Eventos infinitos e infinitos eventos

 

"Es indispensable volver a pensar los acontecimientos independientemente de su potencial génesis mediática, y destacar –aunque parezca obvio- que hay más comunicación social de acontecimientos y eventos que comunicación mediática de los mismos, y que la comunicación pública no se restringe a lo que pasa por los media  en tanto instituciones e industrias."

  

En 1981, Eliseo Verón (2002)[1] reconstruyó la manera como un acontecimiento (el accidente nuclear de Three Mille Island, Pensilvania, Estados Unidos) fue representando mediática y periodísticamente. La autopsia del proceso es minuciosa y detallada, y permite ver cómo van imbricándose procesos de producción de sentido y transformaciones que empiezan con el accidente nuclear el 28 de marzo de 1979, el llamado 7 horas después a la comisión reguladora de asuntos nucleares y a la guardia civil de Pensilvania y la comunicación al Gobernador; 9 horas después la Associated Press emite su primer cable gracias a que pudo enterarse del hecho por una “indiscreción de un policía”. 16 horas después la AFP emitirá los primeros dos cables a partir de la información de la AP. Y 20 horas después hará su primer cable de manera directa, desde Estados Unidos. Los primeros despachos de la AP y los de la AFP serán retomados, recreados y trabajados por noticiarios locales y mundiales, introduciendo variaciones y modificaciones sustanciales hasta forjar diversas construcciones discursivas del acontecimiento, esto es, informarlo, darle diferentes formas.

Dayan y Katz (1995) tratan con la noción de acontecimiento de una manera mucho más restrictiva que Verón, circunscribiéndola a “grandes festividades de la comunicación de masas” (Dayan & Katz, 1995, pág. 11). En su estudio, “acontecimiento televisivo” no es la gran noticia, el evento mediático de altísimo rating o uno que modifica de manera sustancial las rutinas de los espectadores, sino aquel en que convergen las tres condiciones. Es decir, constituyen auténticos rituales y ceremoniales, capaces de alterar el orden cotidiano de un número significativo de espectadores, y comportan una ruptura y alternación de la estructura de programación y el flujo de emisiones del medio de comunicación. Adicionalmente estos acontecimientos implican que el medio pueda planificar y anticipar su cobertura y registro. Ejemplo de acontecimientos y celebraciones mediáticas son los funerales de figuras y celebridades a escala global (el funeral de Michael Jackson o el Papa Juan Pablo II), el matrimonio de Diana de Gales y el príncipe Carlos, la final de un mundial de fútbol o la transmisión de la primera elección de Barak Obama, su victoria electoral y su discurso como primer presidente afroamericano en Estados Unidos el 4 de noviembre de 2008[2].

Este artículo no supone ni la idea más general de acontecimiento, en tanto accidente mediatizado o acontecimiento noticioso en Verón, ni la más restrictiva  -acontecimiento como celebración ritual mediatizada en Dayan y Katz. Me interesa en este artículo tratar con una noción más general (y no mediática) de acontecimiento. Por eso, para evitar malos entendidos, hablaré –inicialmente- de evento, en su sentido más lato y común: un hecho, un suceso, algo que deviene.  Esto es, me interesa menos la naturaleza específica de los acontecimientos y más el hecho de que existen y se despliegan, independientemente de su eventual mediatización. Importa reconocer que la mediatización es una instancia y momento constitutivo de algunos acontecimientos, pero –obviamente- no es una condición sine qua non de su existencia. Es indispensable volver a pensar los acontecimientos independientemente de su potencial génesis mediática, y destacar –aunque parezca obvio- que hay más comunicación social de acontecimientos y eventos que comunicación mediática de los mismos, y que la comunicación pública no se restringe a lo que pasa por los media  en tanto instituciones e industrias.

En la edición del jueves 10 de octubre de 2013 del noticiero CM& hubo una noticia de medio minuto de duración que informaba sobre la protesta de un grupo de Madres Comunitarias en la Plaza de Bolívar de Bogotá, frente a la Casa de Nariño. Las mujeres exigían vinculación formal con el Instituto Colombiano de Bienestar Familia (ICBF), pensión por su trabajo de décadas –algunas llevaban más de 20 años de servicio– y regularización contractual. Exigían que el presidente Juan Manuel Santos las recibiera y, en tanto eso no ocurriera, tomaron la decisión de ir desprendiéndose de sus ropas, cada día, hasta conseguir su propósito de hablar con él. Ese jueves hicieron el primer gesto ante las cámaras: se quitaron la blusa y aseguraron que el viernes 11 de octubre se quitarían el sostén. Se trata de mujeres adultas, de entre 30 y 60 años, de sectores populares. La misma noticia apareció publicada en la edición impresa de El Tiempo, el día 11 de octubre de 2013[3]. La nota de prensa considera detalles e información que la noticia de televisión no incluía: nombres de algunas de las voceras (p.e., Olinda García, presidenta nacional del Sindicato de las Madres Comunitarias), declaraciones de la directora encargada del ICBF (Adriana González Maxcyclak), cifras[4], detalles sobre el modo en que se paga el trabajo de las madres comunitarias (bonificación mensual equivalente a un salario mínimo, pero no opera como un contrato de trabajo), información proporcionada por González acerca de las dificultades y limitaciones que existen para que se puedan pensionar, dado que no han cotizado, datos sobre un programa del Sena para cualificación de madres comunitarias en enseñanza en la primera infancia, y algunas referencias sobre la estrategia gubernamental denominada de Cero a Siempre, orientada a la atención de niños entre 0 y 5 años. Adicionalmente, hay una fotografía en que aparecen cuatro mujeres despojándose de sus camisas y un grupo de madres comunitarias portando pancartas y encadenadas, sobre las escalinatas del Palacio de Nariño (Figura 3).

La protesta de las Madres Comunitarias es un evento. Podemos convenir en llamar Evento (E) a todo acontecimiento. Esta declaración sencilla, por supuesto, no dice mucho porque, a la vez, uno tendría que definir qué es acontecimiento y, a lo sumo, termina creando alguna forma más o menos sofisticada y circular de definición (‘todo acontecimiento es la emergencia de un fenómeno a partir de un conjunto de eventos previos o antecedentes’), o deriva en una definición formal abstracta y limitada que no dice mucho (‘evento es todo cambio en el estado de un sistema’), lo que siempre conduce a una suerte de sin salida: ¿puede haber un no-evento? Las tentativas de dirimir en el plano lógico y nominal la incesante creatividad de la historia y devenir real generalmente terminan fracasando. Por lo pronto convengamos en que hay Eventos y que éstos son infinitos. El desplazamiento un milímetro de una gota de agua está lleno de infinitos eventos tanto en su devenir en el tiempo inmediato como en términos de su pasado y de su porvenir. El movimiento de una gota de agua en un nanómetro (milmillonésima parte de un metro o 10-9 metros) considera muchos infinitos en sí mismo: el movimiento de cada átomo en la gota de agua, la interacción entre la tensa superficie de la gota de agua y las moléculas de aire o de las superficies sobre las que rueda, los efectos de tales interacciones por fuera de la gota de agua[5], todos los procesos previos que permitieron la génesis de la gota de agua, la gravedad que la hace caer, la superficie sobre la que se desliza… En fin. Castoriadis (1991) ha sabido mostrar cómo, justamente, uno de los rasgos de la racionalidad moderna es que ha hecho tratable lo infinito a través de procedimientos finitos, imponiéndole a lo ilimitado límites parciales que le permiten operar técnica y lógicamente con aquello que, de otra manera, sería intratable. Ha vencido lo que no tiene límites (apeiron) poniendo límites provisionales y transitorios que le permiten obrar con eficiencia local aunque ello implique sacrificar y renunciar a la comprensión de totalidades y a la previsión de consecuencias globales. De esta manera, creamos designaciones que a) aplazan o desplazan o posponen lo no tratable y b) alientan la construcción de procedimientos para tratar con lo tratable.

 

 
Figura 1: Atractor de Lorenz o trayectorias del sistema de Lorenz, y la importante noción de sensibilidad de los sistemas dinámicos a pequeñas modificaciones en las condiciones iniciales. Este gráfico describe los cambios de trayectoria (puntajes, resultados) de un sistema no lineal cuando se modifica infinitesimalmente sus condiciones de inicio o a partir de ciertos valores en los parámetros. La forma de mariposa de la imagen, sin duda, ha contribuido a alentar el mito popular del Efecto Mariposa, aunque –en sentido estricto- ilustra la idea de caos, esto es, un fenómeno que, aunque no es predecible, no es aleatorio. Esto es, un fenómeno respecto al cual no podemos decir qué pasará una fracción de tiempo después, pero del cual podemos afirmar que no ocurre cualquier cosa. 
 
 
De la misma manera, volviendo a nuestro tema, podemos hacer una denominación para designar lo tratable y aplazar (para un después indefinido) lo que no podemos tratar [(por ejemplo, el hecho de que los eventos, acontecimientos o actos están constituidos a su vez de eventos, acontecimientos o actos, que a su vez están hechos de eventos, acontecimientos, que a su vez… ad infinitum (ver Figura 2)]. Podemos convenir una designación finita (Evento) para ese infinito (Evento hecho de eventos hechos de eventos…).
  
 

Figura 2: Fantaseé muchas veces con esta imagen hipnótica del infinito que contiene infinitos infinitos. A veces creo que este fue el primer videojuego que jugué en mi vida, mucho antes que el caleidoscopio (mi segundo videojuego). Contabilizaba cuántos tarritos de polvo royal alcanzaba a ver, cuántos tarritos podía ver, y me quedaba minutos enteros fantaseando con el asunto.

 

Las madres comunitarias que protestan frente al Palacio de Nariño son un Evento hecho, por supuesto, de infinitos eventos. Una narración periodística bien pudo ocuparse de un evento conexo, la desnudez de estas mujeres, y subrayar, por ejemplo, el hecho de que en los medios de comunicación es poco frecuente encontrar imágenes de cuerpos y mujeres desnudas como estas  aunque esta diversidad corporal sea la norma y no la excepción (ver Figura 3). Por contraste, los cuerpos mediáticos –los que ofrecen los mercados de la moda, de la publicidad, los deportes, los melodramas y la farándula- serían la excepción, no la regla. Entonces la nota repararía en la formas de racismo y exclusión corporal que los medios de comunicación promueven al privilegiar ciertos patrones de la apariencia corporal. Pero volviendo atrás, nótese que la fotografía del periódico El Tiempo (del fotógrafo Mauricio Moreno) y las imágenes del noticiero CM& subrayaron el acto de despojarse de la camisa y quedar en sostén (Figura 3) por sobre otros sub-eventos constitutivos del evento.

 

Figura 3: Foto Mauricio Moreno/El Tiempo. La fotografía de la versión impresa del diario registró los eventos algunos segundos previos a este momento: en esa fotografía, tres de las cuatro mujeres están quitándose las blusas. 11 de octubre de 2013.

 

Entonces, tenemos que un Evento es, siempre una red de eventos y esa red es un sistema de infinitos elementos (eventos conectados entre sí). A su vez cada Evento puede atraer otros eventos de los que se hará constitutivo. Por ejemplo, uno puede imaginarse a Santos dividiéndose entre ir a ver el partido de la Selección Colombia contra Chile, el 11 de octubre de 2013, en Barranquilla, y calculando si vale la pena exponerse a la rechifla del público, considerando que ya ha pasado por eventos similares en Cali (recuérdese su desaire durante la inauguración de los World Games, en julio de 2013). El enorme descontento con su gestión, si le damos crédito a las encuestas publicadas recientemente por los medios, hace que él y sus asesores lo piensen dos veces antes de cada aparición pública. De esta manera, el Evento A (silbatinas de Cali), Evento B (encuestas), están enlazados con el Evento C (¿voy o no voy a Barranquilla?). Es decir, hay eventos que se conectan con otros. No sabemos si, por ejemplo, la amenaza de las Madres Comunitarias (Evento A) provocará que el presidente se reúna con ellas (Evento B). Pero lo cierto es que al menos dos medios (El Tiempo, CM&) cubrieron el Evento A.

Es decir, no sólo hay el evento (Figura 4), sino que ese evento, a su vez, está hecho de eventos (Figura 5), y hay eventos que arrastran casi gravitacionalmente a otros eventos (Figura 6).

 

Figuras 4, 5 y 6: Hay evento (figura 4, punto), hecho de eventos (figura 5), que arrastra eventos (figura 6)

 

Eventos y grafos de relaciones

Pero es interesante notar que pueden distinguirse dos tipos de eventos: el evento de referencia (las Madres Comunitarias y su acto de protesta) y el evento mediático o mediatizado periodístico (la nota de prensa y televisión sobre las Madres Comunitarias que protestan). Entonces a partir de esta sencilla distinción se advierten dos fenómenos muy interesantes: no es posible una cobertura completa (exhaustiva) de ningún evento porque son infinitos internamente (están hechos de infinitos eventos constitutivos, derivan de infinitos eventos antecedentes y procuran infinitos eventos consecuentes) y, segundo fenómeno, hay n eventos de referencia que jamás se convierten en eventos mediáticos. Los eventos mediáticamente comunicados jamás son exhaustivos y completos, y por los media informativos no circulan todos los eventos sociales. Estos dos fenómenos son obvios y, sin embargo, conviene recordarlos porque tienen consecuencias concretas para el ejercicio periodístico.

¿Cómo ocurre que ciertos eventos se mediatizan y otros no? ¿Y cómo sucede que habiendo eventos infinitos en número y, a la vez, infinitos en su propia constitución, el periodismo opera con relativa eficiencia y se lo sigue considerando fundamental entre los procedimientos y prácticas de representación y comunicación social de lo real informado?

Nótese que queda un saldo preciso derivado de la anterior reflexión. Pensemos en un topos concreto y más o menos circunscrito: pensemos en un país como Colombia o una ciudad como Cali. En ese lugar ocurren infinitos eventos[1] (E) todo el tiempo, de los cuales sólo algunos son mediatizados e informados (eM)[2]; pero nótese adicionalmente que eM es a la vez un evento (E) susceptible de ser mediatizado, como ocurre cuando un medio cita lo que dijo, presentó o publicó otro medio. De ambos, E y de eM, personas y grupos sociales de muy variadas características hablarán o comunicarán socialmente algún aspecto. Es decir, hay un tercer tipo de eventos que son las diversas formas de comunicación no mediáticas que las personas ponen en marcha a partir de eventos (E) y eventos mediatizados (eM). Esos actos de comunicación social no mediáticos son, a su vez, eventos en sí mismos (eCs). De esta manera hay E, hay eM y hay eCs alrededor de E y eM que, a su vez, puede ser mediatizado (EM) o comunicado por otro medio (Figura 7).

 

Figura 7: Tenemos un evento (E), que deriva en un cinturón de eventos comunicados socialmente no mediáticos (eCs), esto es rumores, comentarios, narraciones de testigos, etc, antes de convertirse en un evento mediatizado (eM), que a su vez procura nuevos eventos comunicados socialmente (eCs), y puede ser citado, reproducido o analizado por otro medio de comunicación, esto es, se transforma en un evento mediático (EM´) derivado de uno mediatizado (eM).

 

Compliquemos las cosas un poco más: nótese que, además, hay muchos E que no son mediatizados y sin embargo son socialmente comunicados a través de, por ejemplo, chismorreo, el relato y el rumor, la conversación cotidiana primaria y básica entre las personas. Esto es, se desarrollan como eventos comunicados socialmente (eCs), que a su vez se convierten en eventos susceptibles de mediatización (“según rumores ampliamente difundidos, José Daniel Gómez, alias el Zarco, permanecería oculto en la Vereda La Pinta, jurisdicción de El Carmelo…”) o constituyen nuevas formas de circulación y divulgación no mediáticas. O podrían sencillamente hundirse en el silencio general (Figura 8)[1]. También hay varios eventos que son, en primer lugar, mediáticos cada vez más modulados, definidos y moldeados por los requisitos y condiciones que imponen las industrias de medios de comunicación: un noticiero de televisión, en sí mismo, es un evento mediático (EM). Algunos se quejan de cómo, progresivamente, los partidos de fútbol se van ajustando a las condiciones que imponen las empresas de medios que compraron los derechos de transmisión a la Federación Colombiana de Fútbol. En este caso no se trata de eventos completamente mediáticos, pero sí crecientemente dominados por algunas de las condiciones de producción televisiva. Los reality shows como Protagonistas de Nuestra Tele son eventos fuertemente mediáticos. El control sobre su desarrollo y puesta en escena pertenece casi completamente a la empresa de medios que los produce. Pero, adicionalmente, hay eventos que sin ser mediáticos son concebidos y pensados teniendo como condición su segura exposición a los medios, como la protesta de las Madres Comunitarias y su streap tease calculado, entre otras, para los noticieros de televisión y para las cámaras. Igual los eventos mediatizados (eM) y los mediáticos (EM) son eventos susceptibles de ser socialmente comunicados hasta popularizarse ampliamente, o pueden hundirse con el correr de los días en silencios y olvidos profundos y duraderos.

 

Figura 8: Tenemos (A) un evento mediático (EM) o cuasimediático -un Reality, un concurso de televisión, un comercial publicitario, un error del presentador de noticias, un partido de fútbol transmitido por televisión- que deriva en un cinturón de eventos comunicados socialmente no mediáticos (eCs). También hay (B) un evento mediatizado (eM) que puede generar, alrededor, un cinturón de eventos eCs. Finalmente puede haber (C) eventos (E) -no mediatizados ni mediáticos- que generan cinturones de eCs, como cuando las personas hablan de los acontecimientos de su barrio o conversan de lo que otros han conversado acerca de esos acontecimientos (EeCs  eCs).