Detrás de cada militante que ha portado un arma en el conflicto armado también hay una historia de vida. María Deisy Quistial, una mujer indígena campesina, exintegrante del movimiento guerrillero Manuel Quintín Lame, desmovilizado en 1991, cuenta la suya.

La trompeta militar resonó por todo el campo de entrenamiento la madrugada del 22 de julio de 1984. Iniciaba la jornada y el dormitorio del Batallón de Caballería en Ipiales Nariño pareció envuelto por constantes ráfagas de viento que se filtraban hasta llegar a los soldados contraguerrilla. 

Un ex funcionario público sentenciado a muerte por las Autodefensas Unidas del Santander y el Sur del Cesar, en Sabana de Torres, oriente colombiano, vivió un éxodo para defender su vida y la de su familia. Varios años después, la travesía continúa.

A su llegada, los paramilitares pintaron árboles, postes, arcos de fútbol, piedras con los colores de la bandera nacional, como símbolo de su permanencia en la zona y como muestra, para la guerrilla, de que el pueblo estaba bajo su dominio

En septiembre de 1999, grupos paramilitares ingresaron al corregimiento de La Mesa, a solo una hora de Valledupar. Al mando de David Hernández Rojas, alias ´39´, tomaron control de la zona. A los pobladores les quitaron las cédulas y las reemplazaron por fichas de colores. Así inició un control violento sobre la población, de la cual aún quedas las secuelas. 

Tras participar en varios programas de resocialización para jóvenes, Edwin Hernández hoy es un líder cívico de la comuna 21 de Cali. Con su hermano y un amigo creó la Fundación Huella Ambiental, dedicada al reciclaje. Tiene más de 300 integrantes entre desmovilizados paramilitares y guerrilleros, exdelincuentes y recicladores comunes. Ahora todos son compañeros de trabajo.

Margarita, una optómetra caleña, trabaja cada día para darle una oportunidad de integración social a pacientes que han perdidos sus ojos. ¿Se puede herir con la mirada?

En Palmira, una pequeña ciudad al suroccidente de Colombia, un equipo de basquetbolistas en situación de discapacidad se está abriendo camino con sus manos. Luego de perder algunas de sus extremidades, luchan por sobreponerse y hoy practican el deporte adaptado, una actividad que es ejemplo de reconciliación con el cuerpo y la vida.

No es un corsario, un bucanero o un filibustero. No hace parte de ninguna aventura en alta mar. En la soledad de su recinto, en el sur de Cali, James Carmona, El pirata, guarda un tesoro singular que se debate entre el óxido y el olvido. Miles de esferas doradas custodian la casa del hombre al que le falta un ojo.