“Aquí el peor insulto es sapa”.

Existen muchos mitos, leyendas y cuentos sobre la olla del barrio Sucre en Cali, algunos son sólo hechos fantásticos, pero otros no.

Maleta en mano, pequeña para despistar. Cámara fotográfica colgando del cuello. Gafas oscuras, bufanda en croché y jersey negro, gorro francés coquetamente inclinado hacia adelante. Lugar: aeropuerto internacional Alfonso Bonilla Aragón. Ciudad: Cali, Colombia; temperatura: 32º a la sombra.

Un despertador suena a las tres de la tarde. Paris se levanta y sin importar sus creencias religiosas, debe trabajar. Es semana santa, y esta es una de las mejores fechas para ganar dinero en línea.

El transporte, el suministro de agua potable y la deficiente planeación industrial son algunos de los principales problemas de Cali. Una radiografía itinerante y sedienta.

En la actualidad, muchos inmigrantes españoles retornan a sus países de origen. No saben si es una derrota, pero no pudieron soportar más la situación. Por eso regresan. Han decidido abandonar el barco antes que termine de hundirse con sus sueños.

Una mujer lucha contra los ejércitos, contra el tiempo y las instituciones. ¿Debe una persona que ha sido violada parir el hijo de su violador?

Desplazamiento, narcotráfico y mestizaje: aristas de una misma ciudad.

Mirada a un pasado latente. Hoy Cali muestra las marcas de décadas de migraciones masivas y asentamientos, de tiempos conflictivos con dinero líquido ilegal, y de una cultura que, a fuerza de cambios, se empieza a resquebrajar, a fundir su forma tradicional de imaginarse.

Las palmas y los árboles de la Calle Quinta se agitan con la brisa típica de las seis de la tarde. Tras el ventanal de un bus del MIO, se observa una pequeña parte de la ciudad inquieta que jadea tras el trajín de la hora pico. La noche cae sobre Cali, una ciudad que no duerme y arde. Sobre esa calle quinta de árboles y palmas, en uno de los barrios más antiguos de la ciudad, se levanta imponente el Hospital Universitario del Valle.