Escuela de Comunicación Social
Universidad del Valle

Formación secundaria y profesional en Riofrío (Valle del Cauca): ¿una deuda pendiente con la juventud?

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¿Qué opciones tienen los jóvenes que deciden quedarse en el municipio de Riofrío? En este informe exploramos el panorama de educación secundaria en este municipio, mostrando algunas de sus principales problemáticas y las razones que explican por qué muchos estudiantes deciden no terminar el bachillerato. Además, abordamos la escasa oferta de educación superior para los jóvenes del municipio y las razones por las que, en una región tan próspera, muchos deben emigrar para continuar sus estudios. ¿Qué está haciendo Riofrío para cambiar esta situación?

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Por: María Victoria Delgado


A pesar de su riqueza cultural y cafetera, los jóvenes del municipio de Riofrío, ubicado en el corazón del Valle del Cauca, enfrentan dos grandes problemáticas educativas: la notable deserción en secundaria – cercana al 40 %- y la casi inexistente oferta de educación superior. A estas dificultades se suma que de los 16 mil habitantes que en promedio tiene este municipio, casi la mitad – el 45,8 % – corresponde a niños y jóvenes. En síntesis, a pesar de constituirse en un grupo mayoritario, las oportunidades educativas adecuadas para este grupo etario son escasas.

El sistema de educación media de este municipio está conformado por cinco colegios (ver la tabla), uno de ellos ubicado en la cabecera municipal, y los cuatro restantes en los corregimientos del municipio: Portugal de Piedra, Salónica, La Zulia y Fenicia.  Todos de carácter público. De acuerdo con el documento Relación de Instituciones 2024, de la Secretaría de Educación de Riofrío, el colegio con mayor número de estudiantes- 346 alumnos- es el Primitivo Crespo, ubicado en la cabecera municipal; en contraste, los demás colegios – ubicados en los corregimientos del municipio-  tienen un promedio de 169 estudiantes por institución. 

Fuente: Elaboración propia a partir del documento “Relación de Instituciones 2024”, suministrado por la Secretaría de Educación Municipal.

Esta diferencia podría estar relacionada con la centralización de servicios en la cabecera municipal, lo que impulsa a las familias a inscribir a los adolescentes en este colegio por la percepción de que ofrece mejores oportunidades o recursos que los ubicados en las zonas rurales. 

Así lo expresa María del Carmen Ramírez, habitante de la vereda El Dinde, en el corregimiento de Salónica: “Yo tengo una niña de 13 años y la tenía en el colegio de acá y a veces venían sus primos de la cabecera a visitarnos, o se ponían a hablar de cosas del colegio, y mi niña no sabía de esos temas. Me decía que eso no lo veían en clase. Entonces, yo preferí pasarla para Riofrío, porque allá en el Primitivo Crespo tienen mejor educación. Ella ya está aprendiendo más. Uno se da cuenta que allá si están más adelantados y que tienen más oportunidades”.

Esta diferencia también podría reflejar el movimiento demográfico hacia el área urbana, donde las familias buscan más acceso a servicios educativos y otros beneficios asociados a vivir en el centro del municipio. José Antonio Torres, un agricultor de 45 años, es un claro ejemplo de esta tendencia. Hace dos años decidió mudarse con su familia desde el corregimiento de Fenicia a la cabecera municipal de Riofrío, buscando mejores condiciones de vida: “Nos vinimos porque en Fenicia las cosas eran complicadas. En el colegio de allá, mis hijos no aprendían lo mismo que los niños del colegio de Riofrío, y uno empieza a notar la diferencia en lo que cuentan. Pero también pesaba todo lo demás: si alguien de la familia se enfermaba, era mejor traerlo a Riofrío porque en la vereda no hay atención médica cercana. Para comprar algo que no fuera comida, teníamos que ir hasta Riofrío o, a veces, hasta Tuluá. Aquí estamos más cerca de todo: el hospital, más tiendas, y además hay más opciones de trabajo. La vida en el campo es tranquila, pero uno siempre busca mejores oportunidades para la familia”.

Fuente: Fotografía propia/Colegio Primitivo Crespo.

Los desafíos en la deserción escolar

Otro dato relevante que se desprende del registro es la concentración de alumnos en los grados sexto y séptimo, donde se observa una mayor matrícula en comparación con otros niveles educativos. A pesar de esto, un problema significativo es el índice de deserción escolar. A partir de un análisis del documento enviado por la Secretaría de Educación de Riofrío, se puede calcular que este equivale al 38,6 % entre los grados sexto y undécimo.

El contexto económico del municipio juega un papel clave en la deserción escolar. La economía de Riofrío se basa principalmente en la agricultura, con cultivos como el café, el plátano, la caña de azúcar y algunos frutales, que predominan en las laderas que cubren gran parte de su territorio. Este municipio también cuenta con actividades ganaderas, aunque en menor escala, y una creciente vinculación al sector azucarero, gracias a su cercanía al ingenio azucarero Carmelita. En áreas rurales como Riofrío, muchos jóvenes se ven obligados a abandonar la escuela para contribuir al sustento familiar a través del trabajo, ya sea en el campo o en industrias cercanas, como el sector azucarero y el Ingenio Carmelita. Esta situación la vivió Alejandro Gómez, un joven de 17 años, de Fenicia, que abandonó sus estudios después de cursar hasta octavo grado para ayudar a su familia. Sus padres se dedican a la recolección del café, y a menudo enfrentan dificultades económicas que les impiden cubrir los gastos básicos del hogar. 

“A veces no había ni para comer, y eso me preocupaba mucho. Un día, después de clases, volví a mi casa y vi a mi mamá llorando. Le decía a mi papá que no sabían qué iban a hacer, que el dinero no alcanzaba para nada, y que ella quería que mi hermano y yo estuviéramos bien. Entonces, sentí que tenía que hacer algo. Quería seguir estudiando, pero no podía dejar que ellos se preocuparan por mí. Así que tomé la decisión de dejar el colegio, ayudar en la finca y trabajar en lo que pudiera. Me dolió, porque me gustaba estudiar y estar con mis amigos, pero sentí que era lo correcto. A veces extraño el colegio, pero sé que estoy haciendo algo importante por mi familia. Sé que cuando sea mayor de edad, conseguiré un trabajo donde me paguen más y tal vez podré volver a estudiar”.

Otro factor importante es la falta de una oferta educativa amplia a nivel superior en el municipio. Con una formación profesional restringida mayormente a carreras técnicas o tecnológicas, muchos estudiantes no ven un incentivo para continuar con sus estudios, ya que las oportunidades de desarrollo académico o profesional más allá del bachillerato son escasas.

Lo anterior puede generar la percepción de que terminar la secundaria no les ofrecerá mayores oportunidades laborales, lo que contribuye a su decisión de abandonar la escuela. Carolina Jiménez, una joven de 19 años de la vereda Portugal de Piedras, es una de los muchos adolescentes que comparten la idea de que la educación no es imprescindible para el progreso personal. “Yo veía a gente que no tenía muchos estudios, pero igual trabajaban y ganaban dinero. Entonces, cuando estaba en séptimo, le dije a mi mamá que no quería seguir estudiando. No le veía mucho sentido, porque acá en el pueblo tampoco hay muchas opciones para seguir más adelante. Así que dejé el colegio y me puse a trabajar pelando verduras en una tienda. Ahora estoy ayudando con los gastos de la casa y siento que está bien así. No sé si más adelante vuelva a estudiar, pero por ahora, estoy tranquila con mi decisión”.

Este fenómeno también está determinado por la falta de orientación vocacional y apoyo educativo adecuado en las instituciones locales. Muchos estudiantes no cuentan con un plan claro sobre cómo aplicar sus estudios a una carrera futura, lo que aumenta la desmotivación y, por ende, el abandono escolar. A esto se suma la falta de recursos en los colegios, especialmente en zonas rurales, donde la infraestructura y el acceso a tecnologías educativas son limitados, haciendo que la experiencia educativa sea menos atractiva y efectiva. 

Las consecuencias de la alta deserción escolar en Riofrío son profundas y pueden afectar la vida de los jóvenes en múltiples niveles. Esta situación repercute en su desarrollo académico y además, limita sus oportunidades a nivel social. Gustavo Adolfo Rubio, doctor en educación y director del Instituto de Formación Técnica y Profesional (ITA), ubicado en Guadalajara de Buga, explica: “la deserción escolar es un fenómeno que impacta gravemente no solo en la trayectoria educativa de los jóvenes, sino también en su desarrollo integral como individuos. Al abandonar la escuela, estos jóvenes se ven privados de habilidades y conocimientos fundamentales que son esenciales para el mercado laboral actual, lo cual incrementa su vulnerabilidad ante la pobreza y los expone a un mayor riesgo de involucrarse en actividades delictivas y a situaciones de exclusión social. Además, la falta de formación académica limita su capacidad para participar plenamente en la sociedad y contribuir al desarrollo de su comunidad. Sin un acceso adecuado a la educación, el futuro de estos jóvenes se vuelve incierto, afectando tanto su bienestar personal como el progreso social y económico del municipio”.

En este contexto, el número de graduados del Colegio Primitivo Crespo se convierte en un indicador crucial del estado educativo en la región. Este colegio ha sido fundamental para formar a las nuevas generaciones, pero enfrenta el reto de asegurar que sus estudiantes no solo finalicen su educación secundaria, sino que también se preparen adecuadamente para las exigencias de la educación superior.

De acuerdo con un oficio emitido por la Secretaría del Colegio, los datos de los graduados en los últimos cinco años muestran una tendencia fluctuante, lo que sugiere desafíos en la continuidad educativa. Además, los resultados de las pruebas ICFES (Saber 11) en este período, obtenidos del registro histórico del ICFES, refuerzan esta realidad, evidenciando cómo el desempeño académico influye en las oportunidades de los jóvenes. A continuación, se presentará una tabla que relaciona estos aspectos.

Fuente: Elaboración propia realizada a partir del oficio de la secretaría del Colegio Primitivo Crespo y el histórico de las Pruebas Saber 11

Los datos evidencian una realidad preocupante en el sistema educativo del municipio de Riofrío. A lo largo de los últimos cinco años, el promedio de los puntajes del ICFES en el municipio ha sido de 231.4 puntos, mientras que el promedio del Valle del Cauca se ha mantenido en 245.4 puntos, una diferencia constante de 14 puntos. Este rezago en los resultados académicos sugiere que, pese a los esfuerzos locales, los estudiantes de Riofrío están enfrentando dificultades importantes para alcanzar el nivel educativo promedio del departamento.

El impacto de esta brecha educativa es significativo: los jóvenes que se gradúan en Riofrío están menos preparados en comparación con sus pares del resto del Valle, lo que limita sus oportunidades de acceder a estudios superiores o a empleos de mayor cualificación. Además, la variabilidad en el número de graduados —con un promedio de 46.2 por año— refleja la inestabilidad en la continuidad escolar. Estos datos sugieren que la deserción escolar sigue siendo un problema estructural que afecta directamente el futuro de los jóvenes, quienes, al no completar su formación con las competencias necesarias, ven reducidas sus posibilidades de movilidad social.

“¿Y ahora dónde voy a seguir estudiando?”

Esa fue la pregunta que Yohan Esteban Patiño, un joven de 22 años, se hizo al terminar el colegio en su pueblo natal, Riofrío. Desde joven, sabía que quería dedicarse al área de la salud, pero pronto se dio cuenta de que su municipio no ofrecía ninguna opción académica para seguir ese camino. Aunque fue uno de los pocos estudiantes del municipio que obtuvo un buen puntaje en las pruebas ICFES, no logró acceder a una beca del gobierno, lo que complicó aún más su situación.

Sin universidades cercanas que ofrecieran la carrera que deseaba, Yohan tuvo que buscar alternativas en la ciudad de Tuluá. Gracias al esfuerzo económico de sus padres, quienes se comprometieron a apoyarlo pese a las dificultades, Yohan logró mudarse a Tuluá e ingresar a la Universidad Central del Valle (UCEVA), una institución con más de 50 años de presencia en la región. Allí empezó a cursar la carrera de Medicina, que tanto deseaba, pero pronto descubrió que vivir fuera de casa no solo traía retos académicos: “Después del primer semestre, mis papás se dieron cuenta de que eran muchos los gastos: la comida, el arriendo, los transportes… Todo se iba acumulando. Y la única fuente de ingresos en mi casa es mi papá, que trabaja en el ingenio azucarero, entonces a él ya no le daba el sueldo para ayudarme en todo y a mí tampoco me daba el tiempo para trabajar. Entonces decidimos que lo mejor era volver aquí a la casa en Riofrío y viajar a Tuluá todos los días, aunque fuera más desgastante, así podíamos ahorrar un poco y yo seguía con mis estudios”.

Como Yohan, muchos jóvenes en Riofrío se ven atrapados en este dilema. A pesar de su deseo de avanzar en su formación profesional, la falta de una oferta académica universitaria en el municipio les impone una difícil elección: migrar a otras ciudades (como Tuluá, Buga o Cali), con los altos costos que eso conlleva, o quedarse en su pueblo y estudiar carreras técnicas o tecnológicas que no siempre coinciden con sus aspiraciones. La historia de Yohan es solo una entre las muchas que evidencian las dificultades cotidianas de aquellos que buscan una educación superior en un lugar que parece no estar preparado para ofrecerla.

Los jóvenes que logran culminar el bachillerato en el municipio de Riofrío enfrentan un panorama limitado en cuanto a opciones de formación profesional. Una de las alternativas que tienen es migrar hacia otras ciudades como Tuluá en busca de mejores oportunidades educativas y laborales, como es el caso de Esteban Patiño. “Al principio, vivir lejos fue emocionante, pero luego me di cuenta de cuánto extrañaba a mi familia. Pasaban días sin verlos y la soledad me afectaba. Mis amigos no estaban aquí, y la carga académica de la universidad se volvía muy abrumadora. Pasaba mucho tiempo solo en mi cuarto, con un nudo en el estómago y hasta con ganas de llorar, tratando de concentrarme en mis estudios. Extrañaba mi casa y el apoyo de mis papás”, comenta Esteban. Esta tendencia de migraciones no solo provoca afectaciones a nivel individual, imponiendo costos económicos, sino también emocionales. Todo esto genera una fuga de talento que limita el desarrollo económico y social de Riofrío.

Fuente: Google Maps. Ruta de Riofrío a Tuluá.

Otra opción es acceder al SENA CLEM (Centro Latinoamericano de Especies Menores) de Tuluá, una institución fundada en 1979 que ofrece 14 carreras técnicas y 20 tecnologías, enfocadas principalmente en áreas administrativas y agropecuarias, lo cual se alinea con la realidad laboral de un municipio como Riofrío, donde los jóvenes encuentran en esos sectores productivos una de las pocas opciones de empleo. 

Sin embargo, muchos se ven limitados a empleos con baja remuneración y escasas oportunidades de crecimiento profesional. Una evidencia de esta situación es Bryan Steven Ochoa, un joven de 22 años oriundo de Riofrío, cuya historia da cuenta de las limitaciones y oportunidades a las que se enfrentan muchos jóvenes en municipios pequeños con una oferta educativa restringida.      

Bryan estudió en el colegio Primitivo Crespo y posteriormente culminó su bachillerato en el Colegio Julián Trujillo, en el vecino municipio de Trujillo. Al graduarse en 2019, como tantos jóvenes de su edad, se enfrentó a la difícil decisión de qué estudiar. A pesar de su interés en el campo y en áreas afines a la agricultura, Bryan no pudo acceder a una carrera universitaria debido a la falta de recursos económicos en su núcleo familiar.

Ante esta realidad, buscó opciones educativas más asequibles y halló en el SENA CLEM de Tuluá una oferta acorde con sus intereses. Se inscribió en la tecnología en Gestión de Empresas Agropecuarias, una carrera que le permitió adquirir conocimientos clave sobre el sector agrícola. Durante su etapa de prácticas, trabajó para Carmelita Corte, contratista del Ingenio Carmelita. Sin embargo, a pesar de haberse formado en un área demandada, al concluir su carrera, Bryan se enfrentó a una nueva barrera: la falta de oportunidades laborales en su campo de estudio. “Empecé a buscar trabajo en el sector agrícola. Fui a varias fincas, a una avícola y a otras empresas, pero ningún lugar tenía vacantes disponibles. La mayoría de las veces, me decían que no tenían plazas o que se necesitaba más experiencia. A pesar de haber hecho mis prácticas, la verdad es que no me fue fácil conseguir un empleo estable. Me sentí frustrado      porque había puesto mucho esfuerzo en mis estudios y esperaba que eso me diera alguna ventaja”.

Sin encontrar empleo relacionado con su formación tecnológica, Bryan recurrió a un contacto familiar que le ofreció trabajo en el área de topografía, un campo en el que no tenía experiencia previa. Aprendió de forma empírica en su primer empleo, lo que le permitió adquirir más habilidades y diversificar su perfil laboral. Un año después, fue contratado por el Ingenio Carmelita, en el área de topografía, donde empezó a devengar un salario mínimo, el ingreso habitual para la mayoría de los jóvenes del pueblo. Aunque las oportunidades laborales para Bryan no siguieron el camino directo que esperaba tras su formación en el SENA, su trabajo en el Ingenio le brindó la oportunidad de recibir una capacitación formal en topografía y obtener un certificado internacional.

“Estoy satisfecho con mi trabajo actual y mi formación, pero sí quiero hacer mi carrera profesional para seguir progresando”, expresa. Con esta meta en mente, decidió inscribirse en el Instituto de Educación Técnica Profesional (INTEP), una universidad que recientemente llegó a Riofrío y que ofrece carreras gratuitas. Una oportunidad que le permitirá consolidar sus conocimientos en el área agropecuaria y avanzar en su trayectoria profesional.

El caso de Bryan da a conocer la desconexión entre la formación técnica del SENA y las oportunidades laborales reales. Esto evidencia la necesidad de políticas que integren mejor la educación técnica con el mercado laboral local, garantizando una proyección profesional más sólida y sostenible para los jóvenes de esta región.

Según Diego Fernando Bolaños, ingeniero agrónomo y exsubdirector del SENA CLEM      “Aunque el SENA ha ampliado su oferta en áreas como la agroindustria, aún tenemos mucho por hacer para que los jóvenes de municipios como Riofrío encuentren empleos acordes con su formación. En Riofrío, al igual que en otras zonas rurales del Valle del Cauca, enfrentamos la dificultad de conectar a los egresados con oportunidades laborales locales, debido a la limitada presencia de empresas que ofrezcan espacios para estos talentos”.

Bolaños resalta que el SENA ha comenzado a llevar programas directamente a Riofrío, buscando acercar la formación técnica a los jóvenes sin que tengan que desplazarse a ciudades vecinas como Tuluá. “Hemos implementado cursos de formación y talleres en el municipio, especialmente en áreas agropecuarias, con el fin de facilitar el acceso a la educación técnica y brindarles herramientas aplicables en su entorno”, agrega Bolaños. Aunque esto representa un avance, el verdadero desafío radica en crear un tejido empresarial que pueda recibir a este talento emergente, evitando que la formación se convierta en un fin sin oportunidades claras para el desarrollo económico del municipio.

Fuente: Fotografía propia/ Bryan Ochoa midiendo el caudal de una acequia.

Avances educativos: ¿el primer paso para retener el talento joven?

El 24 de junio de 2024, la alcaldesa de Riofrío, Viviana Mena Zapata, anunció una alianza con el Instituto de Educación Técnica Profesional de Roldanillo (INTEP) para ofrecer nuevas opciones educativas a los jóvenes del municipio. El acuerdo contemplaba inicialmente dos carreras universitarias totalmente gratuitas: Contaduría Pública y Agroindustria, con el objetivo de mejorar el acceso a la educación superior en Riofrío. Sin embargo, un mes después, la alcaldesa informó que la carrera de Agroindustria comenzaría en 2025. Fue por ese motivo que en agosto se iniciaron las clases de Contaduría Pública, junto con la adición de Administración de Empresas.

De acuerdo con Leidy Fernanda Rubio, coordinadora local de estos programas académicos, actualmente hay 22 estudiantes matriculados en Administración de Empresas, 15 en Contabilidad y Costos, y ya se habían preinscrito más de 150 personas para el programa de Agroindustria, la mayoría de ellas adultas. En cuanto a los costos de las carreras, una cosa es lo que dice la alcaldesa y otra la realidad, pues los estudiantes deben pagar una matrícula de 11,050 pesos y una inscripción de 63,050 pesos, que deberán abonar cada semestre.

Fuente: Fotografía propia/ Estudiantes de Administración de Empresas del INTEP en Riofrío.

Para jóvenes como Natalia Valera, de 21 años, quien comenzó sus estudios en Administración de Empresas en agosto de 2024, esta oportunidad ha sido un cambio importante. “Al principio no sabía qué esperar, pero las clases me han gustado y los profes son muy cercanos; eso me ha ayudado bastante. Nunca pensé que podría estudiar una carrera universitaria porque no tengo buenos recursos, así que ha sido una gran oportunidad. Me siento muy motivada y valoro mucho poder estudiar lo que me gusta aquí”.

El INTEP, fundado en 1984, es una institución de educación superior pública que ha jugado un papel fundamental en la formación de jóvenes del norte del Valle del Cauca. Con sede en Roldanillo, una ciudad clave en la región por su enfoque en la educación y el desarrollo agrícola, se ha posicionado para atender a las comunidades rurales y pequeñas localidades, adaptando su oferta académica a las necesidades locales y contribuyendo al progreso de la zona. Este instituto ha ampliado su cobertura hacia municipios como Riofrío con el propósito no solo de aumentar la oferta académica, sino de generar un impacto directo en las oportunidades profesionales de los jóvenes locales.

Este avance es un indicio positivo en la búsqueda de soluciones a la histórica falta de opciones de formación profesional en el municipio. La apertura de estas carreras ofrece a los habitantes de Riofrío una nueva oportunidad para acceder a una educación que les permita mejorar sus perspectivas laborales en el contexto del municipio. Sin embargo, este avance, aunque significativo, no abarca la totalidad de las necesidades formativas de los jóvenes en la región. La oferta educativa actual se limita a áreas muy específicas, dejando de lado otros campos que también son cruciales para el desarrollo local. Carreras en humanidades, salud, o las ingenierías podrían ser relevantes, en un mundo donde la interconexión y la innovación son cada vez más importantes. La exclusión de estas áreas podría llevar a un desajuste entre la formación recibida y las expectativas del mercado laboral, limitando así las oportunidades de los jóvenes para integrarse plenamente en un entorno económico diverso. 

Tal como lo manifiesta Camila Mejía, una joven de 20 años que está en búsqueda de una universidad donde estudiar lo que realmente le llama la atención: la odontología. “Es muy bueno que ahora tengamos opciones de carreras universitarias en Riofrío, pero siento que se necesita más diversidad en las carreras. Me gustaría poder quedarme aquí y estudiar lo que amo, en lugar de tener que mudarme a otra ciudad para cumplir mis sueños, pero aquí no se encuentra nada”, comparte Camila.

Pero es importante resaltar que la historia de la educación superior en Riofrío no es nueva. Según Marta Fernández, encargada del área del archivo de la alcaldía municipal, las oportunidades de formación han sido esporádicas y, a menudo, insuficientes. En 1997, llegó la Universidad del Valle con un programa de formación a distancia en Tecnología de Ecología y Manejo Ambiental. Este sistema, que enviaba guías y textos para desarrollar actividades por correo, no logró atraer a la población: de 49 estudiantes que iniciaron, solo persistieron 9, y ninguno completó su formación.

En 2001, la Universidad Santa Rosa de Cabal (UNISARC) también hizo su intento ofreciendo la carrera de Administración Empresarial Agropecuaria. Durante el mandato del entonces alcalde Juan Carlos Rengifo, se implementaron otros programas, como Ingeniería Agronómica en Fenicia y Zootecnia en Salónica, logrando matricular aproximadamente 100 estudiantes, de los cuales el 49 % se graduó. Rengifo menciona:      “al ser una universidad privada, se establecieron financiamientos mediante un esquema de créditos donde el gobierno nacional cubría el 25 %, la universidad otro 25 %, y la alcaldía con mi gestión un 25 %, permitiendo que el estudiante solo asumiera un porcentaje reducido”. No obstante, tras su mandato, estas carreras desaparecieron del municipio, lo que podría deberse a limitaciones económicas o a una falta de priorización de la educación superior en la agenda gubernamental. Esta situación refleja una brecha persistente que continúa afectando a los jóvenes de la región.

En este contexto, Rengifo, quien actualmente ejerce como diputado del Valle, comenta sobre la llegada del Instituto de Educación Técnica Profesional de Roldanillo (INTEP) a Riofrío como un desarrollo alentador. “Me parece que ahora lo del INTEP es supremamente oportuno, porque tenemos mucha formación del SENA, que es muy importante, pero no podemos olvidar que el SENA brinda formación para el trabajo. La formación universitaria es una etapa profesional que de igual manera debe ser considerada. Ambas son necesarias en el municipio; quienes se forman para el trabajo deben tener la oportunidad de avanzar hacia la profesionalización. Si las carreras elegidas son pertinentes, vamos a conservar a más jóvenes en la región”. La propuesta del diputado sugiere que, al proporcionar rutas claras hacia la profesionalización, se puede incentivar la innovación y el emprendimiento local, permitiendo que los jóvenes se conviertan en agentes de cambio en su comunidad.

La historia educativa de Riofrío evidencia no solo la lucha por el acceso a la educación superior, sino también la necesidad de un enfoque integral que considere las realidades económicas y sociales de su población joven. Los intentos anteriores por ofrecer formación profesional que respondiera a las demandas locales manifiestan una búsqueda constante de soluciones que, a pesar de los esfuerzos, han quedado a menudo inconclusas. La discontinuidad de estas ofertas resalta la falta de un compromiso sostenible por parte de las autoridades y la fragilidad de un sistema que depende en gran medida de financiamientos temporales. Este ciclo de entrada y salida de programas educativos pone de manifiesto una brecha crítica: la necesidad de establecer un modelo que no solo se enfoque en la cantidad de opciones, sino que garantice la calidad y la continuidad, asegurando así un futuro más prometedor para los jóvenes.

El surgimiento de iniciativas educativas, como el INTEP, abre la puerta a la esperanza, pero plantea el reto de generar un diálogo constante con la comunidad para adaptar los programas a sus necesidades. La integración de la formación técnica y universitaria es crucial para que los jóvenes desarrollen sus habilidades y accedan a oportunidades en su propia tierra. Este enfoque equilibrado puede ser la clave para retener a las nuevas generaciones en su municipio, brindándoles no solo una educación pertinente, sino también el acompañamiento necesario para que se conviertan en agentes de cambio. Solo así se podrá construir un futuro donde la juventud no sienta la necesidad de migrar en busca de mejores oportunidades, sino que encuentre en su entorno las herramientas para crecer y contribuir al desarrollo de su comunidad.