Escuela de Comunicación Social
Universidad del Valle

El género es político

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¿Cómo son los discursos de género de los y las candidatas a la presidencia de Colombia en 2026?

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Por: Valentina Quintero López

En las últimas semanas, hemos observado distintos pronunciamientos de los candidatos y candidatas a la presidencia de Colombia respecto al feminismo, los derechos de las mujeres y la perspectiva de género. Lastimosamente, también hemos visto comportamientos machistas y comentarios despectivos hacia los movimientos feministas, como Abelardo de la Espriella que, en una entrevista con Piso 8 FM, le insistió a una de las periodistas para que observara una foto donde se marcan sus genitales porque gracias a ella se había ganado el voto del electorado femenino; a pesar de que la periodista demostraba incomodidad, él le decía “cariño, no seas tímida”. Por su parte, Paloma Valencia dice defender los derechos de las mujeres pero, en diversas entrevistas, cuando le preguntan si es feminista, responde negativamente y señala al feminismo como una ideología radical y de izquierda. Estos pronunciamientos moldean la percepción de los votantes sobre la equidad de género, y nos cuestiona sobre qué tan importante es que la persona que llegue a la Casa de Nariño no reproduzca discursos y actitudes misóginas. 

Los discursos no son inmóviles ni invariables. Están en constante disputa. No son un espejo de la realidad tal cual como es, sino que la interpretan y la construyen. Cuando una persona habla, no solo reacciona a lo que pasa alrededor, da un sentido. Los y las candidatas, en sus discursos, están reinterpretando la realidad según sus propios imaginarios. Y no se puede comprender el discurso de cada uno de ellos sin observar desde dónde hablan, para quién lo hacen, en qué contexto y qué diálogo previo existe. 

Los discursos de género, aún más, son un terreno de disputa social y política. Hay quienes hablan de una supuesta “representación femenina” por parte de los y las candidatas a la presidencia de Colombia para el periodo 2026-2030: en medio de la disputa electoral, juegan con el significado de ser mujer, añaden diferentes matices desde lo que creen que es representar a las mujeres, construyen dicotomías frente al género. Validan discursos sexistas escondidos bajo el “empoderamiento de la mujer”.

Judith Butler afirma que la vida de las mujeres ha sido representada inadecuadamente o no ha sido representada en absoluto. Saber si los discursos de género realmente buscan la eliminación de la opresión y una equidad de derechos y oportunidades o, por el contrario, promueven la visión heteronormativa y oprimida de la mujer tradicional y religiosa, permite vislumbrar un posible futuro para la perspectiva de género en el país. Incluso la categoría «mujer» no es una categoría natural sino discursiva. Los discursos políticos y sociales producen qué cuerpos cuentan como mujeres. Los discursos de género no cumplen un rol neutral ni pasan por desapercibidos sin causar estragos en los imaginarios sociales, y más si vienen de figuras con poder. 

Por eso, a continuación, revisaremos algunos de los discursos sobre género que han pronunciado a lo largo de la contienda electoral los y las candidatas que más puntúan en las encuestas: Iván Cepeda, Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella, Sergio Fajardo y Claudia López. 

Paloma Valencia: luchar por las mujeres pero no contra el patriarcado

Fotografía de Nathalia Angarita/Bloomberg vía Getty Images.

“La ideología de género no existe”, afirma Juan Daniel Oviedo, sentado al lado de Paloma Valencia durante su entrevista con la Revista Cambio. Segundos antes, la candidata a la presidencia sentenciaba que en los Acuerdos de Paz firmados en La Habana en 2016 se intentó impulsar la ideología de género pero, gracias al Plebiscito en el que ganó el No, apoyado por el Uribismo, se eliminó este apartado. “A mí no me gusta un Estado que se te mete a casa”, dice Valencia, para quien la ideología de género es real y se constituye en una especie de doctrina en la que el Estado, desde el colegio, invita a los estudiantes a cuestionarse su identidad de género. “Es cuando tú le dices a un niño, que no está teniendo ninguna manifestación, ‘es que tú no sabes si eres niño o niña, tú tienes que pensar qué vas a ser’”.

“La ideología de género es un concepto de radicalización –continúa Juan Daniel, la fórmula vicepresidencial de la candidata–. Los estudios sociológicos de género han avanzado con evidencia científica de la identidad como una construcción social distinta al sexo”. Oviedo explica qué es el género y su diferencia con el sexo desde la ciencia. “Yo respeto lo que dice Paloma, uno no puede promover eso (replantearse el género), pero lo que uno no puede confundir es que hablar claro de eso sea un problema y sea una ideología”. 

El entrevistador le pregunta a Juan Daniel: “¿A uno lo pueden mariquear?”, él responde inmediatamente que no. Paloma intercede: “pero es que ese no es el tema. Esos son asuntos que trata tu familia, no el colegio, ni el Estado”. 

Pero si la familia es ultra religiosa, y en ningún momento se interesa por las dudas que tiene un niño frente a su sexualidad o, incluso, es castigado por siquiera pensar en eso porque es un “pecado”, ¿quién educará a los niños sobre lo que es el género, la sexualidad, las violencias basadas en género o cuando un adulto se está intentando sobrepasar con un menor de edad? ¿Cómo saber qué es el abuso, si es un tema que nunca se trata en casa? Como afirma Juan Daniel Oviedo, la ideología de género no existe. Lo que sí se ha intentado implementar en los colegios es la educación sexual, con la que se enseña a los niños y niñas sobre violencia sexual y cómo detectarla, y le permite expresarse y resolver sus dudas frente al género y el sexo. Hablar acerca de estos temas no es adoctrinamiento, pero Paloma, desde un pensamiento católico y conservador, cree que sí. 

En esta misma entrevista, la candidata dice aceptar las tres causales de la Corte Constitucional de 2006 frente al aborto, pero “la nueva cosa de que uno puede abortar a los seis meses me parece que es infame porque un bebé a los seis meses es viable solo”. Juan Daniel, en cambio, no habla de una “cosa”, sino de un derecho de las mujeres a la interrupción voluntaria del embarazo. “Yo jamás consideraría que matar a un bebé es un derecho”. El periodista le pide que confirme lo que dijo, “¿El aborto es matar a un bebé?”, “claro que lo es”, afirma Valencia. En este caso, la candidata tampoco reconoce el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos, y criminaliza un derecho que ya está constitucionalizado en el país. Este tipo de afirmaciones promueven la persecución hacia las mujeres que deciden abortar, aunque la mayoría toma este tipo de medidas antes de la semana 12. Según Oriéntame, el 91% de las interrupciones suceden en el primer trimestre de gestación. 

Pero Valencia dice ser una defensora de las mujeres colombianas. En su red social X, comparte discursos que realzan el papel de la mujer en la sociedad: “las mujeres son la fuerza más poderosa para transformar una sociedad”. Constantemente menciona a las madres cabeza de hogar, se enuncia como una mujer que se preocupa por ellas, y anuncia que  creará un subsidio que apoye a las madres y a las mujeres de Colombia. Además, es consciente de los obstáculos para las mujeres en la política. Utiliza términos propios de la perspectiva de género, como el techo de cristal: “Es el tiempo de que las mujeres rompamos todos los techos de cristal, para que las niñas de este país sepan que ellas también pueden ser presidente, o pueden ser astronautas, o pueden ser científicas, o pueden ser madres, porque no puede haber ningún asunto vedado para las mujeres”. Pero al mismo tiempo valida estereotipos de género: “las mujeres colombianas hemos demostrado que somos capaces de ordenar la casa, de poner todo en orden, sobre todo de poner la disciplina para quien se comporta mal, pero de amar infinitamente”. Su imagen de mujer es alguien fuerte y que impone en su hogar, además de quien organiza la casa, ya sea en términos de aseo, finanzas o estabilidad, pero también de alguien que ama sin importar qué. Una mujer, para Valencia, es lo equivalente a una madre, a pesar de que no todas las mujeres quieren o pueden serlo.

Paloma Valencia, como se evidencia en sus discursos, se interesa por las mujeres cabeza de hogar. Una de sus principales propuestas es impulsar horarios flexibles, teletrabajo y guarderías compartidas para que las mujeres puedan cuidar a sus hijos con más tiempo en el hogar. Busca crear redes comunitarias de cuidado con empleo formal y apoyo del Estado, y fortalecer la protección contra la violencia. Además, promete promover el liderazgo económico femenino con oportunidades en cargos y negocios. Sin embargo, no explícita cómo logrará estas propuestas, lo que deja en duda si son solo promesas vacías de campaña para captar a un público  específico o si realmente busca implementar leyes que ayuden a las mujeres. 

La candidata se enuncia desde su rol como madre. Dice que como mujer cuidadora protegerá al país con mano firme y desde el amor hacia su patria. Como si el hecho de ser madre le diera más capacidades para gobernar. Para ella, el feminismo hace parte de la izquierda y se trata de despreciar a los hombres, con lo que no está de acuerdo. Sin embargo, dice defender la igualdad de derechos para las mujeres (aunque estar en contra del aborto es todo lo contrario), como si el feminismo no buscara lo mismo. Valencia reconoce que el país ha sido gobernado solo por hombres, y que ya es hora de que una mujer llegue a la Casa de Nariño como presidenta. No obstante, se enuncia más como una madre que como una líder política, a diferencia de los hombres que casi nunca mencionan su rol como padres.  

Iván Cepeda: reconocer la problemática de fondo

Fotografía de Natalia Ortiz Mantilla/Bloomberg vía Getty Images.

A diferencia de Paloma Valencia, al candidato del Pacto Histórico no suelen realizarle preguntas sobre género y mujeres en sus entrevistas. El periodista Daniel Coronell, en la entrevista para su canal de YouTube, en ningún momentoindaga sobre sus propuestas o sus opiniones sobre el aborto, los derechos de la comunidad LGBTIQ y la equidad de género. Se puede observar una diferencia en el tipo de preguntas. Mientras que a Paloma se le pregunta por temas “blandos” y más relacionado a los “femenino” (como la familia, el cuidado, el género), a Iván Cepeda y al resto de candidatos hombres se le pregunta por temas “fuertes” (como la economía, el conflicto armado, geopolítica). 

Por otra parte, en sus redes sociales menciona a las mujeres, a las comunidades diversas y a las feministas como las personas a las que busca representar. Sin embargo, no es una mención constante ni utiliza los discursos de género para llegar al electorado. En X, por ejemplo, es evidente el respaldo de mujeres políticas a la campaña de Iván Cepeda. El candidato repostea las publicaciones de lideresas  como Clara López, María José Pizarro, Aída Quilcué, entre otras, que reafirman su apoyo al candidato presidencial. Además, Cepeda utiliza un lenguaje inclusivo: en todos sus discursos, ya sean orales o escritos, menciona tanto a hombres como a mujeres. Dice “mineras y mineros”, “colombianas y colombianos”, “trabajadoras y trabajadores”, “nosotras y nosotros”. Esto da cuenta de una educación frente al género y la importancia de la inclusión de las mujeres en el discurso. También resalta su apoyo a las madres buscadoras, reconoce el esfuerzo y el sufrimiento por el que han pasado debido a la injusticia e impunidad que ha habido frente a las desapariciones forzadas en sectores como Soacha. Le da la voz a ellas para que hablen y expresen sus sentimientos, para que cuenten sus propias historias.

Sobre todo, respalda constantemente a su fórmula vicepresidencial Aída Quilcué. Destaca su rol como mujer indígena y campesina, y comparte sus publicaciones en redes sociales donde la candidata vicepresidencial habla de la defensa de las mujeres, de los pueblos indígenas, de las comunidades diversas, de los campesinos, y en general, de la vida. La presenta en sus discursos en tarima como la futura primera mujer indígena vicepresidenta de Colombia: “camino al lado de una mujer que representa la dignidad de los pueblos, la sabiduría ancestral y la resistencia de siglos”, dice en uno de sus videos.  Asimismo, publica otros contenidos multimedia en sus redes sociales en los que principalmente se expresan diversas mujeres  y muestran su apoyo al candidato.  

En cuanto a su Programa de Gobierno, el candidato enuncia en el texto que el proyecto político debe traducirse en políticas públicas con enfoque de género y paridad. Presenta todo un capítulo sobre propuestas y reconocimiento hacia las mujeres. Destaca que en Colombia persisten estructuras patriarcales y desigualdades históricas. Es por esto que propone seis acciones claves para alcanzar la equidad de género: impulsar la participación política de las mujeres en la vida pública y en los procesos de decisión del Estado, acceso prioritario a mujeres a la propiedad de la tierra y a la educación superior pública, crear el Sistema Nacional de Cuidados para redistribuir el trabajo doméstico y de cuidado, Plan integral contra feminicidios y violencias de género, garantías de derechos sexuales y reproductivos, e ingreso mínimo y apoyo económico constante para madres cabeza de hogar. 

En general, el Programa de Gobierno de Iván Cepeda menciona con frecuencia a las mujeres y a las comunidades diversas, las pone en el centro de su discurso. Reconoce al patriarcado como una estructura social que desemboca en feminicidios y presenta la igualdad de género como condición para la democracia. Destaca la importancia de las mujeres como sujetos políticos activos, parte central de los movimientos sociales y protagonistas del cambio. Sin embargo, cuando se le ha preguntado sobre miembros del gobierno de Gustavo Petro que enfrentan acusaciones de acoso y abuso sexual, prefiere no hablar del tema y enfatizar en que la ley es la que debe juzgarlos. 

Abelardo de la Espriella: “amar” a las mujeres pero irrespetarlas constantemente

Fotografía de Joaquín Sarmiento vía Getty Images.

.Abelardo de la Espriella, el candidato “outsider” de esta contienda electoral, afirma que él eliminaría el Ministerio de la Igualdad porque es “absurdo y no ha servido para nada”. Luego sentencia, en la entrevista realizada por El Tiempo, que “aquí hay gente que entra al servicio público sin un peso y a los pocos meses aparecen los penthouse, las camionetas, las señoras se hacen latonería y pintura”, e imita con sus manos la forma de unos senos. Continúa diciendo “yo no estoy muy seguro de poder extinguir el dominio sobre la silicona, pero sobre los bienes y sobre la plata que se han robado voy a la segura”. De la Espriella se distingue por un tono directo y coloquial, muy en su línea de no parecerse al resto de los políticos. Él dice ser como la gente del común (a pesar de que la gente del común no posee millonarias cuentas bancarias), y así justifica palabras y gestos que sexualizan el cuerpo femenino. Reduce con frecuencia a las mujeres a su cuerpo y ridiculiza a quienes han  optado por cirugías plásticas. Sin embargo, en ningún momento hace chistes similares sobre los hombres. 

Pero, según él, es un defensor de los derechos de las mujeres. El director de El Tiempo, Andrés Mompotes, cuestiona a De la Espriella sobre los casos polémicos que él ha defendido como abogado. El candidato, ni corto ni perezoso, aprovecha ese momento para hablar sobre los casos de mujeres que ha defendido y en los que ha salido victorioso, como el de Natalia Ponce de León, que a partir de su demanda nació una Ley de la República que tipifica como delito autónomo los ataques con agentes corrosivos. Luego menciona el caso de Rosa Elvira Cely, del cual también surgió la Ley Rosa Elvira Cely, que tipifica como delito autónomo el feminicidio. “Eso fue un gran triunfo para las mujeres en Colombia, pero nadie habla de eso”, afirma. De la Espriella utiliza estos triunfos para los derechos de las mujeres como un arma para desviar las acusaciones en su contra por haber colaborado con personas que hoy enfrentan cargos judiciales, como Alex Saab. 

Ahora bien, su rol en estas dos demandas es cuestionable. De la Espriella suele sacar a colación su trabajo como abogado representante de la familia de Rosa Elvira Cely, y afirma: “fui yo, con mi trabajo, el que logró en gran medida eso (la ley que tipifica como delito autónomo el feminicidio)”. Y deja de lado a quienes trabajaron para que esta ley se radicara en el Congreso. Sin embargo, la hermana de Rosa Elvira Cely, Adriana Cely, asegura que De la Espriella no tuvo nada que ver con la construcción del texto del proyecto de ley. “Él nunca aportó una sola palabra”, le dijo a El País de España. La ley  fue impulsado por Cely, la congresista Gloria Inés Ramírez, la abogada Isabela Agatón y varios movimientos feministas.

Además, señala que De la Espriella la trató mal a ella y a su familia, a pesar de que su bufete se había ofrecido gratuitamente a representarlos. Afirma que nunca le interesó tipificar el asesinato de su hermana como un feminicidio, ya que la acusación no invocó el agravante contemplado en la Ley 1257 de 2008, que recogía el asesinato de una mujer por razón de género. 

De otra parte, en sus redes sociales el candidato juzga al presidente Gustavo Petro por no estar de acuerdo con la frase de Shakira “las mujeres no lloran, las mujeres facturan”, y afirma que “reducir esa frase a una insinuación sexual exige una mente retorcida y un desprecio profundo por la inteligencia femenina”, a pesar de que en sus entrevistas  reduce a las mujeres a lo estético y a sus cuerpos. Su esposa, Analu Pineda, es un eje importante en su campaña. En redes sociales comparte las entrevistas y los videos que ella realiza en apoyo a su esposo, y en los que resalta los valores de la familia tradicional y una mujer “ejemplar”. Le preguntan qué tan caballeroso es de la Espriella, y ella resalta esta cualidad en él  y dice “será el próximo caballero de todas las mujeres colombianas”. Utiliza los discursos religiosos de su esposa (como decir que va a fumigar la Casa de Nariño con agua bendita) para afianzarse como un hombre respetuoso con las mujeres y de valores conservadores. 

También utiliza un lenguaje inclusivo, pues en la mayoría de sus videos menciona a “tigres y tigresas”. Constantemente resalta el rol de las mujeres en la sociedad, dice que no necesitan nada regalado: son trabajadoras y aguerridas. Afirma que su obsesión es brindarles tranquilidad y protección real, pero no explica cómo. Está a favor de la cadena perpetua para los asesinos y abusadores de mujeres y niños. Se enuncia como “un defensor histórico de las mujeres” y promete brindar subsidios para las madres cabeza de hogar, las mujeres cuidadoras y las emprendedoras. Sin embargo, en sus discursos reduce el rol de las mujeres a ser madres y cuidadoras, a estar al pendiente de los hijos y de los esposos, sin tener en cuenta la dimensión social,  que va más allá de la familia. Pero él afirma: “las mujeres son la piedra angular de la sociedad, la familia es la base de la sociedad, pero la mujer es la base de la familia”. Sostiene que las mujeres son determinantes en las elecciones porque definen el voto de la familia, de quien se enuncia como su protector. Resalta su matrimonio de 18 años y sus dos hijas, como si eso determinara su empatía hacia las mujeres y su capacidad para ser presidente.

En su plan de gobierno propone un apartado solo para las mujeres, llamado “las mujeres de la patria milagro”. Su argumento central es que una patria que deja solas a las mujeres no puede llamarse justa. Sus propuestas buscan enfrentar la violencia contra la mujer como problema prioritario de orden público, subsidios progresivos de maternidad para madres del régimen subsidiado, un registro nacional de cuidado, seguridad social subsidiada y formación para 200 mil cuidadoras, un fondo de 500 mil millones de pesos para autonomía económica e implementar el programa STEM que promueve el emprendimiento femenino en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

El candidato en ningún momento menciona el género, la desigualdad de género o las comunidades diversas, ni profundiza en problemáticas sociales y estructurales como la misoginia o la homofobia. Sus propuestas están orientadas a la percepción que él tiene sobre la familia y la seguridad, una visión tradicional que solo reconoce a los matrimonios heterosexuales con hijos. 

Sergio Fajardo: una deconstrucción a medias

Fotografía de Iván Valencia/Bloomberg vía Getty Images.

Fajardo, en entrevistas, ha hablado poco sobre temas de género. En “Micrófono abierto” de La Silla Vacía, los participantes podían realizar preguntas al candidato, y en ningún momento surgió el tema de género o alguna propuesta o visión para las mujeres en Colombia. En otra entrevista, cuando la periodista le pregunta sobre sus propuestas para combatir las violencias de género, Fajardo explica que el tema de mujeres ha estado liderado por Rosa Inés Ospina, y reconoce que el espacio más violento para las mujeres son sus hogares, afirma que “hay una cantidad de sometimiento a las mujeres por la razón de ser mujeres que se convierten en objetos para el poder machista”. También habla de los logros que alcanzó durante su periodo como alcalde de Medellín, como eliminar los reinados de belleza porque “las mujeres no son trofeos, no son objetos en función del poder de un señor”. 

En sus redes sociales también menciona someramente estos temas. Utiliza un lenguaje inclusivo para mencionar al género femenino y masculino, como “niñas y niños”, “colombianas y colombianos”. Menciona que le dará un lugar digno a las mujeres que trabajan todos los días por sus hijos, reduciendo a las mujeres a su rol de madres, como el resto de candidatos. Hace uso de los discursos de género para enunciarse como un futuro presidente que reconocerá el papel fundamental de las mujeres para transformar la sociedad, pero no explica cómo. Ha publicado videos siguiendo los “trends” de las redes sociales, como las “frutinovelas”, que representan a Colombia como una manzana con cuerpo estereotípicamente femenino y a otras frutas (De la Espriella, Cepeda y Fajardo) como los hombres que intentan conquistarla aunque únicamente “Fajarduyá” es sincero y amoroso. 

También publicó un TikTok en el que presenta a Edna Bonilla como su fórmula vicepresidencial, pero uno de los primeros rasgos que destaca de ella es que “es una gran madre, con una familia que representa muchas familias colombianas”, después de eso sí menciona sus logros académicos y profesionales. Otra vez, Fajardo se centra en el rol de las mujeres como madres y lo destaca por encima de otras cualidades y habilidades. 

En su programa de gobierno, Fajardo enlista una serie de propuestas sobre género y mujeres: plantea una política de “cero tolerancia” frente a las violencias basadas en género, propone atención integral para niñas, jóvenes y mujeres, protección de derechos sexuales y reproductivos, reactivación de la Política Pública de Salud Sexual y Reproductiva y Acceso a Anticonceptivos, garantizará la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) en todo el territorio y trabajará en programas contra embarazo adolescente y abuso sexual infantil. Busca la autonomía económica femenina, propone la implementación del Sistema Nacional de Cuidado y resalta la importancia de la participación política de las mujeres. 

Fajardo reconoce el machismo y la misoginia como uno de los mayores obstáculos para las mujeres en la sociedad. Busca combatir la violencia contra las mujeres, pero desde una lógica estatal y técnica,  con un enfoque feminista moderado, lo cual lo aleja de los discursos de candidatos de derecha como Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella. Sin embargo, no llega a implementar estas propuestas como una de sus banderas principales ni tampoco se refiere al patriarcado como un problema estructural o de una deuda histórica hacia las mujeres, como sí lo hace Iván Cepeda. Para Fajardo, las problemáticas basadas en violencias de género se resuelven mediante gestión pública eficiente, pero no menciona la educación y el cambio social como un eje importante para lograr un cambio estructural. Busca un enfoque interseccional – pues menciona diversidad de mujeres: rurales, lideresas ambientales, jóvenes madres, víctimas, etc.- pero no confronta de frente al conservadurismo ni a los discursos patriarcales. 

Claudia López: la instrumentalización de los discursos de género

Fotografía de Sebastian Barros/NurPhoto vía Getty Images.

Claudia López, candidata por su propio movimiento político Imparables, de centro-derecha, también ha realizado entrevistas de micrófono abierto con Daniel Coronell. Cuando le preguntan sobre su propuesta redistributiva, Claudia saca a relucir la creación del Sistema de Cuidado para Mujeres en Bogotá durante su alcaldía (2020-2023): “¿Quién hizo la mayor inversión en cuidado para las mujeres en Colombia? Esta alcaldesa, que fue la primera mujer alcaldesa”. Resalta su rol como mujer y como líder política. Sin embargo, también utiliza estos discursos de género para atacar a otros partidos políticos. Cuestiona la administración de Gustavo Petro cuando fue alcalde de Bogotá, acusándolo de no haber hecho nada por las más de un millón de mujeres cuidadoras en pobreza. 

En esta entrevista, a Claudia la critican por alzar la voz y alterarse ante distintos cuestionamientos. Ella responde diciendo que siempre responderá con vehemencia, y que cuando las mujeres hablan de esa forma, les dicen que son “unas locas gritonas”, mientras que los hombres cuando hablan de manera enfática es porque tienen carácter. Ella lo llama machismo, y dice no tener miedo de enfrentarlo. También habla de la igualdad. Menciona que las mujeres en Colombia trabajan siete horas más, ganan menos y son más pobres que los hombres, debido a que “su trabajo gratuito de cuidado es la seguridad social de la informalidad de Colombia, que es la mitad del empleo en el país”. Según Claudia, antes era normal que una mujer se quedara en casa realizando las labores del hogar, cuidara de los hijos, no pudiera estudiar y tuviera que trabajar a costa de su descanso y su salud, hasta que “llegó una mujer alcaldesa y les dijo ‘señoras y señores, eso no es normal’”. Otra vez, destaca las Manzanas del Cuidado que creó para las mujeres cuidadoras, y afirma que este tipo de acciones generan igualdad para las mujeres. 

En redes sociales, Claudia López se enuncia desde su rol de mujer política. Publica videos donde afirma que el hecho de ser mujer y lesbiana no son ningún impedimento para que entidades como la Policía Nacional la respeten y hagan caso de sus ordenes. También, es reiterativa con su propuesta de las Manzanas del Cuidado que garantizarán a las mujeres oportunidades gratuitas de estudio, atención, trabajo y redistribución de la carga del cuidado. Explica que las condiciones de vida de los niños no dependen de su talento ni de sus decisiones, sino que en un 70% depende del nivel educativo y de ingresos de su mamá. Se enuncia como una mujer hecha a pulso, que “no tiene ningún bacalao detrás”. Dice que si gana la presidencia va a gobernar con las mujeres. 

También ha respondido a videos y declaraciones de Paloma Valencia en las que enuncia que si ella llega a la presidencia se hará historia para las mujeres después de 200 años. Claudia contraargumenta diciendo que las mujeres llevamos 200 años haciendo historia. Menciona a diferentes colombianas que defendieron los derechos de las mujeres, como Josefina Valencia (abuela de Paloma Valencia), Esmeralda Arboleda y las demás sufragistas que permitieron el voto femenino. Se referencia a sí misma: “historia hice yo, con mucho orgullo, la hija de una maestra que fui elegida por primera vez alcaldesa de Bogotá”, y proclama que las que realmente harán historia son las mujeres hechas a pulso, que no van a gobernar en cuerpo ajeno “como tú con Álvaro Uribe”, señala en el reel y pone fragmentos donde Paloma afirma que Uribe es su papá. Claudia López, finalmente, dice que ella sí hará historia para las mujeres. 

Sin embargo, en diversas ocasiones ha dicho que una mujer con educación, trabajo y autonomía económica “nunca se dejará humillar ni golpear”, como si las mujeres fueran las responsables del maltrato y la misoginia por parte de los hombres, y no ellos mismos los que deciden violentarlas sin importar su educación, estrato social, vocación ni cualquier otra cualidad de una mujer. 

Claudia López, en su programa de gobierno, reconoce que la desigualdad económica y social ha golpeado de manera desproporcionada a las mujeres, y enfatiza en la equidad de género. Su programa tiene todo un apartado para hablar sobre la igualdad y la justicia social, y dentro de él presenta propuestas específicas para las mujeres: impulsar su autonomía económica, implementar el Sistema Nacional de Cuidado, fortalecer la Línea Nacional de Atención y promover su participación y liderazgo en espacios de decisión pública y en la vida económica. 

Claudia es una política que se enuncia desde su rol de mujer y líder, que enfatiza en los logros que ha conseguido para las mujeres y lo que logrará si llega a la presidencia. Sin embargo, a pesar de tener conocimientos bases sobre género y equidad, reproduce discursos en los que se señala a las mujeres como las responsables de ser maltratadas o no. Sus propuestas concuerdan con sus discursos de género, y son los que más resuenan en sus entrevistas y declaraciones. Se evidencia el uso de estos discursos para llegar al electorado, pues así no se le pregunte sobre género ni mujeres, enfatiza en estos temas cada que tiene oportunidad y así resaltar sus logros como alcaldesa. 

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8 de marzo de 2024, Cali, Colombia. Foto por Valentina Quintero.

Aunque todos los candidatos y candidatas reconocen que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres, no todos reconocen el patriarcado como un elemento del sistema en el que vivimos. No lo ven como algo estructural que debe acabarse de raíz, desde la educación en los colegios, sino como una costumbre que ha ido cambiando a lo largo de los años. Muchos creen que para solucionar los problemas de las mujeres basta con darles un subsidio mensual o un trabajo, o que las únicas mujeres que hay que apoyar son a las madres cabeza de hogar. No entienden que, lo que principalmente buscan las mujeres, es equidad en la aplicación de la Constitución, que nuestros derechos sean igual de respetados que los de los hombres y que no se nos reduzca a nuestra función como madres u objeto sexual. Porque esto mismo es lo que lleva a que las candidatas mujeres sean vistas como “madres” que pueden salvar el país, que si pueden ordenar la casa pueden ordenar el Estado, que pueden dar amor incondicional. Todo esto son estereotipos que reducen a la variedad enorme de mujeres colombianas, y sobre todo, mujeres políticas. 

Más aún si las candidatas mujeres siguen resaltando sus cualidades como madres y no como políticas; si siguen doblegándose ante figuras masculinas –como lo hace Paloma Valencia con quien llama su “padre político”, es decir, el expresidente Álvaro Uribe–, si no reconocen el papel del feminismo en nuestra sociedad y la importancia de la perspectiva de género en la educación y la crianza, nunca podrán representar realmente los derechos e intereses de las mujeres en Colombia, que van más allá de un subsidio mensual. Pero no solo las candidatas son las que deben cambiar, sino también el tratamiento mediático que existe de ellas. ¿Por qué a las mujeres sí se les pregunta sobre temas “blandos”, como el género, la familia, la iglesia, el aborto, la salud? ¿Por qué a los hombres no? ¿Por qué las candidatas en sus campañas exaltan su papel como madres, religiosas y su relación con otras mujeres y su familia? ¿Por qué los hombres no?