
Anatomía de un deseo autoritario
Abelardo de la Espriella aparece envuelto en banderas. Habla de patria, de orden, de mano dura, de enemigos internos y de restaurar la grandeza nacional. Promete rescatar a Colombia del caos. Miles de personas lo escuchan y sienten alivio. No porque hayan estudiado su programa económico. No porque conozcan sus propuestas institucionales. Lo escuchan porque les ofrece algo mucho más inmediato: una explicación simple para problemas complejos y un enemigo al cual culpar por todo lo que salió mal.