Escuela de Comunicación Social
Universidad del Valle

Siloé, mi sueño: una ciudad narrada con voz de infancia

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¿Qué historia le contaremos a quienes queden aquí? Si bien a lo largo de los últimos años la forma en que se cuenta Siloé se ha transformado positivamente, es necesario continuar desafiando los estereotipos que privilegian una narrativa marcada por el estigma. De igual forma, es indispensable abrir espacios en los que las voces de los niños y las niñas sean escuchadas, a partir de la construcción de relatos que les permitan contarse a sí mismos y al territorio que reciben como suyo.

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Por: Sofía Burbano y Camila Ramirez

Íbamos en el MIO cable y el sol ardiente de las dos de la tarde inundaba ese pequeño vagón en el que nos elevabamos. Llegamos a la primera estación. Esa no era. En la segunda, la azul, la que se llama Lleras, nos bajamos: nosotros, los cinco estudiantes, y la profe Patricia. Llevábamos todo. Cartulinas, marcadores, tres grabadoras, audífonos y un bafle. Con cierto aire de seguridad, como si ya fuésemos parte del barrio, emprendimos la caminata hacia la Ludoteca La Esperanza. Hace un momento habíamos resuelto que “preguntando, llegamos.” En efecto, luego de subir dos pendientes y dar vuelta a la izquierda nos topamos con aquella casa de rejas verdes en la que los sueños de los niños y niñas tienen un lugar para habitar. 

La Ludoteca La Esperanza es un espacio de encuentro, de construcción conjunta y de sostenimiento de la vida. Ahí las niñas, niños y jóvenes de Siloé encuentran un lugar para aprender, para fortalecerse desde la juntanza y para explorar sus habilidades a través del juego, la recreación, el arte y la cultura. También cuenta con un comedor comunitario en el que se defiende la alimentación como un derecho fundamental. Justo al frente se encuentra el Polideportivo de La Estrella, que fue el lugar en el que desarrollamos las actividades que teníamos preparadas. 

Hace unos meses,nos habíamos propuesto trabajar de la mano con las comunidades residentes en Siloé a través de la elaboración y ejecución de una serie de proyectos que nos permitieran tener una mirada mucho más sentida del territorio. Nosotras nos preguntamos por las maneras en que las niñas y niños miran su propio barrio, partiendo de que éste ha sido objeto de estigmatización por mucho tiempo y a la larga son ellas y ellos quienes contarán las historias futuras. Aquellas que permitirán derribar estos prejuicios. Gracias al contacto con Carmen Elena —que no sólo coordina las actividades de la Ludoteca, sino que fluye en ella como una corriente que convoca, guía y hace que todo avance con esa mezcla suya de firmeza y calidez— logramos concretar un espacio en el que las infancias narraron su ciudad, mapeando su territorio y reconociendo aquellos lugares que recorren con especial afecto.

Cuando llegamos a la Ludoteca nuestros cuerpos iban empapados en sudor. Elena nos invitó a que nos sentaremos y a que reposaramos un momento para luego dar inicio a la actividad. Algunas niñas y niños estaban terminando su almuerzo en la zona de la Biblioteca, que es en la que se encuentran las mesas para sentarse a comer. Luego de unos minutos nos desplazamos con las chicas y chicos hacía el Polideportivo. Nos separamos por grupos, nos presentamos e iniciamos a cartografiar el barrio, primero en papel y luego capturando las ondas de sus relatos. Los marcadores fueron escasos y el bafle que teníamos dispuesto para presentarles una pieza sonora que les preparamos no funcionó, pero en medio de todo nos dimos cuenta de que lo más valioso al fin y al cabo había sido el poder escuchar las voces de quienes habitan el territorio y lo entienden como suyo; de quienes se parchan jugando fútbol en cancha grande o volando cometa en el morro; de quienes aman ir a la Horqueta y les gustan sus colegios porque ahí tienen muchos amigos. Lo más valioso de todo fue tener la oportunidad de ver a Siloé desde otros ojos, desde esos que la miran con atención, y más que cerca de sus suelos. Que no le temen, ni le olvidan.

Lo que vemos aquí es el resultado de esta experiencia, que aunque corta, nos permite ya tener algunas impresiones sobre cómo Siloé no solo es planicie, también es montaña que se extiende hasta los cielos; no solo es la violencia con la que muchos se refieren a sus calles, sino que es una territorio de lucha y resistencia, en el que el sueño de vivir se sustenta a través de los procesos de construcción de paz, que revolucionan las limitadas creencias que se tienen sobre lo que es y lo que no es el barrio.

Fotografías: Nathalia Becerra.