Escuela de Comunicación Social
Universidad del Valle

Jaque mate al olvido: las 64 casillas de don Adison López

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Adison López conoce bien lo que significa sentirse acorralado, tanto en un tablero de 64 casillas como en las peripecias de una vida que lo llevó de las oficinas de la ONU en Venezuela a las calles de Cali tras perder su empleo formal. Hoy, sin una pensión que lo respalde, este ajedrecista empírico de manos tremulantes pero seguras lidera un club callejero de guadua y estuco donde enseña que la derrota es solo una oportunidad más para aprender. En su puesto de la carrera 99, don Adison demuestra que el ajedrez no es un pasatiempo para élites, sino una herramienta para moldear el carácter y tejer comunidad en medio de la celeridad y el anonimato de las calles.

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Por: Juan José Pinzón

Sobre el andén de la carrera 99, poco antes del punto donde se intercepta con la autopista Simón Bolívar, en el extremo sur de la ciudad de Cali, se encuentra el club de ajedrez callejero de don Adison López.

El club está situado detrás del centro comercial de la antigua 14 del Valle del Lili (hoy el Éxito de Valle del Lili), lugar de referencia de esta zona de la ciudad, justo al frente de un lote baldío que pertenece a los predios del centro comercial y que suele alquilarse por temporadas a circos y parques de atracciones. Hace poco, entre mayo y julio de 2025, estuvo allí el famoso circo de los hermanos Gazca de México, que con sus juegos de luces de colores y la monumentalidad de su carpa parecieron acrecentar la singularidad del puesto de don Adison.

En la que ha sido la gran zona de expansión de la ciudad en los últimos años, edificios de apartamentos se alzan hacia el cielo y dominan el paisaje. Frente a una valla publicitaria de la constructora Marval – una de las principales artífices del crecimiento inmobiliario en el sector- que anuncia el uso de un nuevo material (“Níquel: nace un nuevo elemento”), contrasta visiblemente el puesto de don Adison, de estructura de guadua y madera, y mesas de ajedrez artesanales hechas de estuco y cemento. Los automóviles que se precipitan a toda prisa, día y noche, y los novedosos autobuses 100% eléctricos del sistema de transporte público que transitan a lo largo de la carrera 99, hacen de espacio un remanso en medio de esta zona de tan acelerado desarrollo.

Puesto de ajedrez de Don Adison López. Fotos: Juan José Pinzón

El par de mesas de patrón ajedrezado, el termo de tinto junto con dulces y cigarrillos exhibidos en una pequeña chaza montada sobre su bicicleta, y la música popular que suena en una vieja radio conectada a un poste de energía contiguo, resultan sin duda llamativos e invitan a quien pasa a detenerse y contemplar. En las horas de mayor calor, la sombra fresca de la acacia bajo la cual se asienta el puesto de don Adison parece un oasis de hospitalidad en medio del concreto.

Siempre paso en mi bicicleta frente al puesto de don Adison cuando tomo la carrera 99 de camino a la Universidad, y siempre me ha parecido un lugar interesante. Cuando le hablé acerca de la posibilidad de escribir esta crónica, fui acogido al instante como un integrante más del club. Recién llegado me ofreció un vaso de tinto y un lugar donde sentarme. Fui observando cómo con el correr del tiempo iban llegando personas de todos los orígenes y las edades. Todos se saludan con fraternidad y el ambiente en el club se siente en general como el de una gran familia. Algunos que, como yo, un día se acercaron a observar con curiosidad y ahora llevan meses, otros años, frecuentando el club.

Antes de que conversáramos tuve la oportunidad de observarlo mientras jugaba una partida rutinaria con uno de sus compañeros contemporáneos. Se da comienzo al juego y ambos dan inicio a un diálogo pausado y silencioso por medio del tablero. El patrón marcado de las venas de las manos de don Adison y las casillas rascadas del tablero de ajedrez evidencian el rastro de muchas partidas jugadas… Sus manos se mueven tremulantes, pero con seguridad.

En esta partida deciden apostar. La mano de don Adison menea las monedas mientras la otra sostiene el vaso de tinto. Ejecuta rápido su movimiento y luego espera con paciencia la réplica de su contrincante. En las instancias de una partida enconada en la cual él cuenta ya con una leve ventaja, la tensión se disimula por ambos jugadores, pero se siente en el ambiente; en una jugada veloz y calculada don Adison asesta brillantemente con el caballo y mata al rey. Jaque mate.

Lleva jugando ajedrez casi 50 años, y actualmente cuenta con 65. Me lo confesó en la entrevista que tuvimos después de la partida. Don Adison López nació en Cartago, Valle del Cauca. Vivió su infancia entre Tuluá, Cali y Cartago, en las casas de su padre, su madre y su abuela, por eso califica a su familia como una “familia nómada”. Es un ajedrecista empírico. Empezó a jugar a los 14 años, gracias a Carlos Becerra, un amigo de la infancia, quien le enseñó a jugar y fue su primer gran contrincante. Recuerda que entonces jugaban al ajedrez con piezas hechas de papel. Al principio cuenta que su amigo Carlos siempre le ganaba. Me confiesa que por más que lo intentara, era casi imposible para él. Pero el día en el que por fin logró ganarle, a pesar de la incredulidad de su amigo frente a su victoria, se sintió seguro de sí mismo; ese día sintió que podría llegar a ganarle a cualquiera.

En su juventud, a la edad de 19 años, trabajó en Levapan, la reconocida empresa colombiana de producción de levadura y otros productos para panadería, en su sede en Tuluá, Valle del Cauca. Seis años después fue trasladado a la sede de la misma empresa en Barquisimeto, Venezuela, en una época en que aún se vivía prosperidad económica en ese país. A raíz de malas decisiones que lo desviaron del que hasta entonces se trazaba como su camino, estuvo preso en Venezuela un año y medio. Cuenta que aún en la cárcel jugaba al ajedrez.

Después de cumplir su condena, trabajó varios años como personal de vigilancia en las oficinas de la ONU en Barquisimeto, se casó y tuvo tres hijos. A los 46 años, por razones de fuerza mayor volvió a Colombia, a la ciudad de Cali. Trabajó varios años en la sección de mantenimiento y servicios varios de distintos centros comerciales de la ciudad, como Holguines, Unicentro o Cañaveralejo. Ahí tuvo oportunidad de aprender otras habilidades como electricidad, limpieza, decoración y tapicería. Cuando llegó a cierta edad, dejaron de contratarlo y se vio en la obligación de encontrar otra ocupación.

En este sector de la ciudad lleva aproximadamente ocho años. Empezó con un kiosco y un único tablero de ajedrez, vendiendo productos en su chaza y pasajes para el MIO (el medio masivo de transporte que opera en la ciudad). Después de un incidente que calcinó su kiosco en circunstancias misteriosas aún sin resolver, y por el cual nadie le respondió, tuvo que recomenzar su proyecto, esta vez con el puesto de guadua y mesas de estuco y cemento, en el que lleva ya más de dos años.

Vive en Ciudad Meléndez, al extremo sur del barrio Valle del Lili, en un apartamento que una de sus hermanas, que reside en el extranjero, ayuda a sostener para él y su madre. Escogió este lugar para desempeñar sus actividades porque aparte de resultar cercano, le parece muy tranquilo.

No cuenta con una pensión. Alcanzó a cotizar solo 900 semanas, poco más de la mitad de las 1300 que un cotizante hombre necesita a través del sistema público de pensiones en Colombia o las 1500 del sistema privado. Para que le reconocieran el tiempo que había cumplido, empezó un proceso legal con un abogado y obtuvo su liquidación pensional; sin embargo, el dinero obtenido no fue suficiente para subsistir los años venideros. Desde entonces se vio en la necesidad de buscar alternativas para ganarse la vida, y fue por eso que emprendió el proyecto de la chaza y el club de ajedrez. Dice que es importante para él ocupar el tiempo y generar ingresos.

Según datos del DANE y del Consejo Privado de Competitividad, como don Adison López, cerca del 70% de la población mayor en Colombia (8,1 millones de personas) no está cubierta por el sistema de pensión contributiva: estos son cerca de 5,6 millones de adultos mayores. Según proyecciones del estudio “Sueños y Realidades 60+”, para el 2026 se estima que el 60% de los adultos mayores en las 11 principales ciudades del país, como Santiago de Cali, no cuenta con ingresos estables, lo cual los lleva a depender de terceros o del llamado “rebusque” para subsistir.

Entre las principales causas de este problema se encuentra la informalidad laboral. Los estudios citados coinciden en que el sistema de pensiones en Colombia está desconectado de la realidad de un país que exhibe a día de hoy entre un 55 y un 60% de informalidad laboral a nivel nacional. Otra de las causas principales de este fenómeno es la brecha en el acceso a oportunidades laborales con base en el rango de edad preferencial para trabajadores en el mercado del trabajo. Según estudios del Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario, una persona que pierde su empleo formal después de los 50 años de edad enfrenta dificultades significativas para reincorporarse al sistema laboral, más que en cualquier otro momento de su vida, lo cual interrumpe súbitamente sus contribuciones en las fases finales de su proceso de cotización, como le sucedió a don Adison López.

La reforma pensional propuesta por el gobierno de Gustavo Petro (Ley 2381 de 2024) busca mitigar estos problemas mediante una estrategia subsidiada llamada “Pilar Solidario”, que aspira a cubrir a los adultos mayores en condiciones de pobreza y excluidos del sistema de pensiones mediante un apoyo mínimo del Estado. Consiste en brindar una renta básica ($223.000 COP ajustable a la inflación) para los adultos mayores sin pensión (hombres mayores de 65 años y mujeres mayores de 60 años) pertenecientes al Sisbén (grupos A, B hasta C3). Para quienes hayan cotizado cierto número de semanas, la reforma propone el “Pilar Semicontributivo” por medio del cual aquellos contribuyentes que hayan cotizado entre 300 y 1.000 semanas, ya no recibirán simplemente una devolución de saldos, que fue la figura jurídica aplicada en el caso de don Adison López, sino que el Estado convertirá ese monto en una renta vitalicia mensual, otorgando además un subsidio adicional sobre el saldo ahorrado (20% para hombres y 30% para mujeres) para que esa renta sea un poco más digna. La nueva ley, aunque aprobada oficialmente el 16 de julio de 2024 por sanción presidencial, entró en vigencia mediante implementación progresiva el 1 de julio de 2025 no sin antes enfrentar desafíos jurídicos ante la Corte Constitucional, la cual ha señalado vicios de forma en su aprobación (como la falta de debate suficiente en la Cámara de Representantes al acoger el texto del Senado) o ajustes técnicos que impiden su plena operatividad. Está por verse si en 2026 la reforma pensional, cuya operatividad es uno de los principales temas de análisis y de debate en lo que queda de mandato del gobierno Petro,solucionará a los principales problemas del sistema de pensiones en Colombia.

Don Adison López jugando una partida de ajedrez. Fotos: Juan José Pinzón

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Para don Adison el ajedrez es una alegoría de la vida: “Todo lo que usted siente jugando ajedrez, todo eso se vive en la vida real”. Entendida la vida como un acto de supervivencia, el ajedrez es para don Adison una práctica vital, un ejercicio constante de defensa contra la propia muerte. La palabra “partida”, que designa un juego individual, es al mismo tiempo una metáfora de la misma muerte: aquel final inexorable para todos que es precisamente esa partida” sin retorno…

—¿Por qué se le dice “partida”? Porque se va... Cuando uno muere es el momento de “la partida”…— dice.

Mientras hablamos, me explica una jugada con la ficha del caballo que un día le enseñó su amigo Alberto, un integrante más del club. Vacía el tablero de la mesa en torno a la cual estamos conversando y reorganiza las fichas blancas en su sector correspondiente. Entonces empieza a saltar las casillas con el caballo, de L en L, comiéndose cada vez una ficha distinta del tablero hasta volver a la misma casilla inicial desde la cual empezó: con el caballo se pueden recorrer todas las casillas del tablero. Un secreto no muy evidente, pero bastante útil una vez se lo conoce. Mientras reorganiza las fichas, me sigue comentando:

—En el ajedrez también hay reos, hay atrapadas. Como las personas que no se pueden mover, que están presas. Así le pasa muchas veces a los alfiles y a los caballos. Haga de cuenta que se está en la cárcel. Si usted quiere volarse, lo matan — apunta.

Tablero de ajedrez en el puesto de don Adison López. Foto: Juan José Pinzón

Quizá pocos juegos tengan la capacidad de recrear de manera tan vívida situaciones y emociones de la vida real como lo hace el ajedrez: la ambición, el miedo, la angustia, la valentía… Es por eso que a lo largo de nuestra entrevista me recalca varias veces la importancia de la misma idea: “el ajedrez no es un simple juego”.

—Hay momentos en los que usted pierde el control con el ajedrez: a usted le tiembla la mano, usted cambia de personalidad, no se siente bien cuando está perdiendo. Uno se siente acorralado. Parece que en ese momento usted está muerto…— señala.

En medio de nuestra conversación, don Adison continúa con su reflexión acerca de las similitudes entre el ajedrez y la vida. Recuerda los vericuetos de su vida y en especial de su juventud. Evoca un par de estrofas del poema El Preso, del poeta venezolano Andrés Eloy Blanco, y las declamó ante mí para ilustrar lo que él puede llegar a sentir cuando juega al ajedrez:

“Se lo llevaron del rancho
entre gallos y maitines;
adelante las peinillas,
a los lados los fusiles.

Mató por desesperado;
mató como mata el tigre
cuando lo acorrala el hambre
y el cazador lo persigue.

Anduvo huyendo y huyendo
por los chaparrales vírgenes,
entre dos sustos de muerte,
entre dos jefes civiles.

Mató porque le quitaron
la mujer y los “posibles”,
y al reclamo, dos planazos
y a la maldición, dos chistes.

Pero mató en una noche
en que matar no es un crimen”.
[…]

 Fragmento del poema El Preso, de Eloy Andrés Blanco 

Don Adison recalcó que a pesar de las diferencias de edad o de clase entre los integrantes del club, o de los desencuentros que pueden surgir entre dos contrincantes tras una partida enconada y una subsiguiente derrota, en el club de ajedrez nunca han ocurrido problemas. Para don Adison, la conducta es lo más importante y cree firmemente en el potencial que el ajedrez tiene para moldear la conducta. Cuando estuvo en prisión fue testigo del efecto positivo del ajedrez en los presos.

En efecto, contribuye a manejar el carácter, favoreciendo posturas como el pensamiento razonado y reflexivo frente a la toma de decisiones basada en la fuerza bruta o la impulsividad. De hecho, ha sido introducido con éxito de manera terapéutica en programas de rehabilitación de convictos en diversas cárceles alrededor del mundo. Los resultados del estudio “Ajedrez en las Cárceles” de la Universidad de La Laguna, España, de 2024, demostraron una mejora significativa en la capacidad de planificación y control de la impulsividad en convictos que jugaban al ajedrez con respecto a los que no, en centros penitenciarios en Tenerife. El estudio concluyó que “el ajedrez obliga al convicto a detenerse y pensar antes de actuar, una habilidad que suele estar ausente en perfiles con conductas delictivas impulsivas. El tablero actúa como un simulador de la vida donde cada decisión tiene una consecuencia inevitable”. De este modo, el ajedrez ayudaría al convicto a controlar sus impulsos y a medir las consecuencias de sus decisiones de acuerdo con cada situación, no solo dentro del juego, sino también en la vida real. “El ajedrez no es para ganar o perder: es para medir tu capacidad en el momento”, afirma don Adison.

En Colombia, el “Torneo Nacional del Ajedrez para Personas Privadas de la Libertad” implementado por el INPEC en distintos centros de reclusión a nivel nacional ha dado resultados satisfactorios en los últimos años. Los reportes destacan la participación significativa de los reclusos: más de 400 en las diferentes ediciones del torneo en los años 2022, 2023 y 2024 provenientes de cárceles de todo el país como La Picota o El Buen Pastor. El programa “Ajedrez para la Libertad” de la Federación Internacional de Ajedrez de la cual Colombia hace parte, ha destacado la participación de Colombia en distintos torneos internacionales y ha resaltado testimonios que internos colombianos han dado acerca de la transformación de su conducta y el rol que el ajedrez ha adquirido en centros de reclusión como una herramienta eficaz de reducción de penas y aplicación de la llamada “justicia restaurativa”, un modelo jurídico que se preocupa no solo por el castigo al infractor sino por la reparación de la víctima, el infractor y la comunidad, mismo modelo aplicado en las sanciones de la JEP (Jurisdicción Especial para la Paz) y clave para la construcción de una paz estable y duradera en Colombia.

Una vez más don Adison me reafirma la importancia de una idea anterior: “La gente suele decir que el ajedrez es un simple juego. Pero el ajedrez no es un juego, es una herramienta”. Don Adison me hizo ver que el ajedrez puede enseñarnos a afrontar las adversidades de la vida con sabiduría y calma, recordándonos que, a pesar de la derrota, siempre podemos aprovechar cada partida para aprender algo nuevo y volver a intentarlo: “en el ajedrez, como en la vida, puedes aprovechar la pérdida, la derrota constantemente”.

Don Adison López jugando una partida de ajedrez. Foto: Juan José Pinzón

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En este lado de la ciudad todo es regular y uniforme. Por tratarse de una zona residencial, predominan los condominios y los conjuntos cerrados; las calles son largas y no hay algo mucho que ver además de columnas de apartamentos a ambos lados de la calle. Para la experiencia de un caminante promedio, por más que se desplace, da la sensación de estar en un mismo lugar. El transeúnte carece de la posibilidad de expresar su individualidad y compartir con otros – donde permanecer y pertenecer –. Es precisamente por eso que el puesto de don Adison es tan llamativo, pues resulta un bastión de cultura popular y de integración social en una zona donde el rastro de estas manifestaciones se ha borrado… Y por ello resulta, ante todo, un bastión de resistencia.

En el lugar se reúnen personas de todas las edades, orígenes y clases sociales: el profesional, el pensionado, el repartidor de domicilios, conductores de MIO, taxistas, viejos, jóvenes, ciudadanos de a pie e incluso policías. Aquí la máscara de anonimato que imponen las calles se desmonta y todos son iguales. El lugar se convierte en espacio de reunión y de intercambio, y nos recuerda que son más las cosas que nos identifican que las que nos diferencian.

Los que asisten al club, aparte de hacerlo con la intención de pasar un rato jugando al ajedrez o compartiendo con otros, le colaboran económicamente con su labor, comprándole café, alguno de los productos de su chaza, o dejándole una pequeña contribución como ayuda simbólica. Pero don Adison reitera que más que un trabajo, el ajedrez es para él una pasión, y recalca que lo que él hace con el ajedrez es ante todo un servicio.

Y es que la labor que don Adison desempeña en el lugar es mantener viva una tradición que en los últimos años está cayendo en el olvido: el ajedrez. Según la encuesta de consumo cultural del DANE de 2024, en las principales ciudades del país en los últimos cinco años  el consumo de contenidos audiovisuales y de juegos de video superó en un 20% a las prácticas de juegos de mesa tradicionales. Es decir, el ajedrez tradicional sobre mesa en clubes experimenta un retroceso frente a alternativas digitales y de nuevas tecnologías; un estudio de la Universidad EAFIT del año 2024 subraya que alrededor del 84% de los nuevos jugadores de ajedrez en Colombia aprenden y entrenan de manera casi exclusiva de modo online, en plataformas como lichess.org o chess.com. Asimismo, se registró una disminución masiva de la asistencia de jóvenes a clases magistrales en clubes de ajedrez tradicionales en las principales ciudades del país, como Bogotá o Medellín, prefiriendo algoritmos de entrenamiento de IA que ofrecen resultados inmediatos. Dejando de lado las ventajas didácticas y de accesibilidad que ofrece el aprendizaje online del juego, la naturaleza de las nuevas tendencias hace que se pierda la experiencia social e integradora en sitios presenciales de enseñanza, práctica y divulgación del juego. En el club de don Adison se reúne tanto gente mayor que aún mantienen viva la tradición del ajedrez como jóvenes que admiran la labor de este hombre, un maestro para todos ellos.

Don Adison expresa el deseo de que el espacio permanezca, aún después de que él ya no esté: “Que la gente siga viniendo, que se mantenga la costumbre… Esto no es mío, es de ustedes. A mí lo que me interesa es ocuparme”.

Repasando las cosas buenas que le ha traído el ajedrez, don Adison recuerda las personas que ha conocido gracias al club en los últimos años. Uno de ellos fue un querido amigo que le ayudó a hacer las mesas después del incendio de su kiosco hace más de 2 años: Samuel Vernate, productor musical, de 40 años.

Otra gran persona es su amigo Edison Ibarra, a quien don Adison se suele referir con el apelativo de “maestro”. Se conocieron un día en que Ibarra caminaba por el sector y quedó fascinado por la labor que don Adison desempeñaba jugando y enseñando ajedrez al aire libre. Esa vez jugó con ellos y les enseñó distintas técnicas. Resulta que el señor Edison Ibarra era un profesor con varios libros publicados de ajedrez y un canal de YouTube de divulgación y promoción del ajedrez (Ajedrez con Propósito, canal de YouTube: https://www.youtube.com/@ajedrezconpropositoEdinsonibar). Se adhirió al club al instante y a partir de entonces se hicieron buenos amigos. Ambos han tenido oportunidad de aprender el uno del otro. Recientemente, en 2022, publicó su último libro, Gambito Stafford, en el que en un apartado se explica el secreto de la ficha del caballo que el señor Alberto enseñó a don Adison, y que él me enseñó a mí en un momento anterior de la entrevista.

Uno de los aspectos más interesantes del libro es que está concebido también para un público infantil. Tanto el profesor Edison Ibarra como don Adison López confían en el potencial que el ajedrez puede tener en los más chicos. “Los niños tienen una mente más amplia”, afirmó don Adison, resaltando la capacidad de los niños para aprender más fácilmente, más aún teniendo en cuenta los aprendizajes que pueden ser especialmente útiles para ellos. Los estudios más recientes resaltan los efectos positivos que la práctica del ajedrez puede tener para niños y niñas en el ejercitamiento de las funciones ejecutivas, que son los procesos mentales encargados de la planificación, el direccionamiento de la atención y el recuerdo de instrucciones. Un estudio de Gonzalo Grau-Pérez y Karen Moreira de la Universidad de la República demostró que los niños practicantes de ajedrez tienen una mejor inhibición, lo cual se traduce en un mejor control de impulsos o respuestas automáticas frente a distintas situaciones de la vida diaria, a favor de una consideración concienzuda y sensata de otras alternativas; también se observó que los individuos estudiados se adaptan mejor y más rápido a cambios en las reglas establecidas o a situaciones inesperadas, lo cual se traduce directamente en el fortalecimiento de aptitudes para la vida como el carácter, la inteligencia o la resiliencia. “El ajedrez puede enseñar temas tácticos para la vida: el momento de espera, la paciencia, el control y el fortalecimiento del carácter, la formación de la valentía, la enseñanza de una defensa pacífica y estratégica…”, afirma don Adison.

Lo que aspiran con el libro es donarlo a las escuelas y que se le enseñe el ajedrez a los niños desde edades tempranas. Por ejemplo, se demostró que las ventajas que tiene la práctica del ajedrez en diferentes aptitudes para sobrellevar situaciones de la vida diaria identificadas en el estudio de Grau Pérez y Moreira tienen un efecto directo en la resiliencia académica de niños y niñas. Estudios de ChessBase y la Universidad Nacional de Loja de Ecuador (2025) reportan una mejora de hasta el 17% en resultados académicos globales en niños que practican ajedrez de forma constante, así como la activación sobresaliente del hemisferio izquierdo del cerebro, encargado de tareas implicadas en lógica, procesamiento verbal y pensamiento analítico, lo cual se traduce directamente en una mejora significativa en el desarrollo académico de los infantes, especialmente en áreas como las matemáticas o la comprensión lectora. Con este proyecto el profesor Edison Ibarra y don Adison López buscan derribar el paradigma de que el ajedrez es solo un juego para adultos o para gente mayor: “El ajedrez es tanto para los niños como para la gente mayor. Y desde niños queremos que piensen así. Eso es lo que necesitan los colombianos”.

La experiencia en el club de don Adison me revela el potencial del ajedrez como una herramienta para conocer nuevas personas y fortalecer la noción de comunidad. Para el final de la entrevista miré a mi alrededor y el puesto estaba lleno de integrantes que habían ido llegando al club en el transcurso de nuestra conversación. Aquello me reafirma una vez más el carácter integrador del ajedrez en esta zona de la ciudad: “Si no fuera por esto [el ajedrez], esto estaría solo”, exclamó don Adison. “Las personas interactúan, se conocen, hacen negocios por medio del ajedrez”.

Pero esta es una herramienta que no admite prejuicios: el ajedrez trae sorpresas. Uno no cree que una persona demasiado mayor o una demasiado joven puedan jugar lo suficientemente bien al ajedrez. Pero cada contrincante es único e irrepetible, lo cual hace a cada partida en cierto sentido imprevisible. La desmedida confianza en uno mismo es muchas veces la causa de una derrota, lo mismo que la subestimación del contrincante con base en prejuicios como la edad o la apariencia: “Con el ajedrez no hay que tener paradigmas”, fue una frase repetida muchas veces por don Adison a lo largo de nuestra entrevista. El mejor jugador del club, por ejemplo, es un repartidor de mi misma edad (23 años) que ha logrado salir invicto de partidas jugadas con todos los demás integrantes, hasta con los mayores y más experimentados del grupo.

Dentro del club hay varios egresados de la Universidad del Valle, como abogados e ingenieros. La hija de don Adison también es univalluna, como yo. Estudió Administración de Empresas en la sede Tulúa de la Universidad del Valle. Quien hubiera pensado que en torno al ajedrez nos terminaríamos conociendo: un maestro del ajedrez y un amigo más de la Universidad del Valle.

Piezas de ajedrez en el puesto de don Adison López. Foto: Juan José Pinzón

Bibliografía:


Grau Pérez, Moreira, (2017) Estudio del impacto del ajedrez sobre las Funciones Ejecutivas en niños de edad escolar, Universidad de la República (https://www.tandfonline.com/doi/figure/10.1080/02109395.2017.1295578?scroll=top&needAccess=true)