La educación superior privada es un negocio que prospera a costa del desfinanciamiento de la universidad pública y el crecimiento de los créditos educativos. Hoy, pagar las costosas matrículas de las instituciones privadas es sólo uno de los obstáculos que los estudiantes deben enfrentar al incorporarse en las lógicas del mercado educativo.

Tras el vidrio de la cabina, Frank y Diego están listos para grabar su canción. Tras el sonido de la pista Frank se mueve con soltura al ritmo de la música y canta frente al micrófono. Diego mueve sus brazos mientras rapea. Se equivocan, repiten, se ríen, disfrutan. Se ven felices. Tal vez algún día cantarán en un gran escenario y serán ovacionados por el público. Por lo pronto, al terminar la grabación volverán a cantar en los buses para sobrevivir.

Voces: que tomar la píldora a deshoras es peligroso, que hay riesgo si se sale el condón aún antes de la eyaculación, que una mujer se embarazó con el esperma que su hijo dejó en la tina... Como si el cuerpo existiera para ese fin y no dejara pasar oportunidad alguna. Yo no podría ser madre -me repito hipnotizada por el tablero de turnos del laboratorio- porque la idea de lo permanente me aterra.

En Cali, en la ladera suroccidental, de los grifos no sale agua durante horas sin importar si es temporada de lluvias o de calor sofocante. Hace años los cortes del servicio podían extenderse durante días. Ahora es conveniente preguntarnos si es posible que se repitan los ‘días de la escasez de agua’ en la ciudad.

En nuestro país, una nación que ha generado indicadores de violencia y desplazamiento con niveles que suelen compararse con países como Siria, Irak, Congo y Sudán, llegó el momento de incluir en el cuadro mental de nuestras posibilidades mejores formas de resolver nuestros conflictos. 

Detrás de cada militante que ha portado un arma en el conflicto armado también hay una historia de vida. María Deisy Quistial, una mujer indígena campesina, exintegrante del movimiento guerrillero Manuel Quintín Lame, desmovilizado en 1991, cuenta la suya.

La trompeta militar resonó por todo el campo de entrenamiento la madrugada del 22 de julio de 1984. Iniciaba la jornada y el dormitorio del Batallón de Caballería en Ipiales Nariño pareció envuelto por constantes ráfagas de viento que se filtraban hasta llegar a los soldados contraguerrilla. 

Un ex funcionario público sentenciado a muerte por las Autodefensas Unidas del Santander y el Sur del Cesar, en Sabana de Torres, oriente colombiano, vivió un éxodo para defender su vida y la de su familia. Varios años después, la travesía continúa.