Cali recibe las aguas de siete ríos contaminados por una población que crece y deteriora su recurso vital. ¿Cuáles son los factores determinantes que hacen insuficientes a las actuales fuentes hídricas?

 

Por: Felipe Moncada

En el mapa satelital las diminutas y pixeladas montañas del Macizo Colombiano, separadas por estrías verdes, parecen insuperables. Allí nacen los ríos más grandes del país. Uno de ellos, el río Cauca, atraviesa abismos hacia el norte de Colombia. Mientras baja hacia Popayán tiene apariencia grisácea y de repente, en un recodo, se torna marrón. Aumenta su caudal, serpentea, hasta llegar al embalse La Salvajina donde sus aguas reposan delineadas por el amarillo de la tierra arcillosa. Al descender por el Valle marca una gruesa línea fosforescente en la pantalla, como una corriente de vertimientos nucleares. Una vez abajo el río se retuerce con aspecto turbio entre los campos arados. Sigue hacia el norte y bordea Cali, donde sus aguas abastecen a casi dos millones de habitantes y desembocan los seis ríos que recorren la ciudad de oeste a oriente.

Cuando el agua se mueve en Cali todo se lo lleva. Los desechos industriales y caseros, la suciedad del pavimento, la basura callejera y residuos mineros son arrastrados hasta las bocatomas que surten de agua a la ciudad. Todo baja por drenajes, tuberías y canales, hasta depositarse en una quebrada y finalmente en un río. Cali se ha convertido en una ciudad desagüe. 

El suministro del líquido depende de su calidad y la cantidad de sus fuentes. El número de ríos con los que cuenta la ciudad son una ventaja virtual para garantizar su abastecimiento. Pero su fuente principal, el río Cauca, presenta altos niveles de turbiedad o volumen insuficiente durante temporadas de invierno o sequía que hace imposible tratar y suministrar sus aguas. Cuando en los hogares disminuye el flujo, comienza un rumor: “el agua se va a ir”. Esa mañana de escasez una madre apurada recoge el líquido en tarros y ollas, estudiantes y trabajadores apuran su baño. Las plantas se quedan sin regar.

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Dos millones trescientos mil habitantes consumen en promedio 8.500 litros de agua por segundo, doce litros para cada habitante en una hora, abastecidos por los ríos Cauca, Cali y Meléndez. Consumo equivalente al volumen de una piscina olímpica cada cincuenta minutos. La dependencia del río Cauca es evidente. La captación de sus aguas puede superar los 6.000 litros frente a los demás ríos que sólo podrían suplir 3.100 en total. Aun así, frente a este panorama, las fuentes de abastecimiento son accesibles. No sólo los siete ríos que presume la ciudad pueden suministrarle agua sino que en un perímetro de hasta cincuenta kilómetros, distancia mínima hasta el Lago Calima, las instituciones del gobierno local y departamental han barajado desde 1998 más de 35 propuestas. Ninguna solución ha sido definida quince años después. Mientras tanto, sólo en 2012, las plantas de tratamiento y suministro detuvieron sus operaciones 35 veces, en promedio hubo un corte de agua cada 10 días durante ese año. 

Dos plantas de tratamiento y suministro estaban operando a finales de la década de los años setenta, Río Cauca y Puerto Mallarino, como parte del Plan Maestro que buscaba resolver el aumento en la demanda. Con una producción total de 435.181 m³ diarios a 1980 se cuadruplicaba el consumo; hoy, poco más de un cuarto es la diferencia entre la demanda y la oferta de 12 m³ (12.000 litros) por segundo que puede producir el sistema. En pocos años la crisis del suministro de agua puede arrasar con la relativa suficiencia que resolvieron durante treinta años las plantas que toman agua del río Cauca.

 

  

En pocos años la crisis del suministro de agua puede arrasar con la relativa suficiencia que resolvieron durante treinta años las plantas que toman agua del río Cauca.

 

La cauca-dependencia ha vaciado las duchas y llaves del lavaplatos de los caleños con 267 suspensiones del suministro durante la última década, una cada 16 días. La alta turbiedad es, en la mayoría de casos, la razón por la que se detienen las plantas de Puerto Mallarino y Río Cauca. El exceso de lodo y material orgánico disuelto en sus aguas, ocasionado por fuertes lluvias, hace imposible continuar las operaciones de las plantas; mientras el 75% de los hogares caleños que dependen de estas plantas, inútilmente, abre los grifos. Esta sobresaturación de partículas disueltas, o alta turbiedad, hace imposible la potabilización en las plantas y con el progresivo aumento de las lluvias los cortes son más frecuentes. Para entender este exceso, basta con comparar el nivel máximo de 3.000 unidades de turbiedad permitido según el Decreto de Usos del agua y residuos, con las 9.000 unidades de turbiedad que se han alcanzado en las plantas del río Cauca.

Con los años las temporadas de invierno y verano son las variables climáticas que harán inviable tomar y tratar del río Cauca un volumen de 9.100 litros de agua por segundo. De un río que en setenta años ha perdido más de 100 de sus 135 madreviejas, no podría esperarse mejoría en una época donde el progreso marcha por encima de todas las cosas. El volumen del río se angostará y sus consecuencias sobre el suministro de agua empeorarán. De hecho, la ciudad ya ha sufrido un descenso severo en el nivel del Cauca. El fenómeno del Niño de 2006 detuvo el trabajo de las plantas en repetidas ocasiones por el bajo volumen del río, mitigado por la dosificación del embalse La Salvajina. Aquella eventualidad mostró que entre menor sea la cantidad de agua en el río se reduce su capacidad de contener partículas y el suministro se hace insostenible; fue como diluir una libra de azúcar en un litro de tinto.  

 

De un río que en setenta años ha perdido más de 100 de sus 135 madreviejas, no podría esperarse mejoría en una época donde el progreso marcha por encima de todas las cosas.

 

La vulnerabilidad hidrográfica del río Cauca, acrecentada por las lluvias, sequía y actividades humanas, lo hacen una fuente inviable, al menos para el número de personas que dependen de él. Enfrentar las adversidades naturales es tarea antigua pero entorpecer el funcionamiento de la tercera ciudad más grande de Colombia merece soluciones definitivas para el suministro y calidad de agua.

Los terrenos erosionados por deforestación o ganadería desproporcionada descargan sus sedimentos sobre los afluentes que alimentan el río Cauca. Las fumigaciones con glifosato que destruyen cultivos de coca, amapola y la flora nativa en las zonas altas del Cauca erosionan la tierra, aumentando la carga de sedimentos sobre las aguas que surten a 1.700.000 caleños. Previo a entrar a Cali por el sur, los afluentes que llegan a este río cargan desechos industriales originados en la Zona Franca del Cauca que se ha instalado, como estrategia fiscal, entre Caloto, Guachené y Puerto Tejada. A estas cargas contaminantes se suma otra natural: el río Palo y el Desbaratado remolcan la mayor cantidad de lodo y materia orgánica hacia el Cauca. No sería de extrañar que la carga contaminante industrial y la sobresaturación de sedimentos sea proporcionalmente mayor con el paso del tiempo y el aumento poblacional; en un plazo no mayor a veinticinco años, como lo estima Emcali, el suministro de agua proveniente del Cauca podría ser menos que insostenible.

 

 

 

A pesar de que este río ha suministrado el agua suficiente durante 55 años y podrá hacerlo hasta 2037, con el progresivo deterioro de las fuentes hídricas es difícil predecir hasta cuándo podrá proveerse la ciudad. Un recurso cada vez más escaso como el agua, con altos costos para los consumidores y sin unas políticas sólidas que garanticen su suministro, podría derivar en cortes frecuentes y exacerbar el malestar social. Aun en estas condiciones, el consumo de agua de los caleños es elevado. Con una población tres veces menor que Bogotá, un caleño consume 1.75 más que un bogotano.

 

El consumo de agua de los caleños es elevado. Con una población tres veces menor que Bogotá, un caleño consume 1.75 más que un bogotano.

 

Disminución de sus aguas y consumo elevado hacen urgente desarrollar una estrategia de suministro a largo plazo y subsanación de sus fuentes hídricas, de no ser así difícilmente Cali podría asegurar su sostenimiento otros treinta años. También es importante que se promuevan estrategias focalizadas hacia el uso inteligente del agua en espacios como hogares y lavaderos de carros donde el desperdicio es excesivo.

Frente a este creciente deterioro e insostenibilidad de una fuente como el río Cauca, el Reservorio de aguas de Puerto Mallarino con una capacidad de 80.000 m³ ha auxiliado el 80% de los cortes. Pero esta solución temporal es, en realidad, insuficiente. En temporada de invierno su capacidad de apoyo ha resultado débil. Frente a un corte total de agua el suministro autónomo que puede proveer el Reservorio, a un consumo de 30.000 m³ por hora, es de un máximo de 3 horas. Garantizar agua durante ese tiempo fugaz resulta ineficiente, más cuando cada amenaza de suspensión ocasiona una afanosa tarea de llenar baldes y ollas.

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