“La sociedad se desintegra. Cada familia en pie de guerra. La corrupción y el desgobierno, hacen de la ciudad un infierno. Gritos y acusaciones, mentiras y traiciones, hacen que la razón desaparezca. Nace la indiferencia, se anula la conciencia, y no hay ideal que no se desvanezca”.

Hipocresía, Rubén Bládes 

 

Por: Luis Nieto Gil

 

El café más feo de Cali lo sirven en el quinto piso de la Torre de la Alcaldía: su poca consistencia y su sabor quemado reflejan la desidia del funcionario público que lo prepara. La “sala de crisis” es un espacio con blancas paredes de madeflex; las reformas a las dependencias de la Alcaldía dejaron un lugar para las reuniones de la Secretaría de Gobierno; entre ellas el encuentro del Observatorio Social, los Consejos de Gobierno y las reuniones de emergencia que se realizan cuando algo “extraordinario” sucede en la ciudad. 


Filas frente a edificio publico  

Al entrar lo primero que se ve es una mesa de madera grande en forma ovalada, rodeada de varios sillones de madera y cuero: cómodos pero chillones. Frente a la puerta de entrada se ve un aire acondicionado tan grande y ruidoso que parece sacado de una película de ciencia ficción. Las paredes están adornadas con mapas de los sectores críticos de la ciudad y afiches de campañas de prevención de riesgos y de promoción de entidades como los Bomberos y la Defensa Civil. Una pequeña ventana hacia el interior permite observar una bella funcionaria que distrae la tensión de las reuniones. Por las ventanas laterales se aprecian las palomas, los transeúntes de la Plazoleta de Bolívar van y vienen del Concejo Municipal. El baño siempre está bajo llave. Huele a húmedo, a viejo y a las cremas humectantes y perfumes de los asistentes.

El Observatorio Social de Cali es un área adscrita a la Secretaría de Gobierno, Convivencia y Seguridad de la Alcaldía; funciona como un sistema  en el que se registra, procesa, analiza, “investiga” y difunde información de los hechos  violentos de la ciudad. Las reuniones se celebran todos los martes entre las 9 (siempre se empieza a las 9:15 o 9:20) y las 12:30 (máximo porque hay que almorzar). Cada martes asisten a las reuniones representantes de la Fiscalía Seccional Cali, Medicina Legal, la SIJIN de la Policía, el DAS y un representante del Instituto CISALVA de la Universidad del Valle. Este último sólo asiste para observar. El propósito de estas reuniones es confrontar, entre las instituciones presentes, los datos de las muertes registradas en la ciudad durante una semana.

Buscan consolidar estos datos, semana a semana, para orientar las decisiones de la Secretaría de Gobierno en seguridad y convivencia. Lo que, técnicamente, debería ocurrir es que las entidades se percataran que los homicidios están en alza; se les hacen llegar los datos al alcalde, él le pide a la Secretaría de Gobierno que convoque un Consejo de Seguridad al cual deben asistir la Policía (con sus dependencias de investigación como la SIJIN y la SIPOL), el DAS, el Ejército Nacional y la Fiscalía. En el Consejo de Seguridad se deben tomar las medidas “necesarias” para minimizar el riego que tendrían los habitantes de sufrir un hecho violento. Estas acciones deberían garantizar la vida, la integridad y la salud de quienes habitan la ciudad.

En los 18 años de funcionamiento del Observatorio Social se han consolidado, de forma más mecánica que rigurosa, los datos de muertes violentas, suicidios, muertes por tránsito, así como los lugares donde operan las pandillas en Cali; además, se identifican los lugares en los que más homicidios ocurren, los posibles móviles y las horas en las que se presentan; en suma, se tiene la información que permitiría adoptar medidas para que Cali fuera una ciudad relativamente tranquila y segura.

Toda esta información que debería orientar las políticas de seguridad del municipio, se ha convertido en el “chivo expiatorio” de los medios de comunicación en el momento que quieren cuestionar la gestión del alcalde de turno; salvo eso, en la ciudad muy pocos o casi ningún programa o política se ha desarrollado con base en estas estadísticas.

Lo anterior significa que todos los habitantes tienen un riesgo permanente que ya se ha identificado y no se está interviniendo. Son (somos) un número más. Una estadística con ubicación futura en el cementerio.

En las calles de Manuela hay una esquina, en la esquina hay un parche, en el parche está Estiven…

Después de más de 12 horas de sueño y un café amargo por la falta de azúcar, Estiven llega al parche de la 26k con 105, justo al lado del canal de aguas negras del barrio Manuela Beltrán, al oriente de Cali, en pleno Distrito de Aguablanca. A la zona verde van llegando Jair, Andrés, Milton, Gustavo y “El Tego” (a quien nadie le sabe su nombre real). La charla pasa por los partidos de fútbol del fin de semana, por lo mal que va el Deportivo Cali (se burlan de Gustavo y “El Tego”, hinchas del equipo verde) y apuestan que los rojos van a la final para ser campeones como siempre.

Estiven, a diferencia de “El Tego” y Gustavo, no tiene la pinta de un muchacho de los parches de Manuela. Tez blanca, ojos café claros, cabello castaño, más o menos 1.65 de estatura… su figura fofa y torpe no genera desconfianza cuando se acerca a alguien en algún paradero o cuando se sienta al lado en un bus…

-Vos no parecés un man que haga vueltas…

-Ja, tan güevón! Que me voy andar boletiando por ahí. Además yo soy un man bien, sino pregúntele a mi cucha, ella le dirá que soy un “angelito precioso”… (Suspiro) severa gonorrea!

Según datos del Observatorio Social de Cali, en la ciudad existen cerca de 103 pandillas mapeadas, georeferenciadas y clasificadas. De ellas se sabe el número promedio de integrantes, la edad y se tiene alguna aproximación a lo que se considera el modus operandi. El 28% se ubican en la comuna 20, zona donde se concentra el mayor número de bandas en la ciudad. También es alto el número de pandillas ubicadas en la comuna 13, donde se identifican 14 agrupaciones, dos más que en la comuna 15 donde se reconocen 12. En conjunto, las comunas 13, 14, 15, también denominadas “Distrito de Aguablanca”, presentan en sus límites 33 pandillas identificadas. La del parche de la 26K con 105 aún no tiene nombre, ni ellos mismos se consideran una pandilla como tal.

El parche de la 26K con 105 roba de vez en cuando. La plata se la levantan con extorsiones a los distribuidores de mercancía de las tiendas y supermercados del barrio, a los buses y colectivos que transitan por la zona; también comercializan marihuana, bazuco y una que otra pepa que les encargan en ocasiones. Con perico no se meten porque los distribuidores son más agresivos, además, con lo que venden, satisfacen “el mercado interno”. No hay muchos roles definidos al interior del parche, cada quien hace lo que se necesite. Hay un principio de cooperativismo: el que haga alguna vuelta comparte con los demás. Del microtráfico de drogas se encargan todos, en especial de conseguir nuevos compradores, aunque “El Tego” es quien guarda la mercancía.

Estiven llegó al parche de la 26k con 105 después de un partido de micro en la cancha ubicada detrás del Centro Comunitario de Desarrollo de Manuela. Sus padres, ambos trabajadores y migrantes del Viejo Caldas, lo dejaban solo la mayor parte del día. Su hermano mayor se dedicó a estudiar y poco cuidado le ponía en las tardes. Realmente no estaba buscando nada en especial, sólo un grupo de personas que hablaran de cosas que le interesaran: fútbol y mujeres. Sobre estudio no quería saber nada porque poco entendía en la escuela a la que iba y el profesor no tenía paciencia para explicarle. Su primer “porro” se lo fumó a los 14 y se pegó una embotada tenaz, parecía que todo iba en cámara lenta y después la boca la tenía como si estuviera llena de arena seca (risas de todos los del parche). Después poco ha fumado aunque reconoce que lo hace al menos una o dos veces a la semana…

-Ahhh, es que a lo bien la marihuana me cae como mal… me hace doler la barriga… yo no sé… lo que sí, es que después de alguna vuelta me meto dos o tres plones y quedo bien, como que me baja la revolución del corazón…

Estiven tiene una novia de 14 años con la que quiere tener un hijo lo más pronto posible. La mayoría de sus conocidos del barrio, a su edad ya son padres y no quisiera quedarse atrás. A su novia el tema le asusta un poco, pues en su casa no saben que anda con Estiven y muchos menos que se vuela del colegio para irse a la casa de su novio a ver películas de acción y porno, a tener sexo y comer presas de pollo apanado con Coca-Cola.

Son las dos de la tarde y hay que levantarse lo del almuerzo. Gustavo y Milton recuerdan que ya no demora en pasar el “mono” de la leche al que hace rato que no “aprietan”. La idea es esperarlo por la parte de atrás del canal de aguas negras y cuando vaya buscando la salida hacia “La Casona”, caerle; lo intimidarán con armas blancas, le quitarán parte de la plata y algunas bolsas de leche (que después llevan a sus casas para hacer jugo en el almuerzo).

La vuelta sale perfecta, sólo que al que apretaron no fue al “mono” de la leche sino a una furgoneta que repartía productos a las tiendas. En vez de leche llegaron con dos cajas de jabón azul y una paca de papel higiénico. El botín fue 233 mil pesos (18 mil de ellos en monedas de 200 y 500), el jabón y un puntazo con navaja al ayudante del conductor que se puso de salsita a sacar una varilla para respondernos. La herida, dice Milton, quien la propinó, es superficial en un brazo y al muchacho no le va a pasar nada grave. El parche se calentó por hoy. Tienen que repartirse las cosas y “encaletarse” al menos el resto de la tarde. Son las 4:35 de un martes, un día normal en Manuela Beltrán.


Sombras en la sábana

El lunes previo a la reunión del Observatorio Social, un representante de la Fiscalía y otro del Observatorio se reúnen para tener listos los datos a procesar en la reunión. El día martes se entrega a cada uno de los asistentes la “sábana” (una planilla en la que están consignadas todas las muertes de la semana en las que la Fiscalía realizó el levantamiento) con los datos a consolidar, de forma que cada una de las instituciones presentes corrobore la información. Con este ejercicio se busca que no se “pierdan” muertos o aspectos que puedan ser relevantes para esclarecer los hechos a la hora de una investigación.

Una representante de la Fiscalía seccional de Cali inicia leyendo los datos consignados en la “sábana”: dirección del incidente, tipo de arma con la que se cometió el asesinato, identificación y nombre del occiso, profesión, edad, hora y fecha del crimen.


Culata de pistola

Hoy la “sábana” registra 42 homicidios. El proceso se repite en cada uno de los 42 casos registrados con el mismo tipo de errores: problemas con el número de identificación, imprecisiones en la dirección, datos poco creíbles sobre los hechos:

SPOA 28412: carrera 2E con calle 80 del Barrio Petecuy, un arma de fuego, mecánico, 38 años… medicina legal: ¿algo adicional?

-No, están bien los datos

-¿SIJIN algo adicional?

-Según una entrevista aportada por la policía, se habló con una persona que acompaña al occiso; lo que ocurrió es que estaban en una terraza y se escuchó un disparo, después del disparo se oyó un “ay, me casqué” y la persona cayó al suelo. Presuntamente limpiaba el arma cuando se le disparó.

-¿Y sólo se hizo esa entrevista, no se indagaron más aspectos sobre el hecho?

-SIJIN: ummm… no, pues eso fue lo que dijo el muchacho que estaba con el señor… además era un pelao como de unos 20 años… ¿cuántos casos faltan?

-Éste es el 4°, para hoy son 42. ¿No le dieron la sábana al llegar?

-SIJIN: Por eso, entonces sigamos…

La queja más frecuente de los representantes de la Fiscalía es que la SIJIN y la Policía Metropolitana no indagan sobre los hechos y esto contribuye a los altos niveles de impunidad que existen en Cali.

Por su parte la Policía y la SIJIN se quejan de que la Fiscalía no procesa eficientemente los datos. La Fiscalía dice que no hay suficiente personal y que existen 34 vacantes que dificultan el trabajo. Para tratar de contrarrestar estos problemas se crearon en agosto del año pasado los bloques VIDA, integrados por investigadores del CTI, la Policía y la Fiscalía para esclarecer los actos violentos. La Secretaría de Gobierno dice que han logrado aclarar el 75% de los homicidios que se presentaron el año paso en el Oriente y la Ladera de Cali, zonas donde se supone, ocurren la mayor cantidad de los homicidios.

La queja general en la reunión es que las diferentes entidades no se comparten datos entre sí: regularmente quien llega primero es la Policía que indaga y se queda con la información; cuando llega la SIJIN o el CTI a hacer el levantamiento del cadáver los testigos ya no quieren hablar y la Policía no aporta la información que recolectó. Así sucede en la mayoría de los casos.

Son las 11:23 de un martes cualquiera en el quinto piso de la Torre de la Alcaldía, sala de crisis de la Secretaría de Gobierno. Hay nueve personas reunidas y se han corroborado los datos de 32 de las 42 muertes violentas que se produjeron en la ciudad la semana anterior. Desde las 9:20 am que inició, hasta esta hora, la reunión ha tenido el mismo comportamiento. La dinámica se convierte en estática.

 


Hoy cambiará la vida, hoy cambiará su vida, hoy cambiará mi vida

-¿Y a quiénes agarraron?

-Pues que se sepa a Gustavo nada más

-¿Pero lo pillaron en algo, estaba cargado?

-Ese marica venía con todo el encargo completo: la vareta, como 20 pepas (esas son las que más me duelen) y unos cosos de bazuco que eran pa’ los del caño

En las últimas dos semanas, al “El Tego” lo había estado visitando con más frecuencia la motorizada que da vueltas por esa zona de Manuela. Lo que él dice es que los parches de Las Orquídeas tienen la zona caliente y a ellos les quieren hacer pagar las consecuencias. Producto de las visitas fue la retención de Gustavo en la Estación de Policía de Los Mangos. Según dicen los del parche, Gustavo fue a recoger la droga del gran distribuidor, cuando iba de camino a la 26k con 105 la motorizada lo paró, lo requisó y terminó en la Estación de Policía. No hubo opción de nada, ni de ofrecer dinero o arreglar de otra forma; ese día los policías tenían que mostrar resultados en contra de los expendedores del oriente de Cali y Gustavo cayó.

La situación se complica porque todo el parche está endeudado con el distribuidor de la droga y esa plata nunca se pierde. En este tipo de negocios se paga o se paga. En el parche de la 26k con 105 todo es preocupación. Saben que si la policía está mostrando resultados no pueden salir a robar porque seguro les van a caer y es peor. Entre ellos se cuentan la historia de alguien a quien retuvieron por robarse un celular y terminó siendo uno de “los más buscados de Cali” y hasta en la prensa salió y todo. Es jueves en la tarde y en el parche de la 26k con 105 se pasó de no hacer nada a no saber qué hacer.

El viernes por la tarde “El Tego” recibió una llamada. El distribuidor con el que estaba endeudado ya sabía que la mercancía se había caído y que ellos no tenían cómo pagar. Pero El Tego lo tranquiliza con una opción. Un parche de Marroquín I etapa no quiere pagar una plata. El parche ya dejó de ser una pandilla que roba y está haciendo incursiones como oficina de cobro. Le cuenta que lo está patrocinando un grupo de gente que se hace pasar por desmovilizados pero que realmente toda la vida han sido ladrones y ahora son matones. La propuesta consiste en caerle el sábado por la mañana a los del parche de Marroquín, decirles que van por la plata, arreglar una opción de pago (se recibe efectivo, armas o la droga que se les entregó) y coordinar con ellos que, efectivamente, se pague la deuda.

“El Tego” sabe que la cosa no es tan sencilla como la propone en la llamada pero decide aceptar pues conoce, de épocas de fútbol, a dos muchachos que parchan con la banda a la que deben cobrarle; además, no tiene de dónde sacar la plata que le debe al distribuidor. La cosa queda en que les van a hacer llegar un par de fierros (un 38 corto y una escopeta de fabricación casera) por si la cosa se pone maluca. Todos esperan que no se ponga maluca.

Estiven fue encargado para recoger los fierros a una panadería de la calle 112. Le pidió a Milton que lo acompañara pero éste no quiso y nadie más se ofreció. Todos le dijeron que cuanta más gente, más boleta y ya tenían bastante como para seguirse boletiando en el barrio. Estiven no quedó muy convencido pero aceptó recoger la encomienda, total: era recibir una bolsa y salir hasta donde estaba el parche, nada tendría que salir mal.

Gustavo (que estuvo retenido 10 días y después salió por vencimiento de términos) y Milton dicen que no se sabe qué pasó. La historia que se escucha es que Estiven llegó a la panadería, se encontró con un hombre de estatura media, indio, vestido de jean, tenis y camiseta; ambos se tomaron una pony malta, el indio le entregó a Estiven una bolsa, se subió a un colectivo y se fue. Cuando Estiven iba caminando por la 112 con 26M un taxi paró a su lado, se subió (lo subieron) y no se volvió a saber nada más él…

A “El Tego” le tocó dar un televisor LCD, un equipo de sonido y unos relojes que tenía en pago de la deuda con el distribuidor, nunca pudo llegar a cobrar la plata a los de Marroquín I y prefirió irse del parche a que lo mataran.

Según cuentan Gustavo y Milton, los únicos que quedaron del parche, “El Tego” está por los lados de Puerto Tejada haciendo vueltas con una gente de la guerrilla que opera en el Cauca. A Jair y Andrés, quienes al parecer eran primos, la tía los mandó a un pueblo de Nariño, donde viven sus padres. No se sabe nada más de ellos. Gustavo y Milton dicen que están calientes. Los distribuidores a quienes robaron ya los tienen ubicados y creen que en cualquier momento les mandarán a hacer la vuelta. No tienen opción de irse para ningún parte y han preferido buscar otras alternativas para enfriarse un poco. Milton está yendo a una de las iglesias pentecostales del barrio, Gustavo está esperando… no sabe qué, pero está esperando. Es miércoles por la noche en Manuela Beltrán, el parche de la 26K con 105 no existe más, pero quedan muchos parches que se disputan, a plomo, el control de la zona. Se escuchan seis tiros y la comunidad dice que hay un herido en la cancha. Milton y Gustavo están en sus casas, no se sabe quién cayó en Manuela.


El médico de turno dijo: muerte por causa natural

Según datos consolidados del mismo Observatorio Social de Cali, entre 1995 y 2010, el promedio de muertes violentas en la ciudad es de 1762 casos por año. En este período hubo momentos de mayor número de asesinatos como entre 1999 y 2004, cuando se presentaron, por año, 1920, 1892, 1967, 1921, 2014 y 2100 respectivamente. Los datos consolidados indican que la tasa de homicidio es de 81 casos por 100 mil habitantes. Por cada 100 mil habitantes de Cali, mueren 81 personas cada año.

El Instituto Nacional de Medicina Legal asegura que por cada muerte violenta que ocurre en el país, al menos cinco personas quedan heridas en una situación similar a la que originó la muerte y que de esas cinco personas, al menos dos o tres quedan con secuelas para toda la vida. Traduciendo: A una persona la va a matar un sicario, el sicario falla en su intento y la víctima queda con una herida de gravedad que le dejará una discapacidad física o mental para toda su vida. Esa discapacidad le cuesta una cantidad enorme al sistema de salud del país durante todo el proceso: desde salvar la vida al sujeto, atenderlo, suministrarle medicamentos y prevenir las posibles consecuencias de la herida. La violencia está afectando el sistema de salud del país debido a los altos costos que genera. 


Las siluetas de los edificios rompen el cielo

Desde el punto de vista económico, si se analizan las edades de los muertos en Cali, la población con mayor riesgo son los hombres entre 15 y 34 años. Personas en toda la etapa productiva. De continuar esta tendencia, en unos 10 o 15 años, en Cali habrán muerto suficientes jóvenes como para abrir una brecha generacional tan importante que afectará seriamente el desarrollo de la ciudad.

Pero esto no para aquí; se sabe por la sicología social y por la sociología que las familias protagonistas de episodios de violencia, victimas o victimarios, tienen 70% más posibilidades de que se repita un hecho similar que una familia en la que no se ha presentado una situación de este tipo. Además de los costos a la salud pública y las dificultades en el área productiva para la ciudad, hay que sumar el dolor, rencor, frustración y necesidad de venganza con la que están conviviendo estas familias en Cali; en especial, quienes habitan el oriente y la ladera. Sentimientos que derivarán en problemas de salud mental como depresión o estrés.


Sombras son la gente: un futuro incierto

La falta de competencia de las autoridades y la complicidad de los ciudadanos sigue engendrando violencia. Desde la bomba al Palacio de Justicia el 1 de septiembre de 2008 hasta agosto de 2010, la justicia en Cali acumula más de 63.885 procesos activos por diversos delitos y no hay fiscales para procesarlos. En los sectores donde operan con más fuerza las pandillas y las oficinas de cobro reina la ley del silencio. La comunidad no denuncia por miedo a las retaliaciones de las que pueden ser objeto y no creen en la policía como garante de autoridad. Los habitantes del oriente y la ladera denuncian que agentes de policía son cómplices de los bandidos, la credibilidad y la imagen de la autoridad está en su peor momento.

En enero de este año se terminaron los Planes de Seguridad por Comunas de Cali. Un grupo de la Universidad del Valle, propuso estrategias para mitigar algunos problemas asociados con la violencia que ha vivido la ciudad por más de una década. Pero la ejecución se quedó en las buenas intenciones del alcalde municipal y en la poca capacidad de gestión de su Secretaría de Gobierno.

En los meses que le quedan a esta administración es poco probable que logre disminuir la criminalidad. A lo máximo, aumentará el patrullaje de una policía desprestigiada, se restringirá el porte de armas y se decomisarán algunas drogas.

Pero el problema de Cali es de gran calado. No sólo se trata de una carencia de oportunidades de trabajo y educación, como pregonan ciertos grupos que viven de captar fondos de organismos de cooperación.

Para producir cambios la policía tendría que disminuir su corrupción, así como las dependencias municipales que entregan contratos a dedo a grupos políticos; la gente tendría que denunciar y no tolerar más los hechos violentos y el Estado tendría que resolver las vacantes de la justicia para que fuera más operativa. En pocos días se celebrará en Cali una “Cumbre de Seguridad” encabezada por el Ministro de Defensa, los altos mandos nacionales de la policía y el ejército, y las autoridades locales. Para el momento en que lea este texto se dará cuenta que las acciones son las mismas que se han implementado siempre en tiempos de crisis. Ojalá esta vez arrojen algún resultado.