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"A medio camino entre el performance artístico y la movilización política, los flash mobs o multitudes rápidas, comenzaron a desarrollarse a comienzos de 2000, y su fuerza comunicativa ha derivado en una profusión de muestras y videos registrados en You Tube, entre otros sitios web"

 

Como se sabe los flash mobs son acciones públicas coordinadas a través de diversas redes y medios digitales; como destellos, aparecen e irrumpen  de manera repentina trastornando el orden cotidiano en la ciudad[1] para, un instante después, disolverse. A medio camino entre el performance artístico y la movilización política, los flash mobs o multitudes rápidas, comenzaron a desarrollarse a comienzos de 2000, y su fuerza comunicativa ha derivado en una profusión de muestras y videos registrados en You Tube, entre otros sitios web (ver más adelante cifras). El primer flash mob, de acuerdo con la literatura existente, fue coordinado por Bill Wasik (Figura 1), editor en ese entonces de Harper Magazin: en 2003, en el departamento de alfombras del Almacén Macy, cientos de personas se pusieron de acuerdo para ir a comprar allí la llamada “alfombra del amor”, desconcertando a los vendedores y dependientes que se veían a gatas para atender la demanda por un bien preciado y de moda del cual no se habían enterado. 

 

Figura 1: Bill Wasik, coordinador del primer flash mob, en Manhattan el 3 de junio de 2003

 

Hay cuatro aspectos claves en los flash mobs: a) el énfasis en la coordinación de acciones a través de diversos medios –entre otros, las redes digitales, los teléfonos móviles y el voz a voz-, b) la generación de una acción pública o realizada en un escenario público, c) la naturaleza expresiva y estética del flash mob debe implicar una cierta ruptura o perturbación con respecto al normalizado devenir cotidiano[1], y d) la rápida disolución de la acción, tras la cual los mobbers se funden con el resto de las personas del entorno y desaparecen (Figura 2). Coordinación de una multitud de personas, acción pública, ruptura expresiva y juguetona (en ocasiones, apelando al absurdo incluso) con el orden cotidiano, y brevedad, son los cuatro rasgos fundamentales del flash mob. El diccionario de referencia lo define como “un grupo de personas movilizada por un medio social para encontrarse en un espacio público con el propósito de realizar una actividad entretenida o inusual, de corta duración” (Dictionary.com LLC, 2014). Con frecuencia se indica que los flash mobs son una forma de auto-organización, una guerrilla situacionista, una poética de instante, un juego de situación.

 

Figura 2

 

Quisiera sugerir un conjunto de anotaciones antes de reemprender el camino que nos ha llevado hasta aquí: Nivea Stress Test.

Quisiera sugerir, un quinto rasgo clave en los flash mobs: su naturaleza eminentemente urbana. No sólo son actos en los que participa una multitud coordinada, sino que –además- son actos hechos para la multitud urbana, para personas que deambulan o están juntas en algún espacio de acceso público de la ciudad, ya se trate de un centro comercial, una plaza, un parque, el metro, una estación de buses o trenes. En fin, se hace el flash mob para una aglomeración de gentes. No parece realizarse este tipo de multitud rápida en un ambiente solitario y aislado. Sin el requisito urbano de la multitud urbana, de la muchedumbre, no hay flash mob (Figura 3). La ciudad es el medio del flash mob, y lo que la ciudad le hace a los cuerpos y experiencias de las personas es clave para entender la eficacia comunicativa de los flash mobs. Ya Walter Benjamin (1933/1991; 1936/1991) permite comprender cómo el exceso, no la ausencia de vivencias, despoja a la persona, continuamente choqueada, de la capacidad para transformar ese acumulado de vivencias en relato, en narración, en sentido, en experiencia. Sennett (1994/1997) nos recuerda cómo la ciudad transforma significativamente nuestra experiencia corporal al forjar un tipo de cuerpo no orientado por el esfuerzo físico y al favorecer un cuerpo más bien pasivo dispuesto a evitar todo rozamiento y resistencia. Excesiva, la ciudad engendra hasta cierto punto el espectador del flash mob, continuamente predispuesto a dejarse arrastrar por un evento fuerte que pueda sacarlo por un instante del exceso de vivencias que embotan sus sentidos[1]. Para salir del shock, un shock mayor.

 

Figura 3: La obra de Juan Genovés, esta mirada desde arriba a multitudes que se aglutinan, circulan, se dispersan, se mueven alrededor de, recuerdan, en cierto sentido, la forma de flash mob, ser multitud en trance de disolución.

 

Un sexto rasgo: el flash mob se hace para una multitud, por decirlo de algún modo, desagregada. Las personas que asisten y observan el flash mob son, de algún modo, paseantes relativamente desprevenidos, viajeros de camino al trabajo o a sus casas, compradores en ciernes. Mirones. No se hace un flash mob para una multitud orientada vigorosamente por un propósito o tarea común: ver un partido de fútbol, en medio de una manifestación política o atendiendo labores fabriles o agrícolas. Por ejemplo, es probable que el flash mob no funcione muy bien en medio de un carnaval, cuando –por así decirlo- todo es flash mob, y por lo tanto el gesto sorpresa no entraña diferencia estética y expresiva sustancial respecto a la totalidad. Tampoco uno se imagina un flash mob en medio de un combate o durante el proceso de evacuación de una zona de la ciudad. Esto es, este acto expresivo, situado, colectivo y sorpresivo no cuajaría bien cuando el conjunto social mismo está inmerso en una situación imprevista y accidentada de grandes dimensiones. En ese sentido, nótese que la naturaleza expresiva del flash mob se asemeja mucho a la del accidente urbano (Figura 4).

 

Figura 4: A la izquierda, escena del 24 de julio de 2010, en Duisburg, Alemania, en el Love Parede, cuando murieron 21 personas por sofocación y 510 fueron heridas. A la derecha, un flash mob (Metro Bilbao, 2010) en el metro de Bilbao, 19 de junio de 2010. Las personas van aglomerándose alrededor de personas que permanecen inmóviles, como congeladas. En ambos casos, un evento inesperado aglutina a las personas. Un accidente en el primer caso. Una digresión al orden cotidiano, debidamente planeada, en el segundo caso.