Noticias sobre las Noticias 9

Mirar la prensa y el periodismo, y comentarlos

 

Mi olfato estaba tan adiestrado que cuando llegué a El Chorrillo, el barrio bombardeado por los gringos, intuí toda la crónica después de que alguien me diera un dato de poca importancia. ¡Me sentí tan mal!: como un McDonald’s que en vez de hamburguesas fabricaba artículos’

Francisco Goldman, 2013

  

Si uno va a McDonald’s y la hamburguesa que se come está podrida, y termina más o menos seriamente intoxicado, ¿a quién demanda? ¿A McDonald’s? ¿Al proveedor de carnes de McDonald’s? ¿A las secretarías de salud locales que no hicieron un juicioso trabajo de inspección y vigilancia, y certificaron las condiciones sanitarias del local cuando es probable que la hamburguesa se haya contaminado de mierda de ratas mientras de abrían y asaban las rodajas de carne en el local? Parece más o menos claro que uno demandaría a McDonald’s y remitiría su denuncia a la secretaría local de salud. McDonald’s, a su vez, cancelaría el contrato con el proveedor –si encuentra que la carne venía contaminada antes de llegar al local- o, tras demandarla, rescindiría el contrato con la empresa de aseos que se hace cargo de limpiar cada día sus locales. La empresa de aseo prescindiría de los servicios de uno o varios de los empleados o empleadas de la cuadrilla encargada de los locales McDonald’s del sector, y ofrecería a la compañía resarcir el daño ofreciendo, por un año, una mejor prestación del servicio de aseo y una tarifa más económica. En suma, tras el incidente, ni el local de McDonald’s, ni la empresa de servicios de aseos, ni la empresa proveedora de carnes, ni la secretaría de salud colapsarán y desaparecerán. La pequeña crisis será absorbida y derivada hacia las instancias más débiles de la red de relaciones de producción. Como en la física de diseminación de impactos, esto es, cómo en los bastiones de sacos de arena que rodean los comandos de policía en los pueblos de Colombia, la fuerza del balazo (incidente) será rápidamente absorbida por la red de granos de arena que distribuye eficientemente la energía del golpe sin que se afecte seriamente a la mayoría de las unidades y, sobre todo, sin que colapsen porciones importantes del sistema. En eso reside la importancia de las redes, de los procesos de tercerización industrial, o la articulación postfordista de pequeñas unidades industriales que pueden desacoplarse, desaparecer transitoriamente o reacomodarse en momentos críticos evitando la quiebra general de la producción.

La estructura en red y la tercerización u outsourcing contemporáneas son fenómenos muy interesantes y tienen expresiones concretas en la producción actual de información periodística[1]. Dos preguntas estratégicas –que son el fondo la misma pregunta- se le pueden hacerse hoy al periodismo: ¿a quién denuncio cuando hay un error sensible en la información, es decir, quién es el responsable de la producción de información periodística?

En el periodismo moderno, desde el siglo XVI hasta hoy, la producción de relatos, datos e información de actualidad jamás ha sido completamente una labor del editor, del publicista, del periódico: como nos enseña Virilio (1996) los pelotons, antecedentes decimonónicos de las agencias de noticias, eran auténticas bolsas de rumores que se vendían y compraban al mejor postor. Ya en el siglo XVI los periódicos -que se desarrollaban en entornos urbanos muy pequeños (si se los compara con las ciudades actuales)- operaban en medio de poderosas redes de comunicación oral, de expresión gráfica, de organización de espectáculos y ceremonias públicas y de distribución de comunicación manuscrita, en que la autoría no siempre era clara y los límites entre quien produce y quien usa la información eran harto fluidos y difusos. El Relation aller Fürnemmen un gedenckwürdigen Historien (1605-1609) de Johann Coralus, en Estrasburgo, tenía  serias dificultades entonces para evitar que otros impresores plagiaran y reprodujeran su exitoso newsbook, sin pagar los costos de obtener la información de corresponsales destacados en poblaciones cercanas. Las agencias de noticias, esos centros industriales de producción de información periodística y de datos para sus abonados (esto es, otros medios informativos) son el ejemplo más decantado y extremo de la tercerización de la información. Las primeras se constituyeron en el primer tercio del siglo XIX, algunas como iniciativas privadas que –durante la I Guerra Mundial considerarán complejas relaciones de apoyo de los estados nacionales y sus ministerios de propaganda[2]- implicaron arreglos instituciones muy peculiares entre anunciantes, periódicos y agencias[3]. En otras palabras, ni los periódicos ni las agencias de noticias originales operaron con completa independencia de poderes políticos, culturales y económicos harto influyentes.

Si uno observa con cuidado una nota periodística apreciará que, en una proporción muy importante, lo que se dice allí proviene de otros (fuentes) que dicen, refieren y valoran eventos y fenómenos narrados por la publicación. De hecho, los procedimientos de atribución de fuentes, instituyen –de manera legal y técnica- el hecho de que la información que los diarios y medios periodísticos publican no es, siempre, información que los medios producen. Eso diferencia a los periódicos y medios informativos de empresas como McDonald’s o Fiat: mediante la atribución de fuentes nos dicen quién o qué entidad produjo los apartados de información que los lectores, audiencias y televidencias usamos. Es como si en la Cajita Feliz se nos indicara que el queso chedar proviene de Quesitos Miracali, que la carne es procesada por Cárnicos Tolima, que el perejil es cultivado en Hortalizas Doña Paula, que las salsas son de Fruco o La Constancia, y que las especies han sido importadas de Aromaticas Costarricenses. Lo interesante es que los procedimientos de atribución de fuentes le permiten a los medios informativos evitar en parte las demandas por errores de las fuentes y protegerse de rectificaciones obligadas por los jueces, que a lo sumo pueden acusarlos de no haber hecho una correcta verificación y contrastación de lo que tales fuentes afirman. Por contraste, McDonald’s no puede decir que no es responsable de la hamburguesa tóxica que me mata, ni la Fiat puede dispensarse de su responsabilidad legal afirmando que debemos demandar a Taiwan Best Microchips por el microprocesador que falló en la camioneta Idea que se hizo trizas cuando no respondieron los frenos. El desarrollo de legislaciones favorables a la libertad de información y a la contención de la censura, aunado a los códigos de control y verificación de información dentro de los propios medios, ha alentado –para bien- un cierto margen de maniobra que les permite a los medios informativos obrar sin que tengan responsabilidad plena sobre la información que hacen pública. En otras palabras, la producción de información de actualidad reconoce su condición de obra colaborativa, hecha a varias manos. Y aunque las empresas periodísticas están más o menos sujetas a la influencia, presión y control de poderes fácticos de diversa naturaleza,  hay una legislación que las dispensa de algunas responsabilidades en nombre de ciertos márgenes de libertad de expresión, disenso y deliberación pública. La información periodística jamás ha sido enteramente hecha por la empresa que la publica y edita. Sabemos, en general, que la empresa tampoco ha procedido con entera independencia y libertad de acción en lo que respecta a los anunciantes o al mercado de lectores y suscriptores. Y sin embargo, aunque éste es un dato interesante y valioso, no es suficiente para explicar y entender el estatuto contemporáneo de la información periodística.

También las labores científicas y el quehacer de las comunidades académicas, de las obras estéticas y los creadores de arte, de los diseñadores de moda están sujetas a presiones e influencias externas. Y sin embargo, aunque hay zonas de la producción artística, científica, de moda, más o menos susceptibles a la influencia, control, regulación de poderes externos al campo de producción específico, existen otros ámbitos en los que la empresa aparece más o menos blindada respecto a tales influencias: se trata de esas zonas  de la producción en que se hace moda por la moda, arte por el arte, ciencia por la ciencia (ciencia pura), y periodismo por el periodismo. Estas áreas de producción más o menos autónomas suelen gozar  de particular prestigio simbólico entre los que hacen arte, diseñan moda o hacen periodismo. Suelen ser espacios de consagración. Implican premios y reconocimientos de pares sin mayores concesiones al mercado económico, a las presiones políticas o a las influencias de agentes culturales externos al campo. En la práctica periodística se espera que esas zonas de creación relativamente autónomas estén blindadas y preservadas no sólo de la influencia de poderes externos, sino también de los procesos de tercerización de la información.

Pero, como espero mostrar, la tercerización de la producción de información y la influencia de poderes externos a la empresa periodística, bien pueden minar esas zonas de producción autónoma en periódicos y en medios bien establecidos y robustos[4]. La tercerización de información puede estar conduciendo a un fenómeno más complejo, de hondo calado y alcance: la presencia de terceros con notable poder y capacidad de producción de información que los medios informativos publican sin controles ni verificaciones demasiado finos y rigurosos. De este fenómeno hemos hecho alguna indicación antes cuando aludimos a la noción de información formateada y pre-hecha. En esta ocasión haremos una observación más detenida del fenómeno.

La Unidad Investigativa del periódico El Tiempo, fundada en 1972 por los periodistas Daniel Samper Pizano, Gerardo Reyes y Alberto Donadío, constituyó una iniciativa de relevancia e importancia probada para el desarrollo del periodismo contemporáneo en Colombia. Tal como el PIE, de El Espectador, la Unidad Investigativa de El Tiempo protagonizó varios des-cubrimientos y relevaciones informativas que sencillamente habrían pasado desapercibidas y no se hubieran hecho públicas de no haber existido este equipo de periodistas relativamente autónomo respecto a las rutinas, presiones y procedimientos normalizados de trabajo periodístico en el diario[5].

El Domingo 29 de septiembre de 2013, el periódico El Tiempo publicó una nota titulada “El poder de las Farc sobre 46.000 hectáreas de coca” (Unidad Investigativa, 2013). Por sus características, la Unidad Investigativa es una de esas instancias en que, por decirlo de algún modo, el control sobre la producción de información se extrema y, proporcionalmente, implica menor tercerización e información formateada y pre-hecha que otras zonas del diario. La nota se publica el día domingo, un periodo del ciclo diario en que –igual que en los números conmemorativos de cualquier tipo[6]- algunos periódicos suelen publicar informes especiales, reportajes de mediano aliento, análisis más robustos. Algunos periódicos y noticieros de radio y televisión, incluso, cuentan con un equipo de trabajo especializado y dedicado exclusivamente a preparar las ediciones de fin de semana y, en particular, de domingo.

“El poder de las Farc sobre 46.000 hectáreas de coca” es una nota de media página y considera cuatro cuerpos informativos más o menos diferenciados. El primero es el artículo periodísticos (de tres columnas aproximadamente). El segundo cuerpo lo constituyen tres infografías  -sin autoría atribuida- con los rostros y alias de 8 líderes guerrilleros con los números de los frentes subversivos que controlan, un mapa del país en que se indica la zona que controlan, el número de hectáreas sembradas de coca y un mapamundi en que se identifican las rutas de distribución de la droga hacia el mundo y en el que se aprecian doce (12) países receptores: Venezuela, Brasil, Ecuador, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala, México, Estados Unidos, España, Bélgica y China. Estas infografías incluyen seis recuadros con cifras y datos específicos que complementan la información ilustrada: número de cabecillas guerrilleros con indicments en Estados Unidos, costo cobrado por las Farc al Cartel de Sinaloa (México) por cada kilo embarcado desde el Chocó, alias de los socios mexicanos y grupos ilegales colombianos vinculados con las Farc para el tráfico de drogas, cantidad de hectáreas sembradas de coca en las zonas controladas por el grupo guerrillero, cifra de ingresos anuales de las Farc por tráfico de drogas, y cantidad de cocaína producida por hectárea cultivada. El tercer cuerpo del informe periodístico corresponde a una ventana titulada “El regreso de John 40”. Y el cuarto cuerpo es un recuadro con un antetítulo “Análisis”, y un título: ‘Se requiere cese al fuego’.

Al examinar los doce párrafos del cuerpo principal del documento (informe periodístico) se puede apreciar lo siguiente: casi la totalidad del informe periodístico se limita a reproducir los resultados de una investigación o estudio realizado por la Policía Nacional. Tres (3) párrafos parafrasean el informe, un (1) párrafo cita de manera directa declaraciones de “una oficial que participó en el estudio”. Dos (2) párrafos reproducen más o menos textualmente apartados del estudio de la Policía. Un (1) párrafo ofrece cifras del Ministerio de Defensa y las declaraciones de un experto, Diego Corrales, indicando que de 350 toneladas de cocaína producidas en Colombia, 250 son de las Farc. Un (1) párrafo atribuye la fuente documental del informe periodístico (el estudio de la Policía). En un (1) párrafo se formula una pregunta/análisis. Y en dos (2) párrafos se exponen argumentos y análisis de lo que llaman expertos (Diego Corrales y Ricardo Vargas) indicando que los frentes de la guerrilla más comprometidos con el narcotráfico probablemente “se rehusarán a salir del negocio”. Y un (1) párrafo, el final, en que la Unidad Investigativa informa que tres guerrilleros -Fabián Ramirez, El Paisa y Romaña- “permeadospor el narcotráfico”, no parecen haber expresado adhesión a las negociaciones en La Habana; y que “otras voces más optimistas” han indicado que habrá apoyo internacional para superar ese escollo. Es decir, de doce (12) párrafos sólo uno (1) considera alguna responsabilidad directa (un análisis tibio y superficial) a cargo de la Unidad Investigativa de El Tiempo. El grueso del informe proviene tanto del estudio de la Policía como de una de las oficiales de Policía que participó en el desarrollo del estudio. El “análisis” está a cargo de dos expertos que ofrecen dos declaraciones relativamente triviales, y el trabajo de la Unidad Investigativa se limita a reproducir y parafrasear apartados del estudio de la Policía, atribuir el estudio, citar las declaraciones de los expertos y organizar la publicación.

El tercer cuerpo del documento “Análisis” reproduce las declaraciones de Bo Mathiansen, presentando como representante en Colombia de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y El Delito”, y de Carlos Molina presentado simplemente como ‘experto’.

El cuarto cuerpo, la ventana titulada ‘El regreso de John 40’ sintetiza el perfil de Géner García, su historial y algunas de sus características (“amante del licor y de la música norteña”), datos tomados –según se deduce- de información suministrada por las fuerzas armadas y derivada de “labores de inteligencia de la policía”.

En pocas palabras, esta hamburguesa informativa ha sido facturada a partir de documentación pre-hecha o tercerizada debidamente mezclada y articulada por los miembros de la unidad investigativa. Sólo en un (1) párrafo se puede apreciar alguna responsabilidad de la unidad en la generación de información, y se trata de una mención más o menos trivial e intrascendente. El estudio de la policía, las cifras y datos del Ministerio de Defensa, las voces de los expertos, esto es, de terceros, no sólo producen la información, sino estructuran el sentido y alcance general del documento. La labor de la Unidad Investigativa deviene, en términos estrictos, marginal. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y El Delito –a través de su representante en Colombia-, Diego Corrales (“experto en temas de narcotráfico y terrorismo”), el Ministerio de Defensa, la Policía Nacional, Transnational Institute –a través de Ricardo Vargas- y Carlos Molina (“experto”) son los productores reales de esta hamburguesa que El Tiempo se ha limitado a marcar y servir sobre nuestra mesa.  

Sin duda, estas zonas de excelencia de los informativos periodísticos, no pueden operar según los procedimientos de bajo costo de producción de información rutinaria de actualidad. A diferencia de las noticias regulares, en estas zonas de excelencia –como en la cocina gourmet- el control minucioso sobre todo el proceso de producción se debe parecer más a los procedimientos artesanos de la slow food, que a los reticulares procedimientos de la fast food. McDonald’s no es el modelo a seguir.

 

Cali, 23 de septiembre de 2013

 

Julián González

Profesor Escuela de Comunicación Social

Universidad del Valle

 

Notas

[1] Algunas formas de tercerización de información periodística tienen consecuencias dramáticas para la vida personal de muchos periodistas como puede apreciarse en el caso de Francesca Borri (2013) que trabaja periodismo de guerra por cuenta propia y vende sus piezas al mejor postor cargando con todos los riegos y  costos, y sin ningún tipo de seguridad social ni legal. “Los freelancers son periodistas de segunda clase, incluso si sólo hay freelancers aquí en Siria (…); fui la primera reportera extranjera que logró entrar [a Alepo], pero los editores dijeron: ‘¿Cómo puedo justificar que mi corresponsal no pudo entrar y tú sí?’. Recibí este correo de un editor a propósito de esa historia: ‘La compro, pero tendré que publicarla bajo el nombre de mi corresponsal’ (Borri, 2013, pág. 14). El freelancismo (free lancer) es una forma de tercerización del periodismo que puede tener, por supuesto, su rostro un poco menos crudo, como el que nos ofrece Francisco Goldman cuando cuenta en su entrevista con Juan Miguel Álvarez los avatares de su soberbio trabajo El arte del asesinato político. ¿Quién mató al obispo? (2009), una investigación sobre el crimen de monseñor Juan José Gerardi Conedera, en Guatemala. En la entrevista, Goldman relata algunos detalles del tipo de relaciones contractuales que trabó con New Yorker. “La revista aceptó la propuesta pero la puso ‘en espera’: de la calidad en los avances y en el texto final dependía la final dependía la financiación de la investigación y el pago de honorarios. Acepté y de mi bolsillo viajé a Guatemala y comencé el trabajo” (Álvarez, 2013, pág. 19). Y más adelante, Goldman explica los siguiente –cuando Álvarez le pregunta en qué momento su trabajo dejó la categoría ‘en espera’, para la revista New Yorker: “Cuando Buford me dijo que sí, me puso en manos de Shannon Delano, editora de reportajes que en ese tiempo era también la editora de Jon Lee Anderson (…) Shannon vio que la crónica no era un melodrama tropical sino un asunto más changón, que nadie estaba investigando excepto ese grupito de chavos que se hacían llamar Los Intocables (…) Ahí, el New Yorker vio que había una historia poderosa y me dijeron que cubrirían todos mis gastos” (Álvarez, 2013, pág. 22).

Pero hay otra forma de tercerización de vieja data: cuando la empresa de medios obtiene información abonándose a una agencia de noticias. También hay modos de tercerización un poco más difusos, como cuando la empresa periodística trabaja casi exclusivamente a partir de documentación e informes hechos por terceros, limitándose a reproducirlos. Eso suele ocurrir cuando se publican noticias a partir de los boletines de noticias de universidades y revistas científicas, o se divulgan –sin mayor confrontación y contrastación- los informes de instituciones gubernamentales o multilaterales. Con frecuencia es información barata o gratuita que, ni cortos ni perezosos, algunos medios publican  sin más.  

 [2] Tal como desde mediados del siglo XVI, algunas publicaciones periódicas estables pudieron operar en Europa gracias al respaldo de gobiernos locales y la nobleza regional, las primeras agencias de noticias –Havas (1835), Wolff (1849) y Reuter (1851)- implicaron relaciones de mutuo beneficio con los estados nacionales y poderes públicos franceses, alemanes e ingleses.

[3] Ver al respecto, entre otras, Sánchez Aranda (2004).

[4] Es importante insistir en este aspecto: el periodismo como práctica social ha generado, internamente, zonas en que se revela como campo de producción más autonomizado, esto es, menos dependiente de los poderes económicos, políticos, estéticos y sociales dominantes. Estas zonas de experimentación, del periodismo por el periodismo, de alto prestigio simbólico, son precisamente aquellas en las que –por decirlo de algún modo- la tercerización es puesta a raya o, en otros términos, aquellas en las que la empresa periodística se ofrece y aparece más depurada y blindada de cualquier tipo de intromisión e influencia indebida. Son zonas en que la empresa es casi completamente responsable de la obra. Un ejemplo de zonas de experimentación y amplia autonomía periodística son los informes especiales, las piezas periodísticas que procuran las unidades de investigación, las piezas que el medio considera dignas de participar en concursos de reconocido prestigio entre la comunidad de periodistas, o aquellos proyectos que pueden aspirar a financiación especial por instancias relativamente desinteresadas de financiamiento como sucede con, por ejemplo, aquellos premios y proyectos promovidos por organismos multilaterales como la Unesco o entidades medioambientales interesadas en periodismos sensibles a problemáticas ecológicas, o aquellas instituciones nacionales o multilaterales que estimulan iniciativas periodísticas contra la discriminación racial, de género, sexual o contra la violencia y el abuso infantil, el tráfico y trata de personas. En todos estos casos estamos ante iniciativas e instancias periodísticas relativamente autónomas respecto a las presiones del mercado de anunciantes, los departamentos de mercadeo en los medios y las presiones políticas de los gobiernos o empresas.

[5] Hay registros digitales de estas investigaciones desde 1990 en el sitio web de El Tiempo (www.eltiempo.com)

[6] En las fechas conmemorativas tanto del tiempo y la vida social de un país, región, ciudad, como del propio medio, suelen ofrecerse piezas periodísticas más cronorresistentes y menos dependientes de la lógica de la actualidad informativa diaria: aniversarios, sesquicentenarios, centenarios, diez, veinte o treinta aniversario del medio, o durante fechas conmemorativas de eventos críticos en la vida de una nación o una ciudad, los medios suelen ofrecer informes especiales y obras informativas más decantadas y macizas.

 

Referencias

Álvarez, J. M. (Septiembre de 2013). El arte del asesinato político: una entrevista con Francisco Goldman. El Malpensante(145), 17-29.

Borri, F. (Agosto de 2013). El trabajo de una mujer. El Malpensante(144), 12-15.

Unidad Investigativa. (29 de Septiembre de 2013). El poder de las Farc sobre 46.000 hectáreas de coca. El Tiempo, pág. 12.

Virilio, P. (1996). El arte del motor. Aceleración y realidad virtual. Buenos Aires: Editorial Manantial.