la memoria toster de Calicalabozo por fin se convertiría en realidad y fiesta diversa, con la contradictoria presencia en el recinto de la industria cultural fagocitando el mensaje rebelde con su retórica y  lógica  de marketing especulador; aunque afuera, el poeta atorrante, Trauma,  transgredía con sus consignas  y le daba el matiz chirri a una ceremonia del deseo  callejera, que se concretaría horas más tarde  cuando nuestros ojos vieron  como,  puño en alto, remera tricolor de la Selección de fútbol de Ghana, bermudas y gorra, Manu Chao entrelazaba con su guitarra al viento y a la luna llena para decirnos: «Pase lo que pase, sea lo que sea…», y miles de personas de distintas latitudes, presentes en el diamante de beisbol, lo acompañamos a terminar la frase que se convirtió en una marca registrada de nuestra memoria popular y resistencia cultural: «Próxima estación: ¡esperanza!».

Manu Chao es un hombre que revaloriza la palabra y le devuelve el status y la importancia que ésta tenía en las sociedades más antiguas; antes, un simple dicho era garantía de compromiso. Por eso, la grata fortuna de escucharlo en vivo fue tan intensa como los riffs de guitarra y la potencia de la batería, tan parecida a la energía de los juglares. Esa misma energía lo acompaña en esa suerte de cadáver exquisito que es su cancionero pachanguero y  clandestino, que no cuenta con un principio y un final predecibles, lo más cercano a una jam sesión multicultural, veloz y adrenalínica,  cuyos seguidores más fanáticos son de estirpe anómica, combativa y crítica.

El corazón late más rápido que de costumbre; la bandera del Che Guevara se agita más frenéticamente que la de cualquier partido de fútbol en América Latina donde se defina un cupo al mundial. Los ojos de todas y todos brillan con rabia infinita. El trip rebelde ya nos disparó a muchos, y la danza mutante del pogo cuando suena Señor Matanza, nos devuelve al útero libertario de acracia, porque como bien sentencia mi maestra Elizabeth Lozano: “En cada encuentro se gesta, inminente, un drama. En cada drama, se teje una historia. En cada historia una nueva posibilidad de sentido, de dirección y de riesgo. En cada riesgo, una mirada que se quiebra y se abre, una forma nueva, una metáfora”.

Un par de minutos antes, el blackpower femenino hizo presencia en la tarima con Francia Helena Márquez, oriunda del Norte del Cauca, como vocera del proceso de comunidades negras. Y con la complicidad de Manu Chao, nos recordó a todxs el compromiso ancestral con nuestro territorio. Ella, como una pantera que defiende a su etnia del voraz apetito de la minería trasnacional, nos sacudió el alma con su voz alimentada por el fuego sonoro  de todxs los orishas,  y de fondo las melodías del temazo Machine Gun, como si fuera un sampler de la resistencia global:

“¡Queremos traer a la memoria a todos nuestros hermanos y hermanas que han muerto en esta lucha! ¡A las comunidades afrocolombianas que hoy están siendo desplazadas de sus territorios! ¡A las comunidades indígenas que hoy están siendo destruidas! ¡Queremos exigirle al geobierno colombiano que respete nuestros derechos! ¡Queremos decirle a las multinacionales: ¡Fuera de nuestro territorio!   ¡Por la vida de Colombia, queremos decirle a Manu Chao que gracias por luchar por América! ¡Nuestra América! ¡Nuestra Tierra!

Estamos aquí defendiendo los derechos del pueblo, los derechos de los estudiantes, los derechos de las mujeres, los derechos de los jóvenes.

No queremos más explotación en nuestro territorio. No queremos la represa del quimbo.

Fuera Anglo Gold Ashanti de nuestro territorio. Fuera Tratados de Libre de Comercio de nuestro país.

Que vivan las comunidades que resisten día a día en sus territorios. Porque somos una nación que tenemos un corazón, que luchamos por nuestros derechos. ¡Que viva el pueblo! ¡Que viva Colombia! ¡Que viva América! ¡Que viva Manu Chao! ¡Que vivan todxs!”

El Nómada multicultural paseó su corazón, su alma y su espíritu por la periferia de nuestra distópica y tostada realidad. Durante dos horas y 20 minutos de concierto, nos visitó con sus infinitas calles sonoras y todos los pedazos de radios que se lleva de las ciudades para meter en sus discos, repletos de voces, de miles de sueños de gentes que conspiran un mundo donde quepan muchos mundos como banda sonora de la resistencia global, la de todas y todos como quieren, piensan y construyen en los caracoles intergalácticos de la Selva Lacandona. ¡Aguante EZLN! y habitantes de Chiapas.

Desde el corazón de los emigrantes en Francia, llegaron Manu Chao y La Ventura a compartirnos el mestizaje de ritmos que arden y conmueven con su desenfadado estilo punk y con sus matices de rockabilly; puro rock alternativo que se mixtura con el universo tonal y rítmico de música argelina como el raï, y también con otras músicas afrolatinas como el reggae, el ska, el son cubano, el beat hip hop. Ofreciendo como resultado una patchanka que dialoga con la entrañable pacha mama, para jugar y seducir con palabras y contribuir al rescate de la memoria secuestrada de América Latina; tal como lo hizo y lo sigue haciendo el escritor Eduardo Galeano, uno de los referentes literarios predilectos de Manu, y que lo estimuló a conocer las alegrías y desdichas de nuestra América, el país de los vientos, de los espíritus levantiscos que cromatizan los nuevos centros de la esfera.

Entre la periferia y la distopía

“La rebelión consiste en mirar una flor, hasta pulverizarse los ojos”. Alejandra Pizarnik

La inédita presentación de Manu Chao, el sábado 31 de Marzo en nuestra Calicalavera, fue un concierto organizado por Rebuena Onda Producciones, Evenpro y el Movimiento Rock de la ciudad, y se convirtió en el motivo ideal para que un diverso y heterogéneo grupo de jóvenes, mujeres y hombres, tejedores de procesos colectivos mediados por la comunicación alternativa, se conectaran como nodos de una red de afinidades denominada la estación comunicacional del Kalitrópico,  donde no hay recetas, líneas, estrategias, tácticas, leyes, reglamentos o consignas universales para memorizar.

Fanzine Tierra, Luna Urbana, Incinerantes, Satélite Sursystem, Dektol y Noís Radio, se pillaron las carátulas durante todo el mes de marzo, en una agenda de conversatorios que reflexionaron sobre el impacto de la presencia de Manu en la tierra de Jovita Feijoo, y también redescubrieron las implicaciones culturales, sociales y políticas que ha tenido el experimento sonoro propuesto (con sus diversas bandas: “Los Hot pants, Los Carayos, Mano negra, Radio bemba soundsystem y La Ventura“) a lo largo de más de 30 años de militancia musical y derroche dionisiaco alrededor de movidas solidarias y fraternas en plazas, parques, bares y estadios, dentro de circuitos de resistencia cultural contra Babylonsystem.

Nuestro ilustre y carismático Ciudadano del mundo, hijo de padre gallego (Ramón) y madre vasca (Felisa), salió de un barrio periférico de inmigrantes del oeste de París (Sévres) con su guitarra y una pandilla de intrépidos músicos con el fin de globalizar los ritmos de la dignidad rebelde. Sonidos que vienen recorriendo con fuerza y malegría todos los continentes del planeta trampa desde el siglo XX, para amplificar la voz de las organizaciones sociales y los medios de comunicación alternativos en contra de la minería, para fortalecer la unión latinoamericana en defensa de los recursos naturales, y contra toda expresión de maltrato a la calidad de vida.

Los cuidadosos collages, seductores rompecabezas donde encajan elementos sonoros captados en sus viajes, fueron motivo de encuentro y creación colectiva para discutir y debatir sobre nuestros lugares y compromisos en la periferia; teniendo en cuenta el gusto por su música incendiaria, la cual ha sido banda sonora de nuestras experiencias distópicas en medio de esta ciudad.

Nuestra rebelde Caliventura nos anuncia por su radio web 2.0: “ Aquí hay muchas voces que se superponen, ecos que retumban y se entremezclan con la realidad de esta ciudad, generadora de situaciones cuyas lógicas injustas se enfocan en una periferia interna que se extiende al oriente y a las laderas del occidente, donde el mestizaje hace posible que convivan las tamboras africanas con las flautas indígenas, y se mezclen con los beats, el flow, el raspe y gane, el péguelo y préndalo y el tas tas de la pistola, para hacer música pagana como la de los diablitos en diciembre, cultura desde el barrio, que no cobra ni paga impuestos.”

Algunos documentales como Pura Vida, Putas Fever, TourneeGenerale, BabylonsFever, Baionarena, Todxs a Génova, fueron proyectados durante el mes de marzo en el Centro Cultural de Cali, Ciudadela Nuevo Latir, en las calles de Alameda y San Antonio, en el marco de la muestra “Manu Chao, música, solidaridad, compromiso y libertad”.  Jóvenes, niños, adultos y veteranos outsiders del trópico, fueron atrapados por las melodías y líricas de las músicas mestizas manuchaescas, para reivindicar que la esperanza es posible cuando los corazones rebeldes se juntan como lunas frenéticas y soles incendiarios en clave trip de mestizaje sonoro, gráfico, visual, aurático con la mítica mamachola y la entrañable pachamama.

Trazos de una Zona temporalmente autónoma

“Que mejor lugar que aquí, que mejor momento que ahora “. Rage Against the Machine

Quiso la dinámica libertaria del rizoma y los satélites de Saturno que propician la conexión de redes de comunicación alterativa (la parcerita Vicky trip tuvo mucho que ver con sus poderes) que una noche antes del concierto, conociéramos a Manu Chao en una esquina clandestina de San Antro (barrio encarecido por tanto turista devoto de la lluvia con nieve), y cercana al viejo apartamento del cyberpunkWintermute, donde los parcerxs Neo Skilwalker, M79, Kontra, Flacol, Pulpa, V8, Dr. Makila, Juanito viche y Carokane se pensaban y planeaban los primeros fanzines Sursystem y jornadas de street art, mientras escuchábamos los sonidos paridos en Barcelona, la tierra donde Durruti y cientos de hombres y mujeres empuñaron las ideas y las banderas rojinegras contra el régimen franquista, que luego apoyó al equipo Real Madrid en sus años de bonanza futbolera.

Luego de entregarle una camiseta de la mechita (cortesía de Los Skarlatas) y de contarle las travesuras de Jovita Feijoo  y otras historias de calicalabozo en el Zaguán de San Antonio, nos dirigimos a pocos pasos a comer arepa no transgénica en el chuzo de Zea maíz, en la calle, la que nos junta sin cita previa.

Nos parchamos entonces junto al poeta atorrante Trauma. Alejados de los flashes del espectáculo y la hegemónica farsándula egocéntrica de las redes sociales, montamos con todo el colectivo de las proyecciones y los video foros  la zona temporalmente autónoma, le pegamos al chorro de bajo presupuesto, el huaraqueño, y tertuliamos intensamente sobre Eduardo Galeano, The Clash, Joe Strummer, Amparanoia, Fidel Nadal, Fermín Muguruza, Mariam y Amadou, Yuri Buenaventura, Maradona, el expreso del hielo y el fuego, el cartucho de la gélida urbe, radio la tribu y la colifata, la marihuana, el movimiento 15m, y el vendaval de sonidos inagotables que alimentan sus viajes, tan infinitos como pletóricos de historias tristes, alegres y revolucionarias, como el nombre de su banda Mano Negra, el cual “salió de un comic que estaba leyendo una vez. Era de unos guerrilleros latinos que te marcaban una mano negra ahí en la espalda… Me provocó, metí la mano en la pintura, vi que faltaba algo, metí el puño y así salió la imagen de Mano Negra. Luego, pues en cada país hay una significación diferente de la Mano Negra: en España era un grupo anarquista, en Colombia era un grupo paramilitar. Una vez venía con unos chicos en el tren y alguien le dijo a mi padre: “hay dos tipos de mano negra, los que nos matan y los que vienen en tren”.

Usa Manu un castellano simpático, heredero de construcciones francesas, enriquecido por una infinita jerga callejera, con neologismos particulares y mucha gestualidad. Él se sorprendió con la pirotecnia verbal del poeta trauma, cuando éste le cantó su panfleto callejero Ya no hay tombos de diez mil, y el himno Antibabylon:

Globalizar la resistencia

Resistencia al capital

combatiendo al enemigo

con la magia universal,

Globalizar la resistencia

Resistencia al capital

combatiendo al enemigo

con la lucha cultural.

Firmó libros, camisetas, repartió buenas vibras,  aceptó las cámaras documentales del encuentro, y se despidió como un clandestino que huye de la sociedad del espectáculo, aunque haga parte de sus dinámicas; pero como buen militante de la guerrilla semiótica, sabe hacer fisuras dentro de la matrix y convocarnos a todxs los colectivos a seguir firmes en nuestras convicciones porque la  re -evolución se hace conectando redes de autogestión cultural.

Esa noche previa al concierto las sonrisas guasónicas de la gente a mi alrededor eran auténticas, nada de esto fue planeado, a lo Jean Luc Godard, sin guión y con el flow de la dignidad rebelde que no cotiza en la bolsa.