La profunda transformación de la vida generada por la emergencia de las tecnologías de la información ha masificado desde el siglo XX una palabra entre la población: sistemas. 

 

Por: Kevin A. García 

 

El hombre ha desarrollado en el computador un portentoso cerebro artificial capaz de abstraer y procesar datos de forma fantástica, pero además con una gran sensibilidad para componer música, pintar, leer una partitura, editar una imagen o recomendar un libro. Un conjunto de sistemas informáticos ensamblados en la más alta ingeniería han logrado generar mutaciones profundas en lo humano. Hoy los expertos consideran que el software significará para el siglo XXI lo que significó la energía eléctrica y el motor para el siglo XX; es decir, una fuerza capaz de reestructurar múltiples esferas de nuestras sociedades, de reconfigurar las formas en que nos relacionamos y convivimos en el planeta. 

Sistemas viene de las palabras poner juntos, juntar, tejer en conjunto. La biología organicista, la cibernética, la inteligencia artificial, la matemática compleja y la ecología ambiental reconocieron la potencia de este concepto para comprender y diseñar la vida. Aprendemos desde el colegio que nuestro cuerpo es un ensamble de sistemas -digestivo, circulatorio, respiratorio, óseo-, cuyos procesos se interconectan y permiten nuestra existencia. La vida se ordena mediante sistemas en múltiples niveles y dimensiones. Sin embargo, a lo largo de nuestra vida, escuchamos iniciativas que nos persuaden de entendernos como individuos independientes que debemos construirnos a sí mismos. Hoy comprendemos que el individualismo es un proyecto que reduce la fuerza colectiva, que inhibe la emergencia de aquellas propiedades sociales que no se encuentran en los individuos aislados.

Ortega y Gasset ya había dicho en el siglo pasado “Yo soy yo y mi circunstancia”, tanto vale decir que tengo un carácter como que me encuentro en un conjunto de circunstancias que entran en tensión con mi carácter. Lejos de entendernos como individuos desconectados, hoy sabemos que la vida es un conjunto en medio de otros conjuntos. No existimos entre los demás, existimos por medio de los demás, nuestro entorno nos constituye y hacemos parte de sus redes.

Somos una hebra de la trama de la vida, estamos inmersos y dependientes de los procesos cíclicos de la naturaleza y de nuestras sociedades. Comprender la realidad sistémicamente significa colocar cada aspecto de la vida en un contexto, establecer la naturaleza de sus relaciones. En todo sistema, vivo o no vivo, la naturaleza del conjunto es siempre distinta de la mera suma de sus partes. En los conjuntos y los sistemas emergen unas propiedades y capacidades que benefician a los individuos. En conjunto se organizan las comunidades de pingüinos en los polos para crear una temperatura corporal colectiva que les permite subsistir frente a altas adversidades. En conjunto casan las ballenas orcas empleando menores tiempos y energías individuales. En conjunto vuelan las golondrinas para enfrentar los vientos y relevar esfuerzos. Por todos lados encontraremos ejemplos que nos hacen comprender la necesidad de construir una conciencia y acción colectivas. 

En medio de la creación de sistemas artificiales que modifican nuestras conductas, hoy ya sabemos que estamos lejos de entender eso que llamamos Yo como una entidad única, aislada e indivisible. Si nos construimos por medio de los demás, es hora de actuar por Yosotros. De entendernos como sujetos que podemos articular acciones para hacer emerger fuerzas colectivas. Mejorar las condiciones de los demás es también mejorarnos a nosotros mismos. La contaminación ambiental de las ciudades, la generación de desperdicios, el caos de la movilidad, el aumento de la desigualdad en la distribución de la riqueza, la restricción de oportunidades para los sectores más vulnerables, la reducción de la violencia, el aumento de la educación y la salud implican cambios en los patrones de conducta y en la comprensión de nuestro lugar en el entorno. Preservar y mejorar la vida requiere comprender la forma en que se organiza. Como señala Capra “la vida es mucho menos una lucha competitiva por la supervivencia que el triunfo de la cooperación y la creatividad”. Es hora de actuar por Yosotros.