Por: Sandra Chávez Jordán

 

Cada año a finales de febrero en la población de Quinamayó, en el Valle del Cauca,  se celebra la navidad. Esta localidad ubicada a 25 minutos del municipio de Jamundí conserva una tradición centenaria que data desde las épocas de la esclavitud.  

Durante el mes de diciembre los esclavos eran obligados a trabajar duramente en las celebraciones navideñas en las casas de sus señores y sólo hasta casi dos meses después de las fiestas oficiales se les daban unos días para hacer su propia celebración. 

Por eso el niño dios en Quinamayó llega en febrero y ni es rubio ni tiene la piel blanca. Es negro como sus habitantes y su nacimiento es la apertura de la fiesta de un pueblo que hizo resistencia al preservar y apropiar en su propia cultura la tradición cristiana del nacimiento del mesías.  

Baile, música, cánticos, juegos pirotécnicos y todo un pueblo de etnia negra volcado en una sola fiesta.  Las matronas son las encargadas de organizar y guardar al “niño” llevándolo por las calles hasta el pesebre mientras cantan y bailan la “juga”, un baile que representa la libertad.