Cuando por fin el público se cansó de aplaudir, aquel talentoso hombre vestido de blanco inició acrobáticos movimientos sobre llamas de fuego en un cajón. La música retumbaba y yo sólo quería verle sus veloces pies luchando contra el calor de ese fuego artificial. En un arrebato inesperado el hombre me miró como si fuese la única en la plaza de toros, a pesar de las dieciséis mil personas que disfrutábamos esa final de rumba y movimiento.

 

Por: Alexander Amézquita Pizo

Fotografías: Álvaro Ruales

Allí estaba él, moviendo sus pies al mejor estilo caleño. Deleitándonos con sus zapaticos de tacón cubano que le siguen el juego a unos pies traviesos que sólo dan alegría y esperanza a miles de caleños que han visto en él un ejemplo de superación.

Su alegría ilumina el paso de decenas de jóvenes que encuentran en el baile la mejor manera de hacerle el quite a la violencia. Y yo, comprometida con estos tambores y timbales, que ponen a ese hombre a bailar como los ángeles, me entero que es uno de los grandes. De los que supo cuál era su verdadero swing.

Bailarín del terruño caleño, que parado sobre la tarima sabe vacilar, entregarse con sabor, con tumbao. Me mira de nuevo y sonríe y deja ver esos dientes blancos, que parecen teclas del piano que interpreta ese Mambo que está bailando.

Yo le sigo el paso saboreando entre los dedos de mis pies el ritmo y el golpe de este verdadero bailarín de salsa; ese eres tú: El Mulato, y yo, la negra más linda que acabas de enamorar.

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Luis Eduardo Hernández Cadena resulta un nombre común para cualquier caleño. Si se busca en el directorio telefónico se encuentran más de veinte registros que coinciden con él. Pero de tantos que existen en esta ciudad uno es el centro de todas las miradas, especialmente cuando se para en un escenario vestido de brillante, de blanco o de rojo.

Nació el 19 de agosto de 1969. Su padre, Leonel Hernández, un campesino de Caldas, llegó a Cali –a mediados de la década de los setenta– a trabajar en los Ferrocarriles Nacionales. Su madre, María Emma Cadena, algunas veces se sentaba en su máquina de coser después de atender a sus ocho hijos y a su marido.

Creció en el barrio El Diamante, que forma parte del Distrito de Aguablanca de Cali, un lugar populoso donde brotan cada día historias de tenacidad. Historias como la de él, que nunca se conmovió de sí mismo por verse obligado a remontar sus zapatos o usar camisas hechas con las sobras de tela del costurero de su mamá. De ese taller de costura salía algún dinero para apaciguar los gastos de la casa.

Vivió y aprendió a bailar salsa entusiasmado por algunos familiares y sus hermanos, de los cuales él se considera el menos hábil para hacerlo. Pero fue su tío William, o Palmerita, como era conocido en el barrio Andrés Sanín, quien lo inició en este mundo de arrebatos y cadencias.

Estudió teatro mientras danzaba en las esquinas de los barrios populares, con sus amigos de juventud, gozándose la vida en las tardes caleñas. Una de esas tardes de bochorno alguien lo invitó a formar parte del que sería su primer grupo. Corría el año 1981 cuando en el barrio El Diamante comenzaban a brillar un joven y cuarenta cómplices más que se hicieron llamar Los Pibes de la Salsa. Fue su primera incursión como director de una escuela de baile, labor que cumple sin interrupción hasta hoy.

La agrupación tuvo que sortear las burlas de los pandilleros del sector. Además de ensayar en los lugares más agrestes como canchas de fútbol con piso de cemento, patios de colegios públicos y sedes comunales deterioradas; era frecuente que los expulsaran por la algarabía que producían cuarenta bailarines y un equipo de sonido a todo dar.

 

 

Luego la agrupación cambió su nombre por Los Ases del Ritmo. El Mulato creó, en compañía de su hermano, laAsociación de Líderes Comunitarios para construir tejido social en un sector vulnerable; así se enfrentó a la drogadicción y a las pandillas. Y lo hizo usando la música, el baile y el gusto popular propio del entorno que lo vio crecer.

Su convocatoria tuvo eco, porque Luis Eduardo era uno de ellos, era un hombre de barrio, en quien todos confiaban. Él les enseñó que si había rabia, resentimiento o dolor en sus corazones lo mejor era canalizar esa inmensa agresividad en un escenario. Cientos de jóvenes recuperados de la violencia o la drogadicción hoy viven con un sentimiento de amor por la música, por el baile y por la ciudad.

“Este proyecto ha tenido éxito porque es honesto. Porque nace del corazón y del barrio. En el rincón de esquina, parado en la calle, brincando en los aguelulos. Así es como han llegado todos los muchachos que quieras, y se ponen a bailar y se olvidan de la violencia, de la agresión. Esto es con fuerza, con violencia pero en el escenario, bailando”, sabe decir El Mulato apretando sus puños y dando pequeños golpes sobre su escritorio de cristal.

Pasados los años llegarían nuevos cambios. El Mulato crea la escuela de baile Los Inquietos de la Salsa y éstos finalmente conforman, en 1999, la mundialmente conocida Escuela de Baile Swing Latino, que en este nuevo siglo ha exportado al mundo artistas e instructores de baile.

El  Mulato ha construido empresa, su grupo ha ganado cinco campeonatos mundiales y a su academia asisten más de quinientos alumnos de todos los niveles sociales. De esta manera cada uno de los ochenta integrantes de Swing Latino se convierte en una célula multiplicadora. Ellos riegan la experiencia de superar obstáculos a través del baile, en los barrios donde aún se entonan acordes de violencia.

El Mulato lleva más de treinta años trabajando con dedicación. Él, que ha cargado con esas ganas de triunfar, lo logró, exaltando los movimientos de la Cali popular.

El grupo está integrado por artistas de talla internacional que expresan el carácter de una ciudad que fusiona, en su manera de rumbear, modos, músicas, movimientos y distintas formas corporales. Han estremecido escenarios de Alemania, Bulgaria, Francia, Holanda, China, Polonia, Inglaterra y Estados Unidos. Se han presentado en veintisiete países y han asistido a más de cincuenta congresos de salsa, en muchos como invitados especiales.

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La multitud brinca, aplaude y tú abres los brazos y te despides del escenario, dejando gotas de sudor que demuestran el esfuerzo que debe hacer un artista para complacer a su público.

Corro hasta la tarima, me paso entre la gente extasiada de la música, de tu baile. Llego hasta detrás del escenario y te veo bajar las gradas. Cansado. Saludas a la prensa, a los fotógrafos, a alguna admiradora de la competencia que te agarra la mano y la besa como si fueses su padre.

Después te alejas angustiado como si algo hubiese salido mal. Pero no es posible, tu baile fue perfecto, limpio como el blanco traje que luces, claro como las gotas de sudor que corren por tu rostro. Pero no fue así para ti. Sabes que algo salió mal, que el jurado no quedará satisfecho, que los chicos se han equivocado y posiblemente, esta misma noche, algunos de ellos ya no pertenecerán más al grupo. Se marcharán porque a tu lado sólo están quienes saben llevar el paso.

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Los del Swing

De tantos años de trabajo y ensayo sin descanso, El Mulato y su Swing Latino han obtenido importantes logros. El primero llegó en el 2004, de la mano de Martha Montañés. En las frías tierras de Philadelphia (Estados Unidos), se llevaron el primer lugar en el Congreso Mundial Salsa Open.

Swing Latino destaca el estilo de baile denominado por el antropólogo Alejandro Ulloa como el estilo clásico caleño. Se caracteriza por la alta velocidad en los pies, una actitud agresiva para enfrentarse a la música, fusionada con una elegancia y febrilidad que lo distingue de los tradicionales estilos cubano y puertorriqueño.

Un año después del triunfo en Philadelphia El Mulato y sus muchachos repiten por partida doble la hazaña en Miami y obtienen los primeros lugares en el Campeonato de la Federación Mundial de Bailarines de Salsa y elConcurso Nacional de Bailarines de Salsa USA, en la categoría de parejas.

En el 2006, durante la realización del Primer Festival Mundial de Salsa de Cali, donde se reunieron más de seiscientos concursantes, El Mulato y su Swing Latino alcanzaron su tercer título mundial. Además, conquistaron la categoría de pareja donde se llevaron los tres primeros premios y el primer puesto en la categoría grupal.

En diciembre de ese mismo año triunfaron en el Campeonato Mundial de Las Vegas ESPN y ESPN Deportes 2006, competencia que reúne competidores de todo el mundo y que tuvo una audiencia de más de doscientos millones de personas.

Su último logro lo alcanzaron ante el propio Marc Anthony, quien eligió a Swing Latino para representar a Colombia en el reality ¡Q’Viva! The Chosen, un concurso que busca por América Latina las propuestas más autenticas y talentosas. “Todos a aplaudir”, fue lo primero que pudo decir el artista neoyorkino cuando los bailarines terminaron su audición y después de afirmar que “están haciendo cosas que nunca he visto en mi vida”, Marc les aseguró el boleto que los llevó hasta la ciudad de Los Ángeles.

El éxito de El Mulato fortalece las propuestas artísticas que surgen en una ciudad interesada, cada vez más, en sus raíces culturales y en las narraciones que bullen desde los más profundos sentimientos de las verbenas y alborotos de las clases populares caleñas.

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El Mulato es un hombre con la capacidad de llevar a cientos de jóvenes a soñar y  hacer esos sueños realidad. De esta labor invisible dan fe miles de personas en Aguablanca. Lugar reprimido y ausente de los circuitos culturales locales, que ahora ve sus hijos triunfar en escenarios inimaginables. Hombres y mujeres ven en El Mulato ese padre ausente por la violencia o la irresponsabilidad.

 Exigencia y disciplina son las dos palabras que se escuchan cuando se pregunta por qué El Mulato y su Swing Latino son una de las mejores escuelas de baile en Cali. Él es riguroso y perfeccionista. Gusta del esfuerzo. Trabaja duro. Ensaya hasta seis horas diarias, todos los días de la semana. Verlo trabajar recuerda las rutinas militares. Una voz fuerte grita órdenes que se cumplen. Exigencias físicas que pondrían a muchos gimnastas a temblar y sobre todo un dominio de la mente para que sus alumnos no se dobleguen ante el primero, segundo o tercer obstáculo.

 “Aquí el que baila gana, socio. Y si mis muchachos y yo no trabajamos duro pues no ganamos. Y El Mulato y su Swing Latino siempre van por el premio mayor: a triunfar”, dice él, Luis Eduardo Hernández Cadena sentado en su pequeña, cómoda y ostentosa oficina donde muestra fotos con importantes músicos y orquestas, además de algunos reconocimientos ofrecidos por instituciones, empresas privadas locales y nacionales. En su oficina pueden verse algunos de los premios acumulados en su trashumar bailarín por el mundo durante los últimos once años. El Mulato con su cabello dorado, su atuendo de artista y su mestiza sonrisa, es tan global como la Salsa que baila.

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Sóbala mulato y veras, sóbala. Sóbala y no tengas pena. Sóbala, Sóbala, Sóbala, Sóbala, Sóbala, Sóbala, Sóbala… Sóbala mulato, Sóbala y no tengas pena…

 Me gusta cuando baila esa canción para mí. Cuando hace su laboratorio frente al espejo e inventa esos pasos que lo hacen grande aquí y en todo el planeta.

 Quién lo creyera, un hijo de las empolvadas calles del Distrito frente a frente con públicos de todos los idiomas que se revientan en gritos y aplausos para él.

 Sigue agitando su cuerpo, derrochando movimiento, contoneo de barrio caleño que lo hace único y universal. Explotando al máximo la sabiduría de estas tierras. Y así, paso a paso, cada vez que sale a la pista de una salsoteca de barriada o a un pomposo escenario internacional, el público se queda quieto para verlo interpretar ese vertiginoso estilo de baile caleño.

 Saca esa bacanería que tiene al bailar. Rescata al caleño chicanero que representa, ese visaje de pandillero que reinventa para darle sabor a sus pies. No tiene miedo, los aplausos no se apagan. Se aprovecha de esas formas elegantes que ha capturado en su cuerpo para reproducirlas en esta canción… Sóbala, Sóbala, Sóbala, Sóbala, Sóbala, Sóbala, Sóbala… Sóbala mulato y verás… refina sus movimientos. Se mira en el espejo: inventando, inventando, inventando… pero siempre bailando.

 Desequilibra su cuerpo, rompe los esquemas más rígidos. Diseña coreografías como él solo sabe. Las mismas que dejan sin respiro a los más experimentados bailarines de academia. Se sirve de esa historia que también le pertenece, la de los bailarines y bailadores de la vieja guardia caleña. Los evoca en cada movimiento. Sabe que está bendecido por la calle. Por eso recoge esa historia de la pureza del barrio caleño. Es impecable y virtuoso con los suyos, pues los representa en el mundo. Sabe que a todo digo que sí con tal de verlo bailar.