Escuela de Comunicación Social
Universidad del Valle

¿Qué tiene que ver Palestina conmigo?

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Palestina y Colombia comparten, más de lo que imaginamos, lazos de violencia y resistencia. Este es un breve repaso por una parte de esa historia.

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Por: Laura Cecilia López

En octubre del año pasado se armó una discusión entre mis amigos por Whatsapp. Teníamos opiniones divididas y nos regamos hablando sobre el tema. A ver, La Flotilla Global Sumud es un movimiento global compuesto por personas del común —como ellos mismos dicen— de 47 países que buscan romper el bloqueo de Israel en la Franja de Gaza, llevar ayuda humanitaria y establecer un corredor humanitario permanente por mar. Entre las 71 embarcaciones que integran la iniciativa, estaba el barco HIO, que el primero de octubre del 2025 fue secuestrado por las fuerzas armadas israelíes. A bordo estaban Manuela Bedoya y Luna Barreto, las delegadas colombianas.

En el grupo, un amigo nos estaba preguntando si habíamos visto la noticia, que qué pensábamos sobre eso. Mientras algunos le respondíamos, otro amigo envió esta imagen:

Por supuesto, eso fue lo que alborotó nuestra conversación. Hay varias cosas por analizar en este mensaje, pero vamos a empezar con algo sencillo. Revisemos el uso del término guerra en este caso. La guerra es un enfrentamiento armado entre distintos grupos y, aunque sea difícil de creer, tiene reglas que limitan el uso de algunas armas o métodos de combate y buscan proteger, con ello, a personas que no participan en la confrontación, como: niños, población civil, trabajadores humanitarios, heridos, enfermos. Los Convenios de Ginebra de 1949 recogen lo que se permite o no en la guerra. Los 3 puntos principales son:  

  1. Prohíbe el uso de armas especialmente crueles y los ataques indiscriminados contra la población civil, como las armas químicas o las minas antipersona.
  2. Las partes del conflicto deben abstenerse de atacar a la población civil y proteger espacios como escuelas y hospitales.
  3. Se debe asistir en todo momento a los heridos, a los enfermos y proteger al personal sanitario.

Ahora hablemos del genocidio, que se reconoció como crimen de derecho internacional en 1946, lo que significó que ya no era algo que debía resolverse con las leyes de un país (que muchas veces se quedan cortas), sino que pasó a convertirse en un asunto en el que debían intervenir organismos internacionales en el marco del Derecho Internacional Humanitario (DIH). En 1948, el considerado mayor crimen contra la humanidad, fue establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas como un delito independiente mediante la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio; esto significa que no depende de que al mismo tiempo hayan sucedido otros delitos para ser castigado y que además tiene unas características propias que son:

  1. Matar miembros de grupos poblacionales.
  2. Causar daños físicos o mentales graves a los miembros del grupo.
  3. Infligir deliberadamente al grupo condiciones de vida calculadas para provocar su destrucción física, total o parcial.
  4. Imponer medidas destinadas a prevenir los nacimientos dentro del grupo.
  5. Trasladar por la fuerza a los niños del grupo a otro grupo.

En el Informe de la Relatora Especial de las Naciones Unidas para los Territorios Palestinos ocupados, Francesca Albanese, se recoge que solo desde marzo de 2024 hasta el primero de octubre del mismo año, hubo casi 42.000 palestinos asesinados, más de 13.000 eran niños y niñas, muchos de ellos víctimas de disparos directos en el pecho y la cabeza. Las escuelas y orfanatos, lugares donde se concentran las infancias, han sido objetivos de ataque por parte del ejército israelí. En Gaza, una pequeña llamada Leen cuenta que “La última vez que fui a la escuela, estaba en tercer grado. Tenía un hogar, una escuela y amigos. Ahora, estoy en quinto; perdí mi hogar, mi escuela y todo”.

Los mercados y cultivos también han sido repetidamente atacados… El hambre ha sido una de las grandes armas genocidas usadas por las fuerzas armadas israelíes, que además se han esforzado por bloquear la entrada de ayuda humanitaria al territorio, como es el caso de los insumos transportados por la Flotilla Global Sumud.

“No reconocer el genocidio en su totalidad puede contribuir a una estrategia de camuflaje que el Estado puede emplear para cometerlo” – Francesca Albanese.

Estos son los datos que puedo presentar ahora y, aunque son pocos, —lo siento, tengo límite de extensión— son suficientes para evidenciar que lo acontecido en Gaza sí se trata de un genocidio. 

El fragmento que nos interesa ahora es el siguiente: “¿Cómo vamos a ir allá a pelear o salvar una guerra que no es nuestra?” Para explicar el origen de la ocupación y genocidio de Israel a Palestina necesitamos todo un texto nuevo. O más, es muy extenso; cómo no lo sería si es parte de la historia de todo un pueblo. Por eso, por ahora, nos centraremos en los siguientes datos.

A finales del siglo XIX, es decir el siglo antepasado, se dio inicio a la consolidación de una corriente sionista que buscaba la creación de un Estado único para el pueblo judío. Varios líderes escribieron y debatieron ampliamente para sentar las bases de esta ideología y cuál tierra debían ocupar. Theodor Hertezl, el principal ideólogo sionista del siglo —te dejo el dato: era ateo— tenía entre sus opciones de tierra prometida a Argentina. Sí, nomás aquí al lado. ¿Cómo habría sido nuestra historia si se hubiesen decidido por un país en Latinoamérica y no por Palestina? Una de las razones de peso por las que finalmente optaron por el territorio palestino fue que podían apoyarse en el mito de la tierra prometida, lo que facilitaba que más creyentes judíos se adhirieran al movimiento.

El asunto es que Palestina no era un terreno desolado. Estaba habitada desde hacía siglos y en ella vivían árabes judíos, árabes cristianos y árabes palestinos. Para 1947, estos últimos eran el 70% de la población. Ese mismo año se presentó ante la Asamblea General de las Naciones Unidas una propuesta elaborada por el Comité Especial de las Naciones Unidas para Palestina (UNSCOP), un comité que no incluía ni un solo representante palestino —el Comité Superior Árabe se negó a colaborar con el proceso y defendió los derechos naturales de los palestinos— y cuyos delegados no tenían mayor conocimiento sobre el conflicto, ni experiencia en la región. La propuesta tenía que ver con la partición de Palestina y, entre otros aspectos, le asignaba un 54% de la tierra a un grupo de judíos europeos. El resultado de la votación sobre la propuesta fue: 33 países a favor, 13 países en contra y 10 en abstención. Colombia hizo parte del último grupo, con Alfonso López Pumarejo como embajador y Mariano Ospina Pérez como presidente. 

La Nakba (la catástrofe, en árabe) inició un año más tarde. Era mayo de 1948, y más de 750.000 palestinos fueron expulsados de sus hogares, desde entonces esa práctica no se ha detenido. Más tarde, en 1957, Colombia estableció relaciones diplomáticas con Israel y, con el tiempo, los lazos entre ambos se han enredado más y más.

Dos décadas después, en 1983, un grupo de jóvenes colombianos viajaron a Israel para ser entrenados por el Ejército de Defensa de Israel. Quizás te sea conocido el nombre de uno de esos personajes: Carlos Castaño, quien entonces tenía apenas 18 años. Tiempo después de su entrenamiento y retorno al país, se convirtió en mercenario, narcotraficante, paramilitar y máximo líder de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Puede sonarte su nombre por haber estado detrás del asesinato de Jaime Garzón o Carlos Pizarro. En la autobiografía “Mi Confesión”, Castaño le atribuye sus logros humanos y militares a los israelíes y afirma: 

“De hecho, la idea de “autodefensa” la copié de los israelíes; cada ciudadano de ese país es un soldado potencial”

Yair Klein, también mercenario, exmilitar y Teniente Coronel del Ejército de Israel, prestó servicio a su Estado desde 1972 hasta 1983, y poco tiempo después de finalizar sus labores viajó a Colombia. Él mismo comentó para el diario israelí Maariv que “estuve en Colombia por invitación de los americanos y punto. Todo lo que Estados Unidos no puede hacer, porque le es prohibido intervenir en asuntos de gobiernos extranjeros, lo hace, por supuesto que sí, pero por medio de otros. Obré con licencia y permiso en Colombia”.

Acá se dedicó a entrenar a distintos grupos paramilitares y milicias de narcotraficantes como las de Pablo Escobar Gaviria, quien, junto a otros personajes del narcotráfico, se encargó de financiar cursos en los que se instruía a jóvenes en la  fabricación de bombas incendiarias, acumuladores de energía y altímetros (método que se usó en el atentado a un avión de Avianca en noviembre de 1989), incluso, en el uso de explosivos a control remoto. 

En el año 2012, en una audiencia contra el exjefe paramilitar de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, Ramón Isaza, Klein declaró como testigo en contra de él, y afirmó que para su trabajo con paramilitares siempre contó con el apoyo directo del ejército y otras instituciones del Estado colombiano, y reconoció que la financiación provino de  “alguien que luego llegaría a ser presidente del país…”. Dijo: «No digo el nombre porque ustedes saben perfectamente quién es». Yo tampoco lo diré.

Por allá en 1996, cuando Álvaro Uribe Vélez era gobernador de Antioquia, contrató a Eduardo Duque Becerra para promover y gestionar las Convivir, grupos de civiles provistos de entrenamiento y armas que cooperaban con la Fuerza Pública para garantizar el orden. Como lo advirtieron sectores políticos de la oposición, esta estrategia de autodefensa dio origen a grupos paramilitares, entre ellos las ya mencionadas AUC. Ricardo Zapata Sierra, jefe paramilitar, declaró en la fiscalía que Eduardo Duque Becerra era amigo personal de Carlos Castaño y Vicente Castaño (ambos entrenados por Yair Klein). Entre 1995 y 1996 se registró la mayor presencia paramilitar en el Urabá antioqueño. Según las evidencias que tiene la fiscalía, algunos militares de la Brigada XVII de esa misma región colaboraron con grupos paramilitares transportándolos, permitiendo su paso en retenes o incluso realizando operaciones conjuntas.

Aunque los lazos estén enredados, los nudos son visibles. Precisamente entre 1995 y 2004 fue el periodo que más víctimas del conflicto armado nos dejó, aproximadamente el 45% de las víctimas totales, donde 8 de cada 10 muertos fueron civiles, no combatientes. ¿La “eficiencia” para asesinar a los colombianos fue importada? 

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Todos estábamos mandando al grupo de Whatsapp nuestros “parrafotes” explicando lo que pensábamos sobre el mensaje que había mandado nuestro amigo e intentando, con lo que sabíamos, armar un panorama más completo. Una amiga escribió:“Yo siento que la mayoría de las personas a las que les interesa el conflicto en otros países, también están enteradas de las problemáticas internas”.

Ni más ni menos. Ambas delegadas de la Flotilla Global Sumud han cultivado la sensibilidad en sus propias tierras, y han echado raíces que se expanden tanto que no distinguen fronteras. Manuela Bedoya no ha sido ajena a las luchas de su región. El Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) la reconoce como “…una voz aliada, [que] trabajó en procesos sociales de salud, memoria histórica y defensa territorial, su caminar al lado de los pueblos originarios de Colombia la llevó a comprender que la causa Palestina es también nuestra causa: la defensa de la vida frente al despojo”. Luna Barreto, por su parte, participó activamente del Paro Nacional del 2021 y ha sido defensora territorial, educadora social y activista desde hace años.

Las delegadas colombianas fueron liberadas el 6 de octubre de 2025, después de un proceso de acompañamiento diplomático mediado por el consulado y liderado por el gobierno de Colombia. Unos meses después, tuvo lugar un pequeño conversatorio en el que pude escuchar a Manuela y a otros delegados de la embarcación HIO. Mis notas de ese día están bastante revueltas, pero creo que toman lugar y se ordenan cuando la historia que acabamos de repasar las acompaña. Te mostraré simple y llanamente las palabras dichas en ese espacio. Son breves y no necesitan adornos:

Yasemin Acar, delegada kurda

“El manual del colonialismo dice: divide y vencerás. Te dicen  que Colombia no tiene que ver con Palestina. Por eso hay jóvenes luchando solos por el mundo. Les conviene que nuestras luchas estén aisladas, que no identifiquemos los patrones”.

“Recomiendo no idealizar. Ponerse en el papel de héroe te quita la posibilidad de explorar tu humanidad”.

“Llevo 20 años de pequeños pasos”.

Lucas Gusmão, delegado brasileño

“Hay que organizarse. Si se juntan, las cosas son posibles”.

“Somos personas normales, no extraordinarias”.

“Ese pueblo tiene claro los enlaces de las opresiones. Son procesos similares”, sobre el CRIC (Consejo Regional Indígena del Cauca).

“Cada lugar donde haya una lucha por la liberación, potencializa la lucha global”.

Manuela Bedoya, delegada colombiana

“Es una lucha contra el colonialismo. El sionismo no está solo en Palestina”, sobre las repetidas veces que le han dicho que es una lucha ajena.

“Colombia siempre ha tenido enlaces: intervenciones empresariales, procesos armamentísticos”.

“En Argentina, los pueblos mapuches han tenido colonos israelíes. En Ecuador, el presidente Noboa ha solicitado apoyo de Israel para reprimir las protestas indígenas. La reciente invasión de U.S.A. en el caribe. Podemos ser el siguiente objetivo”.

“No siempre das de lo que te sobra, sino de lo que te falta”.

“Tenía mucha voluntad de trascender la frustración”.

Lucas, con una kufiya en su hombro, observa un mural en la Universidad del Valle con los rostros y nombres de jóvenes estudiantes caídos.

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Al salir del conversatorio no me imaginaba el rumbo que tomaría el país en junio de 2026. Fue electo el nuevo presidente Abelardo de la Espriella, quien desde ahora afirma que el 7 de agosto, día de su posesión en el gobierno, retomará las relaciones diplomáticas y económicas entre Israel y Colombia. Esto en contravía de lo ejecutado en abril del 2024 por el gobierno liderado por Gustavo Petro Urrego, que se sumó a la denuncia por genocidio impuesta por Sudáfrica contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya y que al mes rompió relaciones diplomáticas con dicho estado. Conociendo algo de nuestra historia, podemos bosquejar cómo se verá el paisaje en los próximos años. Ante la horrible imagen que aparece en mi cabeza, guardo y repaso esta frase de Yasemin que, creo, es lo único que nos queda:

“Los olivos son el árbol insignia de Palestina. Una semilla toma 80 años para cosechar su primer fruto. Resiste, así aún no veas los frutos, porque alguna vez alguien más los verá”.

Te dejo algunos medios de comunicación para mantenerte informado y en movimiento (están originalmente en inglés, pero puede configurarse la traducción automática de Google sin problema): Aljazeera, Lets talk Palestine, Middle East Eye, Delegación colombiana Global Sumud. Por aquí te dejo la página del movimiento mundial de Boicot, Desinversión y Sanciones BDS que es una forma estratégica, eficaz y aplicable en la vida cotidiana de solidarizarse con la causa palestina (te adelanto que no se trata de dejar de comprar y consumir absolutamente todo lo que tienes, vale la pena que lo revises). Por último, acá hay dos páginas en las que, si está en tus capacidades, puedes realizar donaciones a las víctimas y refugiados palestinos: FUNDS FOR GAZA y UNICEF por Gaza.

Desde el río hasta el mar, Palestina vencerá.