De banco en banco encontraron uno que les ofrecía intereses razonables y un tiempo amplio de pago. Enviaron los papeles y esperaron ansiosos. “No hay crédito a favor”, respondió la entidad bancaria, al parecer estuvieron  de acuerdo  en  lo impensable  que  era asumir un crédito con un salario  mínimo de respaldo.  Era  la primera  vez  que  Nathaly  veía  a  su  madre  preocupada  por  dinero.  Para  Milena, descansar  después  de  pensionarse  era  una  idea  absurda,  al  contrario,  deseaba  conseguir  un  empleo adicional con tal  de pagar el estudio de su hija por sus propios  medios. Cerca al cierre de matrículas en la universidad, sólo quedaron las opciones que evitaron desde siempre: el Icetex y la tarjeta de crédito.

 

 

Endeudarse para estudiar, estudiar para trabajar, trabajar para pagar

Estar  en  un  edificio  del  Icetex  es  como  estar  en  un  banco:  hay  que  entrar,  pedir  turno,  sentarse  y esperar  en  silencio  a  que  algún  empleado  lo  atienda  y  le hable  acerca  de  créditos,  intereses  y codeudores.

La  sede  del  Icetex  en  Cali está  ubicada  sobre  la  carrera  100,  justo  enfrente  de  la Universidad  del  Valle.  Tiene  unas  paredes  de  vidrio  oscuro  que  permiten  ver  el  interior:  el  mismo ajetreo discreto de un banco, solo que todos  los  clientes son  estudiantes que poco saben de finanzas.

En  ocasiones,  la  sala  está  tan  llena  que  los estudiantes  deben hacer  fila  afuera.  La  mayoría  de  las veces, este es apenas el comienzo de una vida financiera tortuosa y desgastante

Nathaly  llegó  allí  sin  mucha fe. Junto con sus padres, evaluó  los  riesgos  de realizar el préstamo. No quería que le sucediera lo mismo que a una de sus primas, quien terminó de pagar el crédito ocho años después de graduarse. A pesar de la explicación del asesor, nunca les quedó claro a cuánto ascendería la  deuda  con  los intereses  y  mucho  menos  cuánto  tardarían  en  pagarla.  Abandonaron  el  lugar esperando  que  la  vida  no  los  pusiera  allí  de  nuevo,  allí  donde  tantos  han  aceptado  el  peor  de  los contratos.

Sin embargo, para muchos no sucede igual. El crecimiento y la presencia continua del Icetex desde su fundación  en  1950  se  debe,  entre  otras  razones,  a  que  los  estudiantes  de  las  universidades  en Colombia  son  mayoritariamente  de  las  clases  populares.  Según el “Informe  Nacional  de  Educación Superior”, hasta junio de 2015, el 80% pertenece a núcleos familiares con ingresos iguales o inferiores a tres salarios mínimos. No tienen otra opción que endeudarse para estudiar.

Los estudiantes  de  las  universidades  en Colombia  son  mayoritariamente  de  las  clases  populares.  Según el “Informe  Nacional  de  Educación Superior”, hasta junio de 2015, el 80% pertenece a núcleos familiares con ingresos iguales o inferiores a tres salarios mínimos. No tienen otra opción que endeudarse para estudiar.

A diferencia de Nathaly, Paola Muñoz no alcanzó a vislumbrar las consecuencias de un crédito con el Icetex. Esta aspirante a maestría de rostro pálido, labios  gruesos y cabello negro, creía en las buenas intenciones  que pregonaba la entidad: brindar oportunidades económicas y apoyar el futuro de los  jóvenes. La ansiedad  no le permitió  leer con cautela las  cláusulas  del documento  y  en una actitud casi ingenua solicitó el préstamo. Primer desembolso: $15 millones de pesos para vivir en España durante el  primer  año  de  maestría.  Paola  partió  convencida  de  que,  al  volver,  sería  una  abogada  con especialización en derecho ambiental.

A  pesar de  los  cálculos,  el  costo  de  vida  en  Europa  superó  por  mucho su  presupuesto.  En  cuatro meses,  gastó  por  completo  el  primer  desembolso.  Intentó  conseguir  empleo,  pero  una  de  las condiciones  de la maestría era mantener intacta su condición de estudiante. No hubo más opción que regresar a Colombia, sin el título y con una deuda de $15 millones. Hasta el momento, ha pagado $14 y aún debe $9.

La mitad de su cuota mensual de $350 mil pesos termina en aporte a los intereses. “El sueño de la maestría se quedó allí, es un capítulo cerrado, y lo único que me queda de ese sueño es la deuda"

Admite Paola con resignación, cuatro años después de solicitar el crédito.

El Icetex será muy importante en los próximos años: el Acuerdo por lo Superior 2034 plantea que la mayoría de los estudiantes accedan a la educación superior mediante créditos. En 2015, las utilidades netas de la entidad fueron de 223  mil millones, más de la inversión presupuestada para el Ministerio de Cultura el mismo año. Actualmente, hay más de 400 mil deudores del Icetex. “Este es el apoyo que desde el gobierno se le da a la educación superior de los  menos favorecidos: generarles  intereses  que se miden en millones de pesos, por permitirles acceder a la educación superior que en últimas debería ser totalmente  gratuita”,  dice  Darío  Arena, representante  estudiantil  al  Consejo  Superior  de  la Universidad de Caldas.  

No fue posible obtener una declaración de funcionarios de l Icetext acerca de las tasas de interés y las “deudas impagables”. Los directivos de la sede en Cali se negaron a dar información; según ellos, el único  funcionario  autorizado  para  hablar  ante  los  medios  de  comunicación es  Andrés  Eduardo  Vásquez, presidente de la entidad.  

Sin  posibilidades  de  un  préstamo  bancario,  Nathaly  y  su  madre  acudieron  a  la  tarjeta  de  crédito. Conscientes  de  que  los  intereses  arruinarían  sus  bolsillos, el  ahorro  se  convirtió  en  el  centro  de  sus vidas. Cuando llegaban los recibos de cobro, la casa se  llenaba de tensión y discusiones. Nathaly, en busca de alternativas, optó  por un empleo adicional y  se inscribió  como aspirante al programa Pilos, un servicio de créditos de la universidad que consiste en trabajar en horarios extra clase a cambio de la mitad  de  la  matrícula. Quedar seleccionado  depende  de las  notas  académicas  del  estudiante  y  de  las conclusiones de la visita domiciliaria. La trabajadora social que visitó a la familia García analizó los recibos  de la casa e hizo los  cálculos: los  gastos  superaban  los  ingresos  por  más  de  medio  millón  de  pesos.  La  mujer  no  dejaba  de preguntarles cómo se mantenían a flote con una situación económica tan complicada. Días después de la visita domiciliaria, Nathaly recibió un correo que la certificaba como “pilo”. Hasta la fecha, reparte su  tiempo  entre  el  trabajo  y  el  estudio.  Como  la  suya,  millones de  familias  han  atravesado  serias dificultades financieras al involucrarse en las lógicas del mercado educativo.

 

 

Colombia prefiere fortalecer los recursos para préstamos antes que encaminarse hacia una educación superior  con  cobertura  plena  y  gratuita.  Esto  se  debe,  en  parte,  al  seguimiento  ciego  de  las recomendaciones hechas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y el Banco Mundial. En el documento Evaluaciones de las Políticas Nacionales - Educación Superior en  Colombia  (2012), estos  organismos  le  recomiendan  al  país,  entre  otras  cosas,  el  aumento  de recursos para préstamos estudiantiles como el primer paso para mejorar el sistema de financiamiento, y  la  asignación  de  presupuesto  basada  en resultados,  es  decir,  la  competencia por incentivos financieros.

La respuesta  de  Colombia  a  dichas  sugerencias  se  ha  materializado en  el  fortalecimiento  del  Icetex, considerada  una  de  las  mejores  instituciones  de  préstamos  educativos  a  nivel  mundial,  y  en  la implementación  de  Ser  Pilo  Paga,  un  programa  de  créditos-beca  para  quienes  obtengan los  mejores puntajes en las Pruebas Saber 11, el cual otorga beneficios personales a los estudiantes, pero afecta el sistema de educación superior público. Según el Observatorio de la Universidad Colombiana, hasta la segunda versión de Ser Pilo Paga, las universidades privadas recibieron  el 98,4% de los recursos del programa,  mientras  que  a  las públicas  tan  sólo  les  correspondió  el  1,6%.  Esto  indica  una  clara desviación de los recursos estatales. Dinero público en manos de privados.

En  su  artículo “¿Ser  Pilo  Paga?  No  nos  confundamos”,  Roberto  Behar,  estadístico  y  doctor  en Ciencias Matemáticas de la Universidad del Valle, se pregunta si los más pobres de verdad consiguen el puntaje exigido por el programa, siendo ellos  los  que reciben la educación básica y media de peor calidad.  Según él,  el Gobierno  situó  el  punto  de  corte  en  310  porque  es  lo  que  puede  cubrir  el presupuesto.  Es  decir,  ¿qué  sucedería  si  se  duplica  la  cantidad  de  estudiantes  que  cumplen  los requisitos para aplicar al programa?, Behar afirma que subirían la línea de corte a 345. En efecto, en la tercera versión, lanzada el 21 de octubre de 2016, Juan Manuel Santos anunció que el puntaje mínimo para los preseleccionados sería de 342. Behar se pasó por tres puntos.

Los problemas en el sistema de educación superior no se deben únicamente a la falta de voluntad política,  en  realidad,  existen  motivos  económicos  de  fondo.  El  artículo  67  de  la Constitución  establece educación gratuita sólo hasta la secundaria. Esta falta de compromiso con el acceso a la universidad es también falta de compromiso con la investigación y la ciencia.

En  un  país  que  camina  hacia  una  mayor  demanda  de  operadores,  es  decir,  de  personas  con conocimientos  útiles  para  la  vida laboral,  la  formación  universitaria  no  es  una  prioridad.  Así  lo demuestra  el  Acuerdo  por  lo  Superior  2034,  donde  el  escenario  ideal planteado  por  el  Consejo Nacional  de Educación  Superior  es  aquel  en  el  que  la  formación  universitaria  deje  de  representar  el 65%  de  las  matrículas  en  pregrado,  como sucedió  hasta  2015,  para  que sea  la  educación  técnica  y tecnológica  la  que  ocupe  ese  porcentaje  en  el  2034.  Es  evidente  que  la educación  superior  es  un negocio muy rentable, en especial para el Icetex, los bancos y las instituciones privadas. Que lo digan Paola y Nathaly,  quienes  vivieron un caos  económico y emocional a causa de  las  deudas  y las  altas tasas de interés.