En agosto de 1984 el M-19 se tomó Yumbo, un municipio aleñado de Cali y epicentro industrial de la región con altos índices de desigualdad. Ana María y Jaime, una pareja residente de este municipio cuenta la historia desde la orilla del movimiento desmovilizado. 

Uno de los libros de periodismo narrativo más logrados en el Valle del Cauca es La mirada de los condenados, un relato en profundidad sobre la masacre que tres hombres cometieron en 1984 en el Diners Club, en pleno centro de Cali. Óscar Osorio, hoy Director de la Escuela de Estudios Literarios de Univalle y coautor, nos cuenta cómo escribieron la historia. 

Huyó de Chocó asediada por la violencia y en Cali la recibió otra guerra. En medio de su realidad, Estelia se aferra a una idea: cree que si aprende a leer y a escribir podría cambiar el rumbo a su vida y se ha propuesto lograrlo.

Las FARC eran para mí inhumanidad. A los guerrilleros los imaginaba lejanos, en la selva; temía ir al campo y cruzarme con alguno. Creía que era el único problema de la violencia en Colombia. Tras la firma de los Acuerdos de Paz y motivada por conocer el otro lado de la historia, asistí a un voluntariado en una Zona Veredal Transitoria de Normalización. ¿Qué pasa cuando se está frente a quienes  te presentaron  como los enemigos?

La armonía es esquiva en la mayoría de las familias, en algunas es una ausencia. Cuando en un hogar las dificultades prevalecen la balanza puede inclinarse hasta el maltrato. Sin embargo, las causas del problema pueden ocultarse en el pasado y es necesario mirar hacia atrás, escudriñar, entender; a eso se ha dedicado Belén durante estos tres años separada de su hija.

En la Hacienda El Paraíso el aposento de Efraín luce los accesorios que identifican el personaje: la imagen de Isaacs, quien lo escribió, una cruz cristiana sobre el nochero, tres rosas rojas sobre el gabinete y una escopeta sobre la pared. El tapete dispuesto al lado de la cama para poner los pies al levantarse es el cuero de un jaguar. La literatura hace más Historia cuando viaja en compañía del poder.

 

Muchos caleños no han sufrido el impacto directo de un sismo y una suerte de optimismo frente a los movimientos telúricos se ha tomado la ciudad. Hoy no estamos preparados para atender un desastre y tampoco para prevenirlo.

Big Father tiene 26 años. Hace más de cinco que su cuerpo carga con la huella del conflicto que arrecia en su barrio, Mojica, en el Distrito de Aguablanca. Hace más de cinco que salió de coma luego de recibir tres tiros por no dejarse robar. Hace más de cinco, mientras caminaba en muletas, descubrió el poder transformador del hip-hop y lo tomó como resistencia a la violencia en su comunidad.