Noticias sobre las noticias 1

Mirar la prensa y al periodismo, y comentarlos

 

"Así como en las películas de ficción hay humanoides, en el periodismo pululan los hechoides (factoides), hechos que no lo son."

 

Tomada de: http://www.eltiempo.com/mundo/europa/autogol-de-merkel-en-plena-campaa_13013211-4

 

Esta pequeña nota periodística revela varios aspectos poco conocidos sobre los procedimientos de control y las relaciones entre medios de comunicación y políticos en medio de una confrontación electoral. Por un lado, los medios de comunicación están claramente interesados en cubrir y reportar información ofrecida por una figura pública y política de la talla de Ángela Merkel (Canciller de Alemania, y –según los entendidos- la figura política de mayor poder, en estos momentos, en Europa). El equipo de campaña de Merkel ve, en esta necesidad de los medios, una brecha que puede aprovecharse: les promete a los medios de comunicación situados por fuera de Alemania, una entrevista exclusiva con la candidata. Los estrategas del mercadeo político están interesados en capturar votos de alemanes en el extranjero, por ello la entrevista es importante. Hasta allí no parece haber problema alguno. La noticia que relata Patricia Salazar Figueroa destaca un hecho central: los medios se tragan el anzuelo, pero lo que terminan ofreciéndoles los del equipo de mercadeo político de la Merkel no es una entrevista en vivo y en directo, sino una entrevista escrita, pre-fabricada, con preguntas y respuestas definidas por la oficina de comunicaciones de la Merkel, sin posibilidades de contrapreguntar y, por supuesto, celebratoria sin más de la gestión de la canciller alemana.

Hay dos aspectos interesantes en esta situación, más allá de la noticia publicada por Patricia Salazar:

El primero, ¿hasta qué punto en la prensa y en los medios informativos, circula, se publica y se divulga información formateada de manera regular? Es decir, aunque la situación es inaceptable, es interesante notar que si el equipo de comunicaciones de la Merkel le pareció factible esta movida se debe a que comprenden, de manera bastante clara, cómo funcionan importantes porciones de los medios. Publican información formateada que resulta más barata que procurar información producida por la empresa periodística. Cables de noticias, informes de organizaciones estatales, ruedas de prensa, declaraciones de funcionarios hacen parte de un importante volumen de la información que los medios hacen pública, pues resulta más barata que hacerla. El caso Merkel es revelador de este aspecto.

El segundo, ¿cuántos medios publicaron la entrevista Merkel fuera de Alemania? Hubiera sido interesante que la nota no solo indicara el hecho, sino que también presentara la entrevista. Es probable que –a pesar de la observación de Patricia Salazar- no hubiera notado diferencias importantes entre las entrevistas concedidas por la Merkel y las pre-hechas. ¿Por qué? Porque los funcionarios públicos suelen ofrecer, incluso aunque lo hagan de viva voz, información más o menos formateada y perfilada. No hace falta sino leer las declaraciones de, por ejemplo, un ministro de defensa cuando hay un acto de guerra que implica la muerte de varios militares o civiles; o cuando un gobernador ofrece una declaración relacionada con una crisis financiera en sus arcas; o de un empresario (v.g., el staff de Interbolsa) cuando se los confrontó, al comienzo, sobre los rumores de quiebra y crisis en la compañía.

Hay un neologismo inventado hace 24 años por Ugo Volli (1990) para designar ese tipo de información: factoides. Así como en las películas de ficción hay humanoides, en el periodismo pululan los hechoides (factoides), hechos que no lo son. La presencia de información formateada y prefabricada por supuesto no es nueva y puede rastrearse en los inicios del periodismo moderno desde comienzos del siglo XVII: lo realmente novedoso es la escala de su expansión y lo sistemático de los procedimientos de factura y gestión de la misma. Los consultores de imagen y de medios en las empresas o en los gobiernos, los consejos de crisis dentro de las corporaciones, los manager de artistas y figuras públicas, los diseñadores de marketing político, las jefaturas de prensa (con frecuencia, ejercidas por periodistas que ayer confrontaban a las figuras públicas y hoy se convierten en sus empleados) hablan del desarrollo de una sofisticada red de estructuras paraperiodísticas, periodismo paralelo para lelos, destinadas a quienes tragan entero. Es posible que menos que los toscos mecanismos de censura o las tentativas de control de información mediante el chantaje de las empresas o los gobiernos cuando amenazan con reducir la inversión publicitaria en tal o cual medio, sean menos insidiosos respecto a la marcha del periodismo que estas formas eficientes de información paralela, porque se trata de noticias baratas, de bajo costo e interesantes que –en principio- no amenazan la independencia del medio. Es sorprendente el número de noticias referidas a ciencia y técnica en la prensa, suministrada por instituciones cuyo prestigio y reconocimiento en la comunidad científica está lejos de ser claro: algunos de esos “centros de investigación” han decidido difundir en la prensa sus “hallazgos” sin pasar por los circuitos regulares de control de sus propios pares académicos y científicos, con lo cual dan un golpe de mano que les garantiza, en algunos casos, poder negociar y forzar presupuestos públicos locales, negociar fondos o desvirtuar a aquellos que pueden criticar, con argumentos bien fundados, la calidad de tales investigaciones. Y así como estos científicos proceden muchos políticos, deportistas, figuras del star system, corporaciones empresariales o marchantes de arte, usando –con mayor o menor tino o inteligencia- la información formateada, factoide, para obtener réditos simbólicos, económicos y electorales de manera oportunista. Para una prensa y unas empresas periodísticas que requieren, continuamente, ajustar gastos, la información formateada y gratuita es una tentación difícil de resistir.

 

Cali, 5 de agosto de 2013

 

Julián González
 
Profesor Escuela de Comunicación Social
 
Universidad del Valle