Ser Pilo Paga y la discriminación

Los casos de discriminación fueron un escándalo durante la primera etapa del programa. Actualmente, los medios ya no hacen eco de ello.  No obstante, cuando entrevistamos a los miembros de la comunidad estudiantil sobre si conocían casos de discriminación, encontramos que nadie los escucha, pero están.

A Laura* nunca le ha faltado nada, tiene 18 años y estudia derecho en una de las más prestigiosas universidades de Cali.

-¿Los discriminas? 

-Sí.

No se le notaba. Me recibió en crocs, con ropa suelta y cómoda. Su cabello estaba a medio arreglar. Con gentileza me invitó a sentar. Nadie podría afirmar que la persona que tenía delante, con la despreocupada sencillez que había demostrado, en realidad se preocupaba y juzgaba con severidad las diferencias de clase. La casa no hacía alarde de lujos; dos pisos, cocina, comedor y una sala de estar. Lo único destacable era la reja que servía de frontera entre la fachada y la acera.

En 2015, con la llegada de la primera cohorte de Ser Pilo Paga, varios medios denunciaban casos de discriminación, “Como guisos, hampones y gentuza calificaron algunos estudiantes de las reconocidas Universidad de Los Andes y Universidad de La Sabana a los  becados del programa Ser Pilo Paga”. Actualmente, los medios ya no publican ni denuncian. Sin embargo, como vamos a ver, esto no quiere decir que haya desaparecido la discriminación. Laura declara que en su universidad sí hay discriminación, por parte de docentes y bastantes estudiantes.

-¿De tu parte hay discriminación a los pilos?

-Sí, bastante, porque… no sé, me dan pena.

Hay otras personas que piensan como Laura. Entre sus justificaciones se encuentra un hecho: con la llegada de los pilos, aumentaron los robos de computadores, celulares y demás equipos dentro del campus de sus universidades.

-No es para que ellos estudien allí. Dañan el estatus de la universidad. Y pues, también porque se quieren creer personas que no son. O sea, si son pobres tienen que estudiar en universidades públicas, no en privadas.

-Entonces una persona pobre no tiene derecho a estudiar en universidad privada…

-Pues, la verdad, no. Hay espacios para cada tipo de personas y si son pobres para qué van a estar en una universidad cara. No tiene sentido.

Por otra parte, una beneficiaria del programa proveniente de Briceño, Nariño, asegura que a sus padres “les parece muy bueno porque ellos no podían darme la oportunidad de que yo estudiara acá, por eso les pareció muy bien. Podía estudiar.” 

Y es cierto. Sin el programa, no tendría sentido que ellos estuvieran allí. Laura, a diferencia de los pilos citados, siempre supo que iría a una universidad privada, que estudiaría derecho y que nunca pasaría necesidades. Su vida, como ella misma admite, está resuelta, ya está hecha.

Para ser beneficiario de Ser Pilo Paga se debe tener un puntaje igual o superior a una media impuesta por el gobierno en las Pruebas Saber 11, que actualmente es 342. También de recibir la admisión de una universidad participante, inscribirse en la página del Icetex y estar registrado en el SISBEN con un puntaje menor a 57.21, dependiendo del área de vivienda. En términos de nuestra entrevistada, “ser pobre”.

-La mayoría de los que están ahí es más que todo por suerte de haber sacado un buen puntaje en el Icfes y no porque sean inteligentes o cosas así.

Dado que el programa se rige exclusivamente por el examen de Estado, no se tiene en cuenta el desempeño anterior del estudiante. Un bachiller con notas regulares, con un poco de suerte, puede llegar a ser Pilo mientras que otro que siempre ha sido excelente, con un poco de desgracia, puede quedar por fuera de la educación superior. Así mismo, el programa no contempla el acceso para el grueso de la población, que no es tan pobre ni tan brillante.

Laura obtuvo un puntaje menor a 300.

-¿Podemos profundizar más en el tema de la discriminación por parte de los profesores?

-En clase normalmente preguntan quiénes hacen parte del programa. Y a ellos son a quienes hacen más preguntas, los tratan pues, discriminatoriamente. No sé, osea, se nota la preferencia a quienes no hacen parte del programa.

-¿Hay algún caso particular de discriminación que puedas mencionar?

-En inducciones la directora de carrera hacía comentarios discriminatorios hacia los pilos, decía que ellos no debían estar en Cali.

Aunque en varios testimonios los beneficiarios del programa han manifestado que sus profesores no están capacitados para lidiar con grupos tan diversos socialmente, es inesperada la declaración de que profesores y directivas también demuestran un trato diferenciado con los Pilos. Más aún considerando el beneficio económico que tiene la universidad por recibirlos.

-¿Cómo imaginas tu universidad sin los pilos?

-Tendría un mejor estándar, más reconocimiento. Igual ya lo tiene, pero sería mejor.

Laura no tiene miedo de represalias sociales. No. Su temor es otro. De ser reconocida, según cuenta, podría perder el cupo en la universidad.

Al terminar la entrevista, pregunta si ha dicho algo malo. No puedo responder inmediatamente. Aunque muchas personas podrían no estar de acuerdo con ella, ha sido honesta al expresarse. Prefiere dar sincero desprecio a falsa empatía. 

-No. Has sido sincera. Eso jamás será malo.

 

 

Ser Pilo Paga y el futuro de la educación

Al preguntarle sobre la discriminación a Francisco, Enrique y Juliana, beneficiarios de Ser Pilo Paga y estudiantes de diferentes universidades privadas en Cali, coinciden en que es “como en cualquier parte. Hay gente que se cree más porque tiene plata o lo que sea. Lo mejor es centrarse en quien lo recibe a uno bien”. También aseguran que se apoyan entre pilos y que lo más difícil es adaptarse a las lógicas de transporte, comercio y ubicación de una ciudad tan grande, ya que los tres provienen de ciudades más pequeñas y apartadas de la capital del Valle.

Acerca del programa y la discriminación, Nelson Molina Valencia, Doctor y magíster en psicología social de la Universidad de Barcelona, declara: 

Hay dos retos, uno académico y otro personal.

El académico es el que tienen todos los estudiantes: lograr mantenerse y tener un promedio adecuado. El personal es comprender los códigos de la universidad a la que se llega. En general, creo que el riesgo de que alguien pueda ser discriminado es el mismo que para todas las personas que llegan a una institución de educación superior, tengan o no tenga que pagarla, lleguen o no lleguen por beca. Nadie tiene asegurado el rendimiento académico, lo mismo pasa con la adaptación.

En caso de presentarse discriminación lo primero que se debe hacer es identificar la red de apoyo más inmediata en la universidad y hacerse acompañar en esa línea. Si alguien siente que es discriminado dentro de una institución, es seguro que no será el único. Sin embargo, esto puede sucederle a cualquier persona que no encuentre los códigos que habitualmente conoce para relacionarse, por eso es importante buscar apoyo.

Por norma general, en las universidades que investigamos, las personas que tradicionalmente estudiaban allí eran de estratos económicos altos y egresados de colegios de élite. Cuando Ser Pilo Paga llegó, la población estudiantil de estas universidades cambió. La nueva normalidad fue la diversidad de clases y culturas tradicionalmente ausentes, lo que generó un problema de integración.

No podemos decir que las universidades que investigamos para la realización del proyecto se desentendieran de la problemática. De hecho, todas ellas tenían planes de acompañamiento y seguimiento estudiantil: citas al psicólogo, tutores, inducciones… Sin embargo, cuando consultamos a los estudiantes implicados -pilos y no pilos-, la respuesta solía ser la misma:

“No es suficiente, se puede hacer más”

Y, enmarcando la problemática de los pilos dentro de la falta de cohesión en nuestro tejido social como nación, no hay duda de que se puede hacer más. Mucho más…

Hay una deuda del sistema educativo colombiano con la cohesión de tejido social. Si bien las escuelas enseñan sobre pluralidad y diversidad, los esfuerzos por instaurar estos conceptos fuera del aula no son promovidos o apoyados como se debería. No obstante, debemos recalcar que los esfuerzos para promover la interculturalidad no son nulos. Muchas universidades privadas cuentan con observatorios de convivencia y centros de seguimiento estudiantil.

La situación en las universidades no es diferente, no hay políticas estratégicas o planes de promover una integración social real. Lo que hay son paños de agua tibia, como ejemplo Ser Pilo Paga, para afrontar un problema parcial en un sistema educativo que requiere soluciones estructurales.